Dentro del pabellón la pista y la luna estaban llenas. Sin embargo, en los aledaños del recinto media luna alumbraba al cielo. Aquella no era noche para competir con la que relucía a Amaral. A su vez, las estrellas parecían haber abandonado el oscuro cielo para fundarse de instrumentos y posarse sobre el escenario y el pecho de Eva.

“Unas veces se gana y otras se pierde” abría el show. Esta vez tuvo más peso la primera opción sobre la balanza. Nocturnal se despedía tras dos años de intensas emociones y extensa carretera. Casi dos horas y media en las que Amaral repasó su discografía, la cual estará de XX aniversario la temporada que viene. Abierta cabe la posibilidad de que la grabación de este concierto sirva de homenaje a esas dos décadas de trayectoria.

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Los zaragozanos despedían su último trabajo y por ello no faltaron “Nocturnal”, “La ciudad maldita” o “La niebla”, entre otros. Sus grandes éxitos como “Salir corriendo”, “Estrella de mar”, “El universo sobre mi” o “Como hablar” demostraron el buen sabor que mantienen a pesar de los años. Sin duda, unos temas que están sobreviviendo al paso de los años y que logran encajar en un setlist donde la diversidad se consagra como uno de sus principales ases.

Tras dos horas sin descanso alguno y sin mediar más palabras que saludos y alabanzas a los asistentes, Eva demostró porqué es sin duda una de las grandes cantantes de este país ya que su voz prácticamente no se agotó en ningún instante.

Después de dos minutos de merecido stand by, reconquistaban el escenario con lágrimas desfilando por las mejillas de Eva para interpretar “En el tiempo equivocado”, “Llévame muy lejos” y “Sin ti no soy nada”. Cuando Nocturnal parecía zanjada y los asistentes ya se levantaban de sus butacas, volvían a sorprender reincorporándose en sus puestos para apagar la luna trasera con “Nadie nos recordará”. Unos visuales y unas luces que adornaron y complementaron como piezas de puzzle a la excelente calidad de las canciones.

Amaral, con un lleno absoluto, ha sabido sobreponerse a los prejuicios que levantó hace unos años. Tras diversas temporadas ocupando las primeras escuchas de las radiofórmulas, Eva y Juan lanzaban nuevos trabajos desde una perspectiva más independiente, la cual muchos puristas no lograron entender ni aceptar. El paso del tiempo, el buen trabajo y una evolución innegable por fin ha desprejuiciado a la que sin duda ha sido una de las bandas más importantes de España en los últimos años. Moviéndose en el fino hilo del “indiemainstream” han sabido conquistar a ambos públicos y generaciones. Prueba de ello la agradecida diversidad entre sus seguidores.

Presumir de escuchar y seguir a Amaral ha pasado de ser para algunos una declaración casi tabú a realmente un orgullo. Sin duda, si alguien permanece aún a la primera opción es porque en su historial no cuenta con ningún concierto en sus retinas. Shows caracterizados por la fuerza, presencia, voz, personalidad y belleza que solo Amaral sabe conjugar en una coctelera de sonidos irregulares al alcance de nadie.

Los informativos nos despistarán haciéndonos creer que la luna que vimos hace tres semanas no se repetirá hasta dentro de 50 años, pero mañana nos volverán a distraer con satélites similares. La luna que pasará a la historia, será la de Amaral, porque, como bien confesaron, será única e irrefutable.

Luna llena de Amaral y repleta de belleza.

Fotografías: Cristina Molina

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