Está claro que si queremos irnos de festival este verano, en lo primero que pensaremos será en coger nuestra tienda de campaña, nuestro saco de dormir, nuestra bolsa del Mercadona, nuestra mochila e irnos cerca de casa -lo que no significa precisamente que no sea lejos-. Seguramente nos decantaremos entre algunos de los grandes de nuestro país como el FIB, el Primavera Sound o el Bilbao BBK Live o algunos de los “no tan grandes” como el Vida Festival, el Cruïlla o el Low, casi todos, y con excepción del vasco, celebrados alrededor del mar Mediterráneo. Pero, pensemos, a no ser que vivamos en la misma comunidad autónoma, las cinco horas como mínimo de transporte no nos la quita nadie. Barcelona-Bilbao (5 horas y media en coche), Madrid-Barcelona (8 horas en autobús o casi 3 si nuestra burguesía nos permite coger un Renfe) u otro sitio cualquiera, como, por ejemplo, Navalmoral de la Mata-Benicassim (5 horas y media en coche). Entonces, ¿por qué no probar nuevas experiencias e irnos de festival fuera de nuestras fronteras?
Eso es lo que Indiescretos hizo la semana pasada. Preparamos nuestros bocadillos, cogimos nuestros “juguitos” y nos fuimos el jueves 30 de junio a primera hora de la mañana a Toulouse (casi 4 horas en coche). Poco después, una hora y media más o menos, llegamos a Marmande, el pueblito donde pasamos los siguientes cuatro días viviendo una muy buena experiencia para inaugurar la temporada veraniega de festivales: el Garorock Festival 2016.

La primera impresión del lugar fue que todo se parecía mucho al Sonorama. Nos encontramos con pueblo y sus habitantes volcados con la celebración del festival. Muchas camisas rojas de voluntarios que informaban amablemente a los festivaleros, organizaban la ciudad e intentaban, bajo un sol de espanto, que el caos no se generara en la entrada del camping.

Una vez dentro, nuestra opinión se moldeó. Nos sentimos como si estuviéramos en Bilbao y eso fuera el BBK Live. Kilómetros de césped, tiendas de campaña bajo la sombra de grandes árboles, porterías de futbol y campo para correr (con el toque francés de que siempre te encontrabas a alguien jugando a rugby), para hacer la croqueta o para sentarte enfrente de los dos pequeños escenario que habían dentro del festival: uno para grupos emergentes y otro para música electrónica. Aquello verdaderamente era campo.

Soltamos nuestra tienda de 2 seconds, inflamos nuestros colchones, ordenamos nuestras cosas y nos fuimos a media tarde al interior del recinto del Garorock para ver a Muse, uno de los grandes cabezas de cartel de esta edición. Desde por la mañana los fans ya se agolpaban a la entrada, corriendo a la hora de la apertura de puertas para situarse enfrente del escenario De La Plaine. El Garorock es un pequeño gran festival, con una distribución totalmente cómoda para el asistente: zona de restauración y bebidas, atracciones como los coches de choque (digno de ver a ciertas horas de la noche), dos escenarios principales pegados uno a otro (el de la actuación de Muse y el Scene Garonne), otro más alejado y pequeño llamado Scene Du Trec y el Garoclub, ese lugar con música electrónica constante, al que se puede ir sea la hora que sea si se quiere vivir un viaje intergaláctico (o si ya se lleva encima).

Después de que viéramos algunas apuestas rockeras alternativas que no conocíamos, como Ghinzu, o que ya nos gustaban, como X Ambassadors, nos dirigimos como sus fieles seguidores a ver a Muse. A las 22.30 el escenario se oscureció y los asistentes, con una media de edad muy superior al resto de días del festival, comenzaron a mostrar su inquietud de ver a los que han sido considerados como la mejor banda británica del siglo XXI.

A pesar de que algunos críticos puedan tachar la puesta en escena de Muse como pretensiosa, en Indiescretos pensamos que todo el espectáculo audiovisual de los británicos está en consonancia con todos y cada uno de sus temas. Muse tiene su estilo de hacer música y, creemos, que para nada es exagerado: es rock. Un rock alternativo que no tiene competidores, rock del tradicional con la preponderancia de lo instrumental, con la mezcla de distintos estilos, como la electrónica o el glam (pese a que los tachen de poco espontáneos), y, asimismo, un rock con preponderancia de las voces con el que Matt Bellamy alcanza notas a las que ya le gustaría llegar a Carlota, como en uno de sus grandes hits como “Supermassive Black Hole”.

El concierto de Muse en el Garorock fue muy similar al que dieron el año pasado en el BBK, en el que nos hicieron acceder a un mundo alternativo, con canciones cargadas de mensajes de su último trabajo, Drones, como «Psycho», «The Handler» o «Dead Inside», y clásicos como «Plug In Baby», «Stockholm Syndrome», «Starlight», «Hysteria» o «Time Is Running Out», hasta llegar a un final de confetis con “Mercy” y al cierre apoteósico de su actuación con “Knights of Cydonia”. Y, que decir, que para nosotros el jueves terminó musicalmente hablando con el mejor de los sonidos.

El viernes 1 de julio el día amaneció nublado, cosa que agradecimos para no perecer por calor dentro de las telas de plástico de nuestra tienda de campaña. Visitamos el tierno pueblo de Marmande y vimos como poco a poco el público del recinto se transformaba y llegaban gente más joven y con pintas de querer disfrutar del giro de estilo del festival, con grandes apuestas de electrónica como el danés Kölsch o el esperado, y aclamado internacionalmente Jamie XX, con el que terminamos sintiéndonos tristemente decepcionados.

También hubo tiempo para el rock, o por lo menos para un acercamiento más indie-pop del mismo, con artistas muy conocidos en el país galo como Jain, apuestas seguras como The Kills o el gran descubrimiento en directo de Glass Animals, quiénes actuaron en el escenario pequeño y con poca afluencia de gente, pero quiénes demostraron, al más puro estilo del Primavera, que han llegado para quedarse.

El sábado llegamos al lugar de los conciertos con grandes expectativas e, incluso, nos encontramos con grupos que las superaron. Se trata de los franceses Deluxe, quienes con su grovee, su electrónica, su hip hop y su pop nos hicieron saltar y disfrutar de una potente puesta en escena.

También disfrutamos totalmente del punk de los británicos Slaves, rock-psicodélico-indielectrónico de Ratatat con canciones conocidas como “Loud Pipes” o de los poco valorados en el Garorock Unknown Mortal Orchestra y que, en cambio, fueron cabeza de cartel en el Vida Festival (mismas fechas).

Pero, sobre todo, nos sorprendimos con el buen espectáculo y rollo de Flume, quien, al contrario que Jaimie XX, no dudaríamos en volver a disfrutar de nuevo de su electrónica que no solo se basa en pinchar, sino también en poner en escena un tipo de música difícil para escenificar y que el australiano consiguió hacer con maestría.

También ese día fue el turno de M83, con un concierto diferente al que recordábamos cuando interpretaba su disco Hurry Up, Whe’re Dreaming allá en 2013. Algo cargado de sobre-interpretación y con muchos delirios que parecían casi playback, la actuación de los franceses no tuvieron grandes momentos destacables, quizás porque ninguna de las canciones de su último trabajo Junk ha logrado tener gran repercusión. Eso sí, todos cantaron a coro ese momento en el que Briel hizo su aparición en “Midnight City” pero que ya es demasiado (demasiado) recurrente.

Llegó el último día del festival con grandes apuestas del rock que hicieron del Garorock una apuesta segura para disfruta de los mejores grupos de estilo como la banda femenina Savages o los míticos The Hives. Pero también con otras grandes sorpresas con diferentes estilos a manos de los franceses Caravan Palace, los “personajes” de Jagwar Ma (recomendadísimos como nuevo grupo revelación para nuestros oídos) o los conocidos mundialmente Disclosure.

Con más de 130.000 asistentes en su edición de este año, el Garorock es un festival al que merece la pena ir. Un ambiente diferente, muy francés (pero que muy francés), donde el patriotismo desbordaba con banderas a las espaldas, pintadas de azul, blanco y rojo por cualquier parte del cuerpo y poca manifestación de que otras nacionalidades. Alguna bandera o acento inglés, ikurriñas del País Vasco francés, alguna estelada e, incluso, banderas de la Unión Europa. Un festival de gente de Marmande y de alrededores, que invita a que vivamos lo que es irnos de festival fuera de España, mientras conocemos el ambiente y el carácter del sur de Francia. Un Garorock que vale la pena visitar antes de que, tristemente, se masifique aún más.

Fotografías: Adrián Romero Hernández para Indiescretos








