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Sevilla se vistió de gala para recibir los días 8 y 9 de octubre a Juanito Makandé y su banda. Los alrededores del Auditorio Rocío Jurado estaban repletos de gente que, ansiosa, aguardaba el comienzo de uno de los conciertos más esperados en los últimos meses. Más de 10.000 personas recibieron durante el fin de semana a este artista gaditano que deleitó con más de tres horas de concierto.

Micros, sillas, instrumentos… todo estaba listo para que diera comienzo el espectáculo. Durante la espera de la apertura de puertas, ya se respiraba un ambiente de nervios y apetito por ver a Juanito Makandé en su final de gira. Aquel escenario tenía algo especial. Ese pájaro negro, centro de todas las miradas, iba a volar muy lejos ese fin de semana, y lo hizo.

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Makandé quiso calar en los corazones de todos los asistentes y, tras los invitados de la noche (La Trueke y Capitán Cobarde), comenzó con un recuerdo audiovisual de sus inicios. Currito, Naranjo, Joselete, Mika, El Canijo de Jerez, Jacobo, José Mora, LaMadrid, Pepe Bao… estaban todos. Desde abajo era inevitable sentir la emoción de este músico andaluz. Su más preciado don, el de la música, se inyectaba en cada uno de los presentes. Sin haber comenzado a tocar, ya había magia en el Auditorio.

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A las 23:00 comenzó la magia. A través de bulerías, Juan abrió la veda del concierto que haría de esa noche la más especial de todas. Pistolas y cuchillos y Cantar desnudos fueron sus siguientes temas hasta que apareció Antonio el de las 3000 y tocó las nubes desde el escenario con Pena negra. Makandé también estuvo acompañado de Andreas Lutz de O´funk´illo en Cristales y Ramón y de los hermanos Shotta y ToteKing en Que me lo quieres quitar.

Como si estuviera volando en lo más alto, así se encontraba Juanito Makandé sobre las tablas del escenario que dan forma al Auditorio Rocío Jurado cuando, a toque de cajón, sonaba Hakuna Matata. Y qué decir cuando se comenzaron a escuchar las primeras notas de Churrete y Ringo con la compañía de su inseparable amigo El Canijo de Jerez. Era una mezcla de sentimientos, entusiasmo y felicidad en todo su esplendor.

En un concierto de esta envergadura no podía faltar algún tema donde el toque del cajón era el protagonista. Con Juan, Poti, Merino y Marote en la percusión y El Canijo y Tomasito a las palmas, el Auditorio se convirtió en una fiesta absoluta donde los bailes, las copas en alto, las risas, los abrazos y el amor por la música eran los ingredientes principales.

Se alcanzaba ya casi la hora y media de concierto y el grandioso Fran Cortés tocó y cantó un par de temas dando tiempo a Makandé para coger aire y continuar con la fiesta sevillana. El Vuelo de los cuchillos estaba en todo su esplendor. Temas antiguos y mas nuevos, recuerdos, momentos… Era todo un popurrí de sensaciones que desde abajo se percibían en seguida. No sólo con eso, la soltura de Pablo Feria y el flow de Rafa (La Trueke) se desplegaron sobre el escenario para acompañar a Juanito con los temas de No quisiera despertar y Eres para mí.

El tiempo no existía en el Auditorio. Sevilla se había concentrado allí para detener el tiempo y recibir a este maestro andaluz. Era tan grande la sensación de disfrute, de emoción y de estar flotando que daba igual todo. Todo, menos aquel escenario. No hizo falta más: un decorado sencillo, unas cuantas sillas, algunos focos y a volar… Las sonrisas en los rostros de la gente no cesaban, esas miradas cómplices mientras se escuchaba Segunda canción de amor de fondo, los aplausos al recibir a LaMari de Chambao, los besos, las manos cogidas bien fuertes y los abrazos mientras Niña voladora resonaba por todo el recinto. Juanito Makandé había organizado un orgasmo de sentimientos profundos que afloraron gracias a su música.

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Se estaban acercando las 02:00 de la madrugada, cuando a ritmo de Te echo de menos y de Ciego muy Ciego salieron a las tablas Capitán Cobarde y Muchachito Bombo Infierno. Los presentes, a grito de “Otra, otra!”, no querían que se acabara la gran despedida de Makandé.

Se cumplían casi las tres horas de concierto (con dos horas anteriores de los artistas invitados) cuando el marco se convirtió en una auténtica fiesta. Tomasito, El Canijo de Jerez, Andreas de O´Funk´illo, LaMari, Antonio el de las tres mil, Capitán Cobarde, Rafa de La Trueke, etc. se sumaron al escenario para dar punto y final a una noche redonda.

La fiesta de Juanito se coronaba con unas bulerías improvisadas de Antonio el de las tres mil y Tomasito. No podía acabar de mejor forma que con bailes sobre el escenario, cantes, palmas, risas y la magia de todo un conjunto de artistas que habían transformado la noche del 8 de octubre en la noche de Juanito Makandé.

Es simple: en ocasiones, la música llega al alma de las personas y esta vez Sevilla se ha arrodillado ante el maestro Juanito Makandé.

“Esto no se olvida fácilmente, ni difícilmente. Esto es pa tó la vida. Gracias Sevilla”. Juanito Makandé.

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