Pecker es uno de esos músicos que mantiene una esencia peter pan, que le particulariza como uno de los puntos más destacados de su musicalidad. Ahora con un nuevo disco en la calle e indudablemente con una de sus evoluciones más sobresalientes, estrena “El incendio perfecto”, repleto de nuevos sonidos cósmicos, pero con las letras tan maduras y directas de siempre. Hablamos con Raúl, quién nos mete entre las llamas de su álbum para explicarnos la conversión de las chispas en incendio.

Nuevas canciones, nuevas ilusiones y nuevos propósitos. ¿Qué pretendes conseguir con este álbum?
“Estoy planeando pasar a la historia” como diría Eudora Fletcher en “Zelig”, la película de Woody Allen. En realidad no pretendo nada, simplemente he escrito 10 canciones por una necesidad vital de expresar pensamientos y sentimientos, pero no voy a negar que lo que me encantaría es que llegara a mucha gente y que se emocionaran con mis versos y melodías. Y que esa inercia me llevara a tocar en un montón de sitios.

Últimamente la palabra incendio está protagonizando muchísimos trabajos musicales. ¿A qué se debe? ¿Estamos ante el próximo “corazón” o “amor”?
No sé cuándo usé esa metáfora por primera vez, pero ya la recuerdo en “Me quemas bastante”, que fue escrita hace 10 años. Obviamente no me la inventé yo, hay infinidad de analogías que vienen de nuestra tradición poética, que nos ayudan a expresar nuestras inquietudes y que nos acercan un poco más a la belleza.

Comentas que has exprimido tus pensamientos de amor y odio. ¿Cuáles son estos últimos? ¿Qué odia Pecker?
Pocas cosas, pero no soy hielo. En general no me llevo bien con la arrogancia, con la intolerancia ni con la desigualdad.

Reflexionas en “Seremos partes del huracán” de manera existencialista. En tu caso, ¿qué eres, qué crees ser y qué quieres ser?
Soy una persona con un principio y un final. Creo que soy un músico respetado. Y quiero llegar a ser una partícula, aunque sea realmente mínima, de lo que significa la felicidad.

¿Es este álbum la mayor rareza de tu discografía?
En absoluto. Si lo percibes así es que igual te has perdido algo de lo que llevo haciendo desde 2004. Creo que es mi mejor disco, el más completo, el más honesto y el que tiene las melodías más adictivas y las letras más universales.

¿Son meros responsables los productores del álbum de la gran evolución y diferencias del álbum o qué ha cambiado en ti?
Los productores solo han llevado mis canciones a donde ellas necesitaban ir, por el camino que yo había indicado con la preproducción que hice previamente. Tenía muy claro lo que quería y ellos lo entendieron a la perfección. Probablemente nadie lo habría hecho mejor.

Sin duda, el sonido cósmico característico de Mucho está en el álbum. ¿Le diste tanto a Rams como a Martí total libertad?
Hablamos mucho antes de empezar a grabar sobre referencias, bandas, sonidos y gusto y cuando comenzamos las sesiones todo fluía con magia. Se sentía esa conexión cósmica. Además, yo grabé muchos arreglos en mi estudio y casi todos se quedaron. Y desde luego, si tomé la decisión de hacerlo con ellos, fue obviamente porque admiro su trabajo.

¿Podrían ser algunas canciones “Mucho 2.0”?
Mi manera de escribir es muy diferente a la de Martí. Mis canciones no hablan de lo mismo que las suyas, sus melodías, sus estructuras… Es otra historia, ya sabes.

Entre un disco de melodías totalmente optimistas, aparece sin esperarlo “Puñales”, súper oscuro y muy al estilo de León Benavente. ¿Cómo surge y por qué decidís partir el álbum con esta canción tan breve y oscura?
El disco no se parte allí. Está ordenado con toda la conciencia y pasa lo que pasa para hacer sentir al que lo escucha diferentes experiencias. A mí me suena más a Parálisis Permanente, o incluso a los momentos punk de los Beastie Boys o del Beck más enfadado. Llevaba idea de hacer algo así hace muchos años, pero nunca había encontrado la forma ni el contenido, y una serie de acontecimientos me llevaron hacia allí. No fue una decisión conjunta, sino un impulso personal y mucho antes de hablar con Rams y Martí por primera vez, “Puñales” ya sonaba con esa mala hostia. Juntos solo terminamos de darle los matices definitivos.

Tuviste dudas a la hora de comenzar el proceso de crowfunding. ¿Qué te hizo animarte a esta financiación y que te reparaba?
Las dudas tienen que ver con el miedo al vacío, con esa angustia de pensar que la realidad no es la que esperas o deseas. Y claro que las tuve, pero también tenía muy claro lo que quería y el instinto me dijo que fuera hacia delante con el fuego. Y salió de maravilla. Fue un éxito.

¿Volverías a esta financiación?
Es la mejor decisión que he tomado en los últimos años. Recibí un 115% de confianza a cambio.

Realizas una música relativamente fácil para el oído y todos los públicos. ¿Qué crees que sucede para que no llegue a más gente?
Que no es lo suficientemente fácil. Pero esa es mi lucha, seguir haciendo las cosas como creo que debo hacerlas y convencer poco a poco cada vez a más gente.

En nuestra última entrevista hablabas que nunca te había interesado Eurovisión. Justo hace unos días repasando las candidatas para este año, caí en que había varios grupos alternativos que podrían aportar un aire muy fresco al festival. Uno de ellos eras tú, ¿aceptarías el reto?
Lo pensaría con calma, pero es probable que sí. Ahora bien, no sé si en TVE se atreverían a aceptar mi propuesta.

También comentabas que no conocías la opinión de ningún artista al que habías versionado. Después de tantos meses, ¿conoces ya alguna?
Pues no. Todo sigue igual. Pero tampoco me he preocupado en saberlo. No es algo que me importe mucho.

Para finalizar, una vez lanzado el álbum ¿de qué estás especialmente orgulloso?, ¿qué modificarías? y ¿con qué nota evaluarías El incendio perfecto?
Estoy muy orgulloso de las letras, creo que son especialmente honestas e interesantes. Pero también me encantan las melodías, creo que tienen un buen nivel de emoción y empatía. Y sobretodo, y a pesar de lo ecléctico del disco, tengo la sensación de que es tremendamente compacto. Hoy por hoy no cambiaría nada. Y te voy a decir lo que pienso, le pondría un 10 como una casa. No solo es mi mejor disco, es el disco del año. Al menos en mi propia lista.