Desde la inserción de las redes sociales en nuestro diario personal, estas se han convertido en la mayor mordaza del siglo XXI, en la proliferación del pensamiento único y en el despotricar por vicio camuflado por RTs. Hoy la víctima de las redes ha sido Bebe. Tras una entrevista en Woman, repleta de polémica para muchos, la artista ha confesado: «no soy feminista. Nunca lo he sido y nunca lo seré». Como era de esperar, las rrss se han repleto de críticas por su “desafortunada intervención”.

Pero, ¿convierte su respuesta en un posicionamiento a favor de la desigualdad o un comulgar del machismo? ¿Por qué castigar y etiquetar la libre expresión y opinión? Como ya ocurriera con Russian Red tras declarar públicamente durante la promoción de Fuerteventura su preferencia por la derecha política, las redes han castigado su opinión sin conocer previamente su defensa y bandera.

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Bebe, sin declararse feminista ni con intención de serlo, ha ayudado más al feminismo que el neofeminismo populista, moderno y bienquedista que reina en las redes sociales en la actualidad. Sin miedo, ni pelos en la lengua, vuelve a estar en el ojo del huracán por expresar su opinión con fuerza, carácter y personalidad. Un carácter que parece chocar cuando en este caso viene de una mujer.

Por esa luchadora personalidad ha visto durante años cómo la crítica nacional le daba la espalda, aun sacando uno de sus mejores trabajos como fue con Un pokito de rocanrol. Un disco que, a su vez, es uno de los grandes trabajos en la lucha del empoderamiento de la mujer y de su presentación en la sociedad como seres fuertes y alejados de la debilidad que parece etiquetarles desde tiempos ancestrales. Perlas como “Ponte guapa pa ti”, la cual repite durante todo el disco, o la garra con la que se presenta en “Der pelo”, son meras pruebas del verdadero mensaje de Bebe.

Anteriormente, evidenció su lucha por la igualdad en canciones como «La bicha» donde cantaba: “A ver tontones, que cuando quiero llevo pantalones. Pero mas me gusta la faldita, pa que me metas la manita por debajo y me arranques to lo arrancable”.

Sobraría también recordar su lucha contra el maltrato machista en temas como “Malo”, “Ella” o «Que nadie me levante la voz», quiénes durante años han sido, y siguen siendo, la banda sonora de historias repletas de miedo y conservadurismo.

El discurso de Bebe no es un rechazo a la igualdad, sino al neofeminismo conformista, bienquedista y repetitivo que triunfa en las grandes esferas de la izquierda más rancia, conservadora y con menos interés por la autocrítica. El historial artístico de Bebe, como ha demostrado, ha logrado dar más lecciones de feminismo y empoderamiento de la mujer que cualquier personalidad unida a esta defensa en los últimos años. Bebe es igualdad, garra y destrucción de las etiquetas femeninas. Y pura y originalmente ¿qué hay más feminista que eso?

Los hechos demuestran los valores, los dichos no.

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