Decenas de festivales inundan la geografía española de cabo a rabo de la costa y a lo largo y ancho de Castilla. Recintos cerrados, al aire libre, salas de conciertos… Diversos son los formatos en los que encontramos estos eventos musicales, pero con la peculiaridad de una preocupante falta de originalidad, creatividad y nuevos escenarios y actores que entren al trapo.

A principio de siglo ya lo avisaba Amélie entre sus incontables perlas: “son tiempos difíciles para los soñadores”. Pero ¿por qué no llevarle la contraria y reinventar el concepto de festival? ¿Por qué no organizar el primero que se celebrase en una casa? Eso pensé cinco meses antes.

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Entre diversas modalidades de fiestas surgió hacer una de temática festivalera. De esto a la ida de organizar este nuevo concepto de festival en pleno centro de Malasaña tan solo hubo unos minutos de descuento. El barrio madrileño, que ha visto crecer todas las vanguardias artísticas de las últimas décadas, hizo de vientre para dar a luz a esta aparente imposibilidad bajo el nombre de AR Fest.

Era hora de currar en un largo trabajo que en apenas meses tenía que desfilar: búsqueda de artistas, equipo de sonido y patrocinadores, diseño de la imagen del festival, prensa… La propuesta es lanzada a través de las redes sociales y fueron varios los grupos que escribieron para formar parte del cartel. Con otros tantos se contactó para redondear un cartel de lo más diverso y completo. Alan Neil, J.Rochester, Kiko Sumillera, Naranja, Psychic Boyz, Verman y periodistas de las revistas Indiescretos e Indiehache dieron voz y música a las confirmaciones definitivas.

Otro de los sellos característicos de cualquier festival son las pulseras y los carteles. Para ello, la diseñadora Ira Carreira se encargó de la imagen del festival y la realización de pulseras fue a parar a la empresa valenciana Publicarte. Faltaba buscar patrocinio y el AR Fest recibió el “si quiero” por parte de Cervezas Ambar.

Uno de los puntos más problemáticos y que más debate genera en estos eventos son los horarios. Para no dar preferencias entre los artistas, todos fueron confirmados en orden alfabético durante un mes y en este mismo orden actuaron en el evento sin existencia de cabezas de cartel. Las preferencias y los protagonismos fueron desterrados para dar paso a una jerarquización igualitaria donde todos disfrutaban del mismo tiempo y libertad.

El “Fest Day” había llegado y la cocina pasó a ser el festi-bar, la cama del dormitorio acogió con gran comodidad los instrumentos de los artistas que reconvirtieron esta habitación en camerinos y los baños sufrieron colas que no estaban acostumbrados a recibir. Mientras, la zona de invitados se acomodaba en el salón disfrutando de las canciones y del arte general.

Alan Neil con bases electrónicas y una clara influencia del postpunk interpretó algunos de sus personales temas junto a versiones ambiguas como “Toxic” de Britney Spears. La chilena J.Rochester alumbró con su guitarra y voz a los 40 invitados con una belleza tenebrosa. “El AR Fest fue un soplo de aire fresco, libre de postureos y música impostada. Hacía mucho que no me encontraba en un ambiente tan genuino y con un buen rollo que se contagiaba y multiplicaba. Me recordó mucho a las fiestas que mi madre me contaba de los 70s, algo que simplemente se hacía por disfrutar y vivir el momento, sin otras pretensiones”, así definió la artista las sensaciones nacidas durante el experimento.

Kiko Sumillera recuperó la canción popular para presentar los temas de su primer disco “Hasta que acaben los campos” y hacer suyos otros de Los Planetas o Lorena Álvarez. Naranja, que este año pisarán grandes festivales como el BBK o el Arenal Sound, cerraron las ventanas y crearon un ambiente de lo más intimista. La banda ganadora del Vodafone Yu Music Talents cortó la luz para a pelo interpretar su primer LP “Extraños Equilibrios”. Verman, el último cantante en participar, regaló un recital de versiones desde Ángel Stanich a Marisol, sin olvidar su pegadizo hit “Sábana blanca”.

Tras todas estas actuaciones, los artistas decidieron regalar, como en las mejores ediciones de Operación Triunfo ocurriera, un tema conjunto que en este caso cayó en manos de “Antes de morirme” de C.Tangana. Los músicos se sentían parte de un experimento que no olvidarían, tal y como afirmó Pablo, voz de Naranja.

“¿Qué hay más real que un festival dentro de una casa? Ya estamos esperando la segunda edición”, afirmaron Psychic Boyz, que cedieron espacio entre su gira festivalera de esta temporada para inaugurar las sesiones de djs. Más tarde, Indiescretos e Indiehache Djs bajaron el telón para poner fin al AR Fest.

Pero ¿y los vecinos? Tras ocho horas de música, algún pogo y muchas cervezas al suelo el festival sobrevivió a las llamadas de atención, las sirenas de los miembros de seguridad y las quejas por parte del edificio. La limpieza del día siguiente forma parte de otra historia menos agradecida. Paredes con cubatas, suelos más pegajosos que las vecinas del pueblo y baños con restos de sustancias que nunca deberían de haber salido de las bocas. Dos horas de trapo y fregona reconvirtieron el hogar en algo que volvía a ser habitable.

¿Pero y qué más da? El balance de organizar el primer festival en una casa y de dar cabida a otra forma de manifestación artística fue descarada y extremamente mágica. Así lo hizo saber Kiko Sumillera quien confesó en sus redes sociales que “encontrar estos espacios de afinidad musical es, en su humilde opinión, lo que justifica hacer canciones”. Para otros muchos invitados este evento fue la mejor fiesta a la que habían acudido, con un diseño, organización, originalidad y sobre todo amor por la música a la altura de pocos eventos. Un experimento difícil de llevar a cabo, pero como diría Mariano Rajoy: organizar un festival en tu propia casa no es cosa menor, dicho de otra forma es cosa mayor.

Fotografías: Pepa Álvarez

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