Lluvia y Truenos cumplía el pasado viernes casi un año desde su lanzamiento. 360 días duró la magia de la tempestad. Un temporal que dejará sus consecuencias para la marca de los años. Tras doce meses y diversas causas y consecuencias positivas, McEnroe y The New Raemon se despedían de su estreno conjunto. Este primer trabajo fue uno de los grandes álbumes del año pasado con el reconocimiento de los medios especializados. Un reconocimiento que parece no haber calado al 100% en la audiencia, ya que no terminó de llenar el Ochoymedio. Un sold out hubiera puesto el premio que merecían por esa gran tempestad.

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Tras la inauguración del concierto por parte de Mow, quien presentó su primer EP WOM, saltaban al escenario sin retrasarse ni un minuto para abrir el evento con la canción que dio nombre al disco. Con prácticamente la totalidad de las canciones representadas, entre las que destacaron “Malasombra” y “Gracia” como dos de los temas más coreados, comenzaron con sus anteriores y respectivas publicaciones.

Primero fue Ramón quien, sin Ricardo sobre el escenario, se marcó un triplete con “La Reina del Amazonas”, “El Yeti” y “Quimera”. Para ello contó con Charly Bautista que se unió a la banda para servir de amparo a su compañero. Ricardo, junto a Ramón, interpretaron “Agosto del 94”, “La Palma”, “Caballos y Palmeras” y “Rugen las flores”, que cerró la noche. Se echó en falta esa despedida con “Campos magnéticos” con el que acostumbrados nos tenían a decirles adiós.

Parecía una entrega de premios o la “fiesta” de graduación como definió Ramón la despedida. Con la puerta abierta a un futuro trabajo conjunto dijeron adiós con unos bises desaparecidos. Una vez más, demostraron la gran conexión que entre ambos existe y la excelente banda que les hace sombra. Ricardo sigue superándose con una voz cada vez más trágica, emocionante y oscura. Ramón, por su parte, continúa con la misma fuerza y carisma, aunque no tan humorista como en otras ocasiones.

Dos músicos de aparente oposición, pero que tras un año de Lluvia y Truenos han demostrado ser una de las combinaciones más acertadas de los últimos tiempos melómanos. Una pareja a la cual tras la tempestad de la lluvia y truenos les ha dejado como consecuencia una calma con notables composiciones dolorosas, pero sobre todo, y sin ironía, de radiante de felicidad.

Fotografías: Cris Molina

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