“Ver a Florence Welch sobre un escenario es lo más parecido a que se te aparezca la virgen”, es lo primero que pensé cuando la vi por primera vez en directo y ayer lo corroboré por razones varias. Es increíble lo que consigue, y es que a pesar de que la acompañaban hasta 7 músicos, parece que no hay nadie más ahí arriba.

Salió pasadas las 9 de la noche y la emoción estaba a flor de piel. Una luz que la alumbraba solo a ella, parecía anunciar la bajada de Dios a la tierra. La puesta en escena que la acompañaba era impresionante y su excelente calidad vocal salió a relucir desde que sonaron las primeras notas de ‘June’.

Tras la presentación ante 15.000 personas que estaban con el alma abierta para recibir mucho amor, sonó ‘Hunger’, un tema mucho más dinámico que empezó a crear el buen rollo y positivismo que vivimos durante esa noche. Es digno de mención el juego de luces y que cada detalle estaba súper bien cuidado, en este espectáculo queda claro que nada se hace al azar.

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Florence saludó por primera vez a su público y lo invitó a bailar, por ello pidió que todo el mundo se levantara de sus asientos y sus palabras parecían un relato divino, ya que consiguió poner en pie a todo el Wizink Center.

El ambiente que se respiraba en el concierto no era propio de un evento multitudinario, sino que más bien la impresión que daba y supongo que la que ella quería mostrar, era que todo fuera íntimo y especial, como si de un show de 30 personas se tratara. Y sin duda lo consiguió.

En ‘Queen of Peace’, la cantante levantaba las manos dirigiéndose al público como si los estuviera bendiciendo, disfrutaba mucho con cada nota que salía de su garganta y eso el receptor lo notaba. Ella mismo dijo que amaba España y que notaba un feeling buenísimo en ese momento, las vibraciones positivas eran recíprocas entre el público y la banda.

En ‘South London Forever’ sacó su lado más personal, ya que contó que era el lugar de donde ella provenía y por eso le había dedicado esta canción al lugar que la vio nacer.
Hubo tiempo para reivindicar también, ya que se dirigió a los hombres y su toxicidad masculina, dejando claro que este tipo de comportamientos no tenían cabida en sus conciertos, ni en la vida en general. “Hay que apoyar a las mujeres” decía, un discurso feminista, emocionante y necesario en los tiempos que actualmente vivimos.

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Antes de que sonara ‘Dogs days are over’, Florence invitó a todo el mundo a abrazarse. Acto seguido pidió a los allí presentes que guardaran todos los móviles y simplemente se dedicaran a disfrutar del momento. Una vez más, palabra de Florence, a la que por supuesto se hizo caso, y esta canción, una de las más conocidas de la artista, se vivió como una especie de catarsis donde todo el mundo sacó lo malo cantando y recogiendo un pedacito de la positividad que pululaba en el ambiente.

Después de esto, temazos de ayer y de hoy como ‘Ship to Wreck’, ‘Moderation’, ‘The End of Love’, ‘100 years’, ‘Big God’ y ‘What kind of Man’ sonaron para llevarnos hasta el final, donde tras darse un baño de masas y recorrerse toda la pista cantando y evangelizando una vez más con sus gestos a los fans, llegó la hora del famoso “Shake it out” con el que Welch deslumbró más que nunca y cerró una noche musicalmente perfecta. Pero ver a Florence es una experiencia sensorial más allá de la música, algo que atraviesa todas las fronteras de las expectativas y hace que en cada directo salgas más encantado que el anterior. El lenguaje no verbal, lo que dice con cada movimiento y esa forma de sacar la voz sin apenas esfuerzo hacen que su forma de sentir la música sea única y su forma de expresarla al exterior también. Larga vida a este tipo de espectáculos.

**Las fotografías son de mala calidad porque no contamos con pase de foto.

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