ContraClub abría las puertas como todos los fines de semana pero esta vez con Carlos Siles encima de las tablas. El granadino, rodeado de amigos, se presentaba de nuevo en su segunda casa para interpretar con banda canciones de sus dos álbumes y enseñarnos alguna novedad.

Pasadas las diez y media saltaba al escenario toda la banda interpretando En esta horrible ciudad y sin respiro alguno la enlazaban con Cuantas veces habré intentado que juegues conmigo. Carlos, tras dos primeras canciones con eléctrica, cambiaba a guitarra acústica para cantar Lo he vuelto a hacer mal y presentarnos el único tema nuevo de la noche: Terrible destino.

Abandonaban el escenario Emilio Sanjuán a la batería y Luis González al Contrabajo. Javi Delgado, encargado de los teclados y los coros, y Carlos compartían la amplitud del escenario interpretando Oh cielo. Aparecía el resto de la banda y la primera colaboración de la noche con Itziar Baiza, amparando a Carlos en No sin pelear. Tarde pero sin pasar desapercibido, se incorporó Alejandro Domínguez con su violín. Cenicienta, Ya lo sabía y Parque, junto con Melina Bursuk, fueron las siguientes en ir sonando.

Faltaban pocas y El reencuentro se hizo hueco entre las cuatro últimas con un final lleno de aplausos. Tras un par de minutos jugando las cuerdas, Baila nena irrumpió consolidándose como una de las fieles de su setlist. El cantautor retomaba la eléctrica para interpretar a voz y guitarra Convertirnos en segundos, en la que en el ecuador de la canción se unía toda la banda para conseguir un final mágico.

Quedaba la última y con el regreso de la acústica todos pedían Si tú te vas me voy contigo, y así fue. Carlos consiguió una versión algo más alegre que la original, que a su vez se ganó ser la más coreada y aplaudida de toda la velada. Como si dominaran el tiempo, a las doce en punto finalizaron los últimos acordes de la noche.

El granadino demostró su faceta de periodista logrando gran comunicación entre pista y escenario pero erró con un sonido en ocasiones sobrecargado por un violín que quizás no fuese acertado para determinados momentos. No hubo muchas personas, pero si las suficientes para llenar una sala de pequeñas dimensiones y conseguir un ambiente de lo más cercano y familiar.
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Fotografías: Manuel Colome Pérez








