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La semana pasada tuvo lugar un acontecimiento agridulce. Hacía un mes que las entradas se habían agotado y en la sala Joy Eslava no cabía ni un alfiler. Los palcos a rebosar de un público que, a vista de pájaro, contemplaba cómo centenares de cabezas pugnaban por respirar ante un escenario que no iba a tardar en vibrar. La concurrencia tuvo el privilegio de escuchar un grupo que daría su último concierto haciendo alarde de la puntualidad más suiza. A las nueve en punto Marcos Casal se agarró al micro para no soltarlo durante toda la noche. No fue una despedida a la francesa la de La sonrisa de Julia, en absoluto. Fue más bien un “hasta la vista” cantado a pleno pulmón. Un grito que incluso llegó a penetrar en los oídos de aquellos fans que no consiguieron hacerse un hueco entre la multitud. Tal vez se quedaron en casa tarareando letras con aire melancólico, echando de menos a una banda cuya ausencia es ya palpable. A pesar de que el eco de su adiós siga retumbando entre las paredes de la Joy Eslava.

La Sonrisa de Julia Despedida
La Sonrisa de Julia – Fotografía: Esther Dibae

El líder del grupo santanderino empezó el espectáculo embutido en un chaleco del que no tardaría en despojarse. Sudando a mares, Marcos salpicó todos los temas que tocó la banda con una pizca de nostalgia. La necesaria para que flotase en el ambiente cierta atmósfera de añoranza por lo que han dado estos artistas durante más de una década. Y no es que no vayan a volver sobre los escenarios. Nada de eso. No desean desprenderse de un sentimiento tan arraigado aquellos que llevan la música tan adentro. Así lo confesó el cantante después de haber conducido al público hacia una catarsis auditiva de alto voltaje. Tenían al auditorio a sus pies, extasiado por culpa de lo acordes de El viaje, El error más bello y Grito. Parecía imposible que la travesía emprendida hace tantos años pudiera perderse en el horizonte. Para siempre. De ahí que Marcos quisiera tranquilizar al respetable con palabras que cayeron como un bálsamo: “sentís que os estamos abandonando, pero no vamos a dejar de tocar. Tenemos muchos proyectos juntos y por separado. La música nos seguirá uniendo. Nos quedamos con los actos heroicos en distintas ciudades a lo largo de los años. Gracias por estar ahí.”

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La Sonrisa de Julia Despedida
La Sonrisa de Julia – Fotografía: Esther Dibae

Los agradecimientos fueron el leitmotiv que se repitió durante toda la velada. El mantra en el que reincidían una y otra vez los componentes de La sonrisa de Julia para tratar de reconocer el esfuerzo realizado por sus fieles. Vociferó al unísono el público cuando sonaron las primeras notas de Euforia, haciendo honor a su título. Aquella noche cobraba sentido más que nunca el significado de las canciones. Como si hubiesen hibernado durante largo tiempo para despertar en el momento preciso. Se estableció una conexión insólita entre lo que simbolizaba cada tema y lo que entendía la concurrencia. Cuando hay despedidas de por medio, todo adquiere un cariz más emotivo. “Hay canciones que parecen estar escritas para esta noche”. Así lo explicó Marcos justo antes de arrancarse a cantar Náufrago, tal y como se quedan los seguidores del grupo después de un viaje que ha durado casi quince años.

La Sonrisa de Julia Despedida
Marcos Casal, de La Sonrisa de Julia – Fotografía: Esther Dibae

El grupo no quiso ignorar ninguno de sus álbumes durante sus dos horas de show. Pero las primeras notas de piano de Puedo fueron el preludio del fin. El último tema que tocó el conjunto mientras el público trataba de sorber cada compás como si no hubiera mañana. Relamiéndose.

Se despidió el grupo entre sonrisas. Para hacer también honor a su nombre.

La Sonrisa de Julia Despedida
La Sonrisa de Julia – Fotografía: Esther Dibae

 

Nota: Sentimos la calidad de las fotografías.
Tuvimos problemas con la cámara y tuvimos 
que tirar de las que realizamos con el teléfono.

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