El Galileo Galilei comenzó a teñirse de luces tenues, mientras los últimos rezagados hacían su aparición en la sala. El reloj marcaba las 21.15 cuando se presentaron los miembros de la banda en el escenario. Antonio Reina a la guitarra, Javier Portela al piano y el actor y músico Álvaro Pérez, a la batería. Tras ellos arrancaron los aplausos y quedaba inaugurada la función. Por segundo día consecutivo, la cantante gaditana Julia Medina ofrecía un recital en este histórico local madrileño que viste sus paredes con un incalculable número de artistas que en sus inicios han pasado por sus entrañas. Después de anunciar su gira, Medina colgó el cartel de “todo vendido” en la fecha inicial de su concierto en Madrid, el 12 de febrero, por lo que la productora Universal Music anunció un segundo pase el día anterior. 

Fotografía: Cris Molina (@crismolinagphoto)

Entre aplausos, la artista, que salió a la luz gracias a su participación en el programa musical de talentos Operación Triunfo (OT), instruyó el concierto de su primer lleno en la capital española a través de una métrica temporal original y consecuente: su vida antes y después del programa. Narró cómo sus primeros directos, antes de su paso por la academia, no recibían tanto apoyo como los que está realizando ahora tras salir de ella. Por ello, consciente del altavoz que proporcionan la televisión y las redes sociales se mostró constantemente agradecida con el sello. Un baño de humildad y un guiño al concurso que la catapultó a la esfera mediática. 

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Fotografía: Cris Molina (@crismolinagphoto)
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A raíz de esa naturalidad es fácil comprender cómo transcurrió la velada. Una sala pequeña, abarrotada hasta en las escaleras de gente dispuesta a asistir a un concierto un miércoles noche y una cantante con intención de hacernos pasar a todos por un arcoíris emocional. La cercanía que otorga una sala así, ayuda a establecer un vínculo con el público que supo aprovechar muy bien. Un gesto unido a su voz de colores nos hizo navegar sobre  sus composiciones más íntimas desde una pieza dedicada al amor no correspondido hasta otra que junto al artista canario Pedro Guerra «Sálvate de ti» habla sobre los trastornos alimenticios y el malestar con uno mismo. Medina hizo hincapié en que «le gusta luchar contra las injusticias»,  una realidad que refleja muy bien en su canción Circo, la favorita de sus alumnos cuando aún, antes de encauzarse de lleno en el mundo de la música, estudiaba magisterio. 

Fotografía: Cris Molina (@crismolinagphoto)

La andaluza, ponía a bailar a sus seguidores entre carcajadas cuando tocaba una canción lenta y en las que tenían un ritmo más cañero les aconsejaba dejarse llevar por sus instintos, aunque eso incluyese saltar de sus asientos. El toque canalla que daba a muchas de sus canciones, al mismo tiempo que la dulzura que ponía en otras, componen la esencia de una profesional con un estilo y una voz muy personal. La cercanía con la cantante y su facilidad para la palabrería hizo que la jornada se desarrollase entre la dualidad del humor y la música. Entre un sinfín de tonos que, tras abandonar el recinto dejaban una sensación de euforia propia de quien ha pagado por algo que no tiene precio.

Ya lo afirmaba la propia Medina durante el concierto, su guitarra, regalo de sus fans, elige qué componer y le da las canciones más tristes o alegres que en ese momento sienta que debe darle. Los fallos técnicos, en ese caso constantes paradas a lo largo de la ceremonia por problemas con el amplificador de sonido de la guitarra, consiguieron formar parte del espectáculo musical, debido a su destreza para el baile y su capacidad de llenar el lugar con su melodía. Arrastró cada acorde de la guitarra hasta enredarnos sin dificultad en su voz de colores. Con el apoyo de su familia y amigos aprovechó la ocasión para desvincularse de relaciones amorosas del programa y para centrarse en lo que realmente le hace feliz: la música. Un gesto con el que trató de centrar el avance de su carrera hacia su trabajo y alejarla del cotilleo mediático.

Fotografía: Cris Molina (@crismolinagphoto)

Ambas noches sucedieron en buena compañía, la primera de ellas contó con la sorpresa del letrista y cantante gallego Andrés Suárez, con el que compuso «No hablan más de ti» presente en su primer disco. También compartió acordes con los cantantes españoles Gonzalo Hermidia y Ainhoa Buitrago.

La segunda noche sorprendió con la aparición del cantautor Pedro Guerra, una colaboración que sirve de nexo de unión a varias generaciones de compositores y cantantes del panorama español. La de Pedro Guerra, en el club de Joaquín Sabina, Joan Manuel Serrat, Victor Manuel o Ana Belén. Y la de jóvenes y arraigados compositores como Vanesa Martín, Vega, o el ya mencionado Andrés Suárez.  Asimismo, dejó clara la importancia que tiene para ella su vínculo afectivo, con la presencia de su amiga y cantante Marta Soto, embarcándose en un estilo más flamenco y junto a la que cantó «Entre otros cien». Para sellar la jornada irrumpió en el escenario su amiga y compañera de concurso, la artista ilicitana Alba Reche, con la que cantó «No me despedí». El broche a una noche inolvidable, en la que la recién estrenada Julia Medina, mostró todas y cada una de sus constelaciones.

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