Un escenario decorado con una elegante cortina roja, la firma de Sabina estampada y 3 pantallas gigantes de fondo nos recibieron en el Palau Sant Jordi. Alrededor de las 21:30 horas, cuando la gente aún estaba tomando asiento, se oía una voz de fondo que pronunciaba un pequeño discurso -crítico y actual- que servía para dar la bienvenida. Era el maestro, Joaquín Sabina, el cual unos minutos más tardes salía al escenario, junto a sus músicos de confianza, para presentar su espectáculo 500 noches para una crisis.

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Con su impoluto traje verde chillón y su inseparable bombín, el jienense iluminó y llenó de energía el estrado, con su «Ahora que» canción con la que empezó el espectáculo. Esto no había hecho más que empezar, ya que desde aquí fueron dos horas y media de emociones a flor de piel y buena música. Con un directo inmejorable y mucha energía que supo contagiar, Sabina se metió al público en el bolsillo.

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Para continuar, Joaquín se colgó la guitarra y bastaron dos acordes para que todo el mundo reconociera la canción «19 días y 500 noches». Empezaba fuerte, con uno de sus temas más conocidos, en el que hizo varios parones entre estrofa y estrofa para contar que cuando estrenó esta canción en Barcelona hace ya 15 años, no existía WhatsApp, ni los emails, ni Twitter, con lo que sentenció: «Veo que hemos cambiado, a peor». Tras esto siguió la canción con un «Dijo hola y adiós» coreado por todo el público.

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Cambió de guitarra para continuar con «Barbi Superstar». El momentazo de esta canción fue cuando el saxofonista – que iba ataviado con falda escocesa- se acercó a Sabina, y este, en tono de humor, le levantó la falda hasta donde empieza lo privado.

Habituales ya sus discursos entre canción y canción, esta ocasión no iba a ser menos. Hizo repaso de su vida y se acordó de lo que ya dejó atrás, sus amigos tóxicos y la droga, y lo que le hace continuar, su novia y sus dos hijas, Carmela Juliana y Rocío.

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Los temas iban transcurriendo casi sin descanso, «Más de 100 mentiras», que contagió positividad a raudales, «Cerrado por derribo», «Noche de bodas», «Con la frente marchita» fueron algunos de los más destacados.
También hubo tiempo para que los músicos de su banda se lucieran, Antonio García de Diego se atrevió con «Tan joven y tan viejo», Pancho Varona con mucho estilo y chulería (de la buena) hizo lo propio con «Conductores suicidas», Jaime Asúa cantó «El caso de la rubia platino», y Mara Barros nos sorprendió con un vozarrón cantando «Y sin embargo te quiero» enlazado de la forma más espectacular jamás vista, con «Y sin embargo», otro de los temas más míticos del maestro Sabina, cantado ya en los bises.

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Hasta dos veces se fueron para volver, allí nadie estaba por la labor de irse, ni los músicos, ni el público, que a estas alturas del concierto ya ni guardaba su silla. Todo el mundo acabó de pie, bailando y con una sonrisa de oreja a oreja.
«Contigo» puso el tono nostálgico de la noche, y podemos asegurar, que esta canción nos entró por los oídos pero salió por el corazón -encogido después de semejante temazo-.
Al acabar, cambiaron a temas más animados para no dejarnos con la nostalgia bajo el brazo: «Pastillas para no soñar» y «La canción de los buenos borrachos» cantada ya a capela, fueron la guinda de un pastel, que no pudo sabernos más delicioso.

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Dos horas y media de concierto que compensaron el elevado precio de las entradas, no disponibles para cualquier bolsillo. A sus 66 años, Sabina sigue llenando grandes recintos y los corazones de todo el que acude a sus conciertos, así que si tienen la oportunidad de verle, no se lo piensen dos veces.

Fotografías: Adrián Romero Hernández

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