Ha llegado septiembre, y con él, como ya es sabido, la temporada de festivales comienza a llegar a su fin, dando inicio a la, aunque no tan populista, igualmente esperada temporada de salas y conciertos en formato más reducido. El pasado jueves día 3 fue el Summer Break, y tuvimos una de estas citas en la Terraza Atenas de la capital con Sidonie como plato principal, o único plato de interés al menos para nosotros, acompañados en el cartel por un supuesto DJ Bocanegra a las 20h del que no tuvimos noticia (o se canceló la actuación o pasó completamente desapercibido), y de Cristian Varela (22h) y Ed is Dead (23.30h).

Sobra decir en quién nos vamos a centrar, ¿no? Fue entorno a las 20h cuando llegamos al lugar, evento completamente gratuito y aforo limitado que no supuso ningún inconveniente, pues fue mucha la gente que optó por escuchar el concierto desde el césped que rodeaba la terraza, litrona en mano, en vez de sumergirse de lleno en la multitud y verse atracados por unos precios desmesurados (si, me tendré que acostumbrar, acabo de llegar a la capital). Stands promocionando la nueva cerveza de San Miguel, San Miguel Fresca, adornando el lugar; todo muy vintage, como lo que se lleva ahora.

El concierto de Sidonie se supone que empezaba a las 21h, y que una hora antes tendría lugar la pinchada del DJ Bocanegra que, como ya he dicho, creo que nadie vio. Tiempo durante el cual los miembros de Sidonie se iban turnando para subir al escenario a probar sonido. Cada vez más gente y menos espacio vital. Gente que había ido a parar por ahí por hacer algo diferente y que preguntaban a los de su alrededor quienes iban a actuar esa noche. Padres, niños, parejas, jóvenes y no tan jóvenes, modernos y tipos trajeados que habían ido nada más salir de trabajar. Hubo que esperar tanto hasta que el asunto comenzase que fue tiempo suficiente para analizar al público que allí se reunía.

Se detuvo la música poco antes de las 21.30h, y parecía que aquello por fin iba a dar comienzo. Juan Ibáñez aka Trancas (una de las hormigas de El Hormiguero) salió a escena bromeando con que Axel, batería de Sidonie, se encontraba indispuesto y que sintiéndolo mucho no podrían actuar esa noche, pero que él se encargaría de dar el concierto acompañado de una «flauta de nariz» con la que, sí, amigos, comenzó a interpretar Costa Azul y Un Día de Mierda. Risas, se relaja el ambiente y por fin saltan al escenario el trío catalán acompañado de Edu Martinez Arnedo, quien les acompaña a las teclas en sus directos.

Comenzaron fuerte con una versión de Panic de The Smiths, y recorrieron temas de sus últimos discos, así como Sierra y Canadá, Está en Mi Garganta, el esperado Un Día de Mierda durante el cual Marc, como ya es costumbre, bajó hasta el público y pidió a los allí presentes que le acompañaran con silbidos, pero no respondieron como se suponía y silbaron sin ton ni son, como quien silba a un árbitro de futbol cuando pitan falta a tu equipo, llegando a ser calificado de «desastre absoluto» por el propio músico. Un Día Más en la Vida fue de las más coreadas, ya sabéis, eso de «Lunes, Martes, Miércoles, Jueves, Viernes, Sábado y Domingo» se capta rápido y te puedes unir rápido sin haberles escuchado demasiado. Siguieron con Costa Azul, tema en el que se unió el antes mencionado Juan Ibáñez con su «flauta de nariz» para acompañarles. Nuestro Baile del Viernes, Por Tí y El Incendio, uno de sus mejores y más populares temas, antes de las presentaciones. Concluyendo con Estáis Aquí, así, sin bises ni anestesia.

Fue un concierto breve, sabíamos que iba a ser breve de antemano, pues en la programación sólo se preveía una hora de actuación. Fue relativamente íntimo comparado a los conciertos multitudinarios a los que hoy día nos tienen acostumbrados Sidonie. Omitieron El Bosque, lo cuál agradezco inmensamente, y eché de menos, al igual que las últimas veces que les he visto Giraluna. Al día siguiente actuaban en el Ebrovisión, a nosotros nos dejaron con Cristian Varela, bueno, a «nosotros», a los que se quedaron más bien. Cuando la noche acaba bien no hay que forzar.

Fotografías: Andrea Silván de la Cueva







