Jorge Drexler siempre garantiza una alta calidad musical y literaria en cada nuevo trabajo. En esta ocasión la sensación era que podíamos estar ante uno de sus mejores discos, principalmente tras escuchar las tres canciones que han servido de aperitivo y comprobar que ninguna de ellas se trataba de una de las 3 colaboraciones de lujo que sabíamos que el disco iba a contener, como son Mon Laferte, Julieta Venegas y Natalia Lafourcade. A poco que la calidad de las canciones se acercara al talento de las invitadas estos duetos debían ser para recordar y esto sumado a las canciones anticipadas daban ya un gran trabajo.

El disco es muy latino y está realizado casi exclusivamente con guitarras, a las cuales tocan, percusionan y acarician para crear todos y cada uno de los sonidos que se escuchan en él. Una apuesta por la experimentación y por ponerse nuevos retos que hay que aplaudir.

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Este Salvavidas de Hielo se presentó con «Telefonía», simpática apología de las telecomunicaciones por permitirnos estar conectados, darnos la posibilidad de hablar con alguien querido y decirle algo tan bonito como «Te quiero, te querré, te quise siempre, desde antes de saber que te quería».

Con un ritmo aún más contagioso que la anterior se presentó «Silencio», desconcertante e indomable canción la cual será interesante ver como acometen en directo (los silencios varían de longitud cada vez que les toca ser protagonistas y la onomatopeya del mismo es casi el estribillo). En ella nos invita a regalar silencio y a dejar por un instante la mente descansar.

Drexler con sus letras siempre ha defendido la idea de no ser de ninguna parte en particular, de reclamar que vivimos en un mundo más mezclado de lo que pensamos: «Yo no se de donde soy, mi casa está en la frontera y las fronteras se mueven como las banderas» decía en «Frontera», «Soy un Moro Judío que vive con los Cristianos, no se que Dios es el mío ni cuales son mis hermanos» en la décima «Milonga del Moro Judío». Ahora, en la canción que abre el álbum, «Movimiento», deja claro que desde que nos pusimos en pie no hemos parado de migrar, de movernos por el mundo y mezclarnos y es por lo que afirma que «No somos de ningún lado del todo y sí de todos lados un poco». No olvidemos (y muchas veces ocurre) que el sonido está  únicamente creado con guitarras y aquí es capaz de llevarnos a África. Para concluir, una moraleja: «Lo mismo con las canciones, los pájaros, los alfabetos, si quieres que algo se muera, déjalo quieto».

Y es que donde más brilla este disco es en sus letras. Jorge Drexler es un literato. Sus canciones, con su engañosa sencillez, enseñan a vivir mejor y tras oírlo al completo da la sensación de haber leído un libro de poemas. Si esta cualidad no había quedado lo suficientemente claro con las canciones anteriores pasen y escuchen «Pongamos que hablo de Martínez».

La cualidad principal de esta canción es la de conectar con el oyente desde la primera palabra, cual película con un gran guión, basada en esta ocasión en una historia real. Cuenta Jorge que estando de copas por Montevideo con Joaquín Sabina éste le auguró una larga carrera llena de éxitos (y no se equivocaba) y le invitó a venirse a Madrid para conseguirlo. No tiene desperdicio cada uno de los momentos que cuenta esta canción, agradecimiento al maestro que acaba siendo la mejor y una de las certeras de su carrera.

Por todo esto, el inicio del disco es realmente bueno. El problema viene ahora, cuando cuesta rescatar algo más del resto del trabajo. Los duetos no funcionan demasiado bien: «Asilo» con Mon Laferte no emociona como debería y a pesar del esfuerzo de ésta por no destacar no consiguen que las voces queden bien juntas. En «Abracadabras», Julieta Venegas y Jorge se preguntan cual es el motivo por el cual una canción despierta o no sentimientos en los oyentes, algo que tampoco consigue este tema que parece formar parte de aquel «Nuevo y Raro» (disco de descartes) de Julieta Venegas. Por último, la canción que da nombre al álbum, cantada con Natalia Lafourcade, es de esas canciones de Jorge algo lánguidas pero efectivas, cuya sencillez esta vez no suma.

La apuesta de hacerlo todo con guitarras era arriesgado y puede que de la sensación de demasiada uniformidad en todo el trabajo pero no creo que ese sea el problema. Simplemente no consigue ese hechizo, ese crear mariposas del que él mismo habla y, además de las ya comentadas, solo salvaría el final de «Estalactitas» con ese «y en los bolsillos nada más que tiempo, tiempo» y «Mandato», que bebe aún más que el resto de la música popular y es la más bailable de todas.

Tengo que decir con pesar, por ser un absoluto seguidor de este artista y siendo Drexler uno de los mejores compositores que tenemos que, casi en exclusiva, los tres adelantos son los reales «Salvavidas de Hielo» de este disco, tres canciones más «Movimiento» que no sé si serán capaces de aguantar el resto del disco hasta llegar a puerto o no podrán evitar que el disco de hunda.

Valoración: 2/5.

Las Mejores: Pongamos que hablo de Martínez, Telefonía, Silencio.

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