Rubén Pozo estrenaba En Marcha en la ciudad que lo vio crecer con Buenas Noches Rose y la exitosa Pereza. El barcelonés tenía ganas de visitar algunas de sus canciones favoritas, pero antes de presentar su segundo álbum, cedió las armas a su amigo y compañero Isma Romero.
El valenciano se subió al escenario vestido de rock and roll para mostrar que aparte de su estética, sus canciones también guardan la esencia del género. Fueron sonando cortes de su primer y único trabajo en solitario como “Gotas suicidas”, “Nueve años más”, “La última del baile” o “Antes de que esté prohibido”, single que da nombre al disco y con la que cerró su participación. Tras más de media hora de joven rock, que nos acercó a la voz de Coque Malla con los ritmos de Tequila, agradeció su apertura y confianza al protagonista de la noche.

Iban pasando los minutos y las guitarras iban cogiendo afinación mientras que los setlist se hacían hueco en las primeras filas de las tablas. Apareció Simón Cordero, quien amarró las baquetas y marcó el inicio de la noche. Álvaro, Miguel y Rubén siguieron los pasos de la percusión y saltaron con “Todo palante” para relumbrar la capital. Sin respiro ni pausa, fue enlazada con su rock and roll “Tonto de tanto”.

“Matar al cartero”, de su etapa con Pereza, y “Rucu Rucu”, de Lo que más, interrumpieron En Marcha, intervalo más que agradecido por toda la sala. A “Chatarrero” se le incorporaron la armónica y los teclados, que estuvieron muy presentes durante toda la noche. “Chavalita”, “Esta es mi canción” y “Pirata” iban adelantando el paso del tiempo con segundos que erizaron el vello. “Como cualquiera” y “Grupis” guiñaron el ojo a clásicos del rock y sirvieron de delicatessen para cualquier veterana alma rockera que se encontrase en los antiguos cines.

De seguido arrasaron los dos primeros singles de sus dos discos “Pegatina” y “Me quieres destrozar”, junto a “La chica de la curva” y la emblemática “Madrid”. Antes del descanso y los bises faltaban por pellizcar “Ozono” y “Margot”, quiénes se deleitaron con unos solos más orgásmicos que el viejo videoclip.

Breve retirada y el público quería más rock and roll, por ello Rubén se animó a tocarnos literal y no tan literalmente los “Pelos de punta”. Ante una obligada retirada, se despidieron con “Nombre de canción” y su descarada versión de “Starman” de David Bowie.

Nos dieron las diez y casi las once. También diecinueve canciones desnudadas en hora y media de espectáculo y gloriosos juegos de cuerdas, que no se amistaron con unos flojos y a veces desencajados coros.

Rubén, por su parte, presumió de una entregadísima hinchada que coreaba su nombre como si ante hooligans goleara. Además, se mostró muy activo con el público llegando a pedir el voto favorable a Manuela en las elecciones municipales. Políticamente incorrecto y sin necesidad de artificiales decorados, evidenció que sólo necesita instrumentos que le sirvan como quinta marcha y extremidad, y con ellos danzar a las estrellas del contaminado cielo de Madrid.
Fotografías: Andrea Silván









