A pesar de que las nubes amenazaban con hacer de la provincia alicantina algo parecido a lo que estaban haciendo de Burriana, cogimos nuestra cámara, subimos al coche y fuimos dirección a Aspe, en busca del lugar donde se desarrollaría la cuarta edición del Aspesuena. Este año, como los anteriores, las actuaciones volvían a dividirse en dos jornadas.
La primera tuvo lugar el viernes 31 de julio, y fueron los valencianos Tórtel los encargados de «estrenar» el escenario tras una media hora de música a cargo de Los Átomos DJs. Pudimos disfrutar de un setlist de 11 canciones llenas de ritmos frescos y veraniegos como «Los Cantantes» o «Queríamos Más». En definitiva, nosotros también creíamos en Tórtel sin haberlos visto y, después del viernes, lo seguimos haciendo.
Los Átomos DJs amenizaban la espera mientras el escenario se preparaba para Sidonie. Los paneles que mostraban los nombres de los componentes del grupo escritos con luces de neón estaban listos, así que llegó la hora de que los barceloneses subiesen al escenario vestidos con camisas de flores y collares hawaianos, llevando con ellos una sombrilla de playa. La música sonaba mientras Axel y Marc jugaban a las palas, Edu y Marcel se pasaban el uno al otro una pelota hinchable y Jes ofrecía dos cervezas a los hermanos.
La diversión estaba asegurada desde el primer momento y las 20 canciones se nos quedaron cortas. Un setlist completo, que recorría diferentes etapas de su trayectoria. Pudimos escuchar desde «On The Sofa» (2003) hasta «Sierra y Canadá» (2014), pasando por «Nuestro Baile del Viernes» (2007) e incluyendo «Aunque Dylan Se Muera», tema que aun no ha pasado por el estudio de grabación pero que muchos de nosotros ya cantamos después de haberla oído en varios directos anteriores. Además, como ya es costumbre, no faltó la imagen de Marc recorriendo el público a hombros del mismo héroe anónimo de siempre para después subirse a la valla del foso a terminar de cantar «Un Día De Mierda».
Llegó el turno de La Ponderosa DJs a los platos mientras todo se preparaba para que Standstill saliesen a escena. La banda, tras 19 años de actividad y 7 álbumes publicados, anunció hace unos dos meses un parón indefinido cuando finalice la actual gira el próximo octubre en la Sala Apolo (Barcelona). «Hemos venido solo a verlos a ellos, la banda va a separarse y los estamos siguiendo por toda España» nos contaban unos gaditanos que había entre el público.
Los que nunca habíamos visto un directo suyo nos quedamos gratamente sorprendidos. Buena música, buen sonido y buenas sensaciones que hacen que de bastante lástima saber que no vamos a tener muchas más oportunidades de verlos. A pesar de todo, quedarán en el recuerdo de muchos, que es lo que importa al fin y al cabo.
Los primeros en pisar escenario el sábado fueron Siberian Wolves, banda formada fundada en Xátiva (Valencia) en 2013 por dos valientes de 24 y 28 años (Alex Barberá y Borja Put), que grabaron su primer álbum, Siberian Wolves, en Noviembre de 2014.. Un chico manejando los loops y la guitarra y otro a la voz y batería no necesitaron de nadie más para dejarnos a todos con la boca abierta. Sí, una guitarra y una batería. Nada más. Y más que suficiente para que se adivine una futura buena y larga trayectoria que hemos tenido la suerte de ver empezar.
Música y más música hasta que todo estuvo listo para El Columpio Asesino. «Babel» dio inicio a hora muy corta para aquellos a los que nos encanta su música y eterna para quienes no les gusta. Sea como sea, los que los disfrutamos nos dejamos la garganta y la suela de los zapatos bailando. Un cambio a destacar fue el pelo de Cristina. El tema(zo) elegido para cerrar el concierto fue «Vamos», con el que los fans gastaron sus últimas fuerzas cantando a pleno pulmón.
Los encargados de cerrar la segunda jornada y con ello, el festival de este año, fueron los oriolenses Varry Brava. En esta ocasión mejor no tocamos el tema del pelo… A cambio hablaremos de la cantidad de brillos que son capaces de poner sobre el escenario, que no son pocos entre el vestido de lentejuelas doradas de Aaron y la purpurina de la V gigante y del teclado. Por si faltaba algo respecto a la decoración, estaban sus ya habituales cuatro palmeras. Hora y cuarto de plena energía sobre el escenario pensada únicamente para que todos bailásemos sin parar. Nadie se libra. Es más, hubo una pelirroja entre el público que salió lesionada de tanto moverse.
En resmuen, el Aspesuena sigue sin decepcionar a nadie y impresionando por sus cartelazos de los que se puede disfrutar sin gastarse ni un euro en la entrada. ¡El año que viene más!



















