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El festival madrileño, el más grande de la capital, llegaba a la cita con un pleno de ventas asomando de este modo el cartel de sold out. Todo pintaba de maravilla: quinto aniversario, un cartel interesante y 26 mil pares de zapatillas con ganas de brincar sobre el césped de los aledaños de la Universidad Complutense. Todo menos para aquellos que esperábamos hasta el día antes para conocer si nos otorgaban la acreditación de prensa o no.

No hace falta volver a leer esta última línea porque no es ninguna broma. Fue el día antes de la celebración del Dcode cuando decidieron hacernos llegar la NEGACIÓN de nuestras acreditaciones. Medios como Yorokobu, Indiehache, Republica.com o el nuestro propio, por citar algunos ejemplos, nos encontramos con un contundente No por respuesta a menos de veinticuatro horas del evento. La solución pasaba por reorganizar los planes del fin de semana o pagar tu propia entrada, acudir al festival y hacerles publicidad sin ninguna recompensa. Llegamos a replanteárnoslo; total las entradas más baratas estaban en más de 70€, precio por el que te salen dos Sansan Festival, dos Granada Sound, un Sonorama o un Low Festival. ¿Tampoco es tan caro no? Por supuesto que no, es un único día, pero podrás presumir de haber asistido al festival más importante de Madrid y caro del país. ¡Ah! y podrás enseñar tu pulserita (de plástico), pero eso sí, sólo si eres VIP.

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Por estos últimos motivos, me negaba a dejarme semejante cantidad para un único día. No obstante, no puedo disimular que me sudaba envidia por todo el cuerpo. La noche del viernes se dejaron caer varias gotas. “¿Lloverá mañana?”, por un momento así rondaba el pérfido deseo en mi cabeza. Pero no, finalmente no; brilló el sol, los dcoders sacaros sus gafas de sol y lucieron las camisas más festivaleras para la ocasión.

Desde casa, claro está, seguía el festival por las redes sociales. Primero me encontré con unos reajustes de horarios por problemas aéreos con Hinds. Después vendría el golpe duro de la cita: Sam Smith, cabeza de cartel, cancelaba su actuación por problemas de salud a falta de un par de horas para saltar al escenario. Las redes sociales se inundaban de comentarios sin salir muy limpia la propia organización, y convirtieron Sam Smith en TT. Sin embargo, las imágenes que iban colgando los asistentes mostraban un ambiente increíble, todo hay que decirlo.

Pero no hemos venido aquí para hablar de ese libro. Estamos aquí para mostrar la otra cara de la moneda que nunca suele salir. Un descontento más que generalizado por los precios dentro del recinto, por ni siquiera poder salir del mismo, por una aglomeración masiva, y por la parte que a nosotros nos afecta, por el trato indecente del festival a la prensa. Es comprensible la imposibilidad de acreditar a un centenar de medios, de los cuales la mitad son pequeños y padecen insuficiente repercusión. Aun así, son los pequeños los que agrandan el nombre de un festival, los que les publicitan y los que trabajan paralelamente para darle vida. Pero lo que es más indecente, y al fin y al cabo únicamente reprochable, es que un año más se empeñan en acreditar horas antes del evento, sin margen de actuación ni posibilidad de invención.

Algunos aprovecharon las redes sociales y lanzaron comentarios en Twitter como por ejemplo:

 

Después de cinco ediciones y con la repercusión de tal evento, es inexcusable que apartados tan importantes como el cuidado a los medios de comunicación sigan cayendo en papel mojado. Un papel empapado de tinta negra y que oscurece otro año más la imagen del Dcode.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de Indiescretos.