Napoleón Solo empezaba su gira de presentación en la sala El Sol de Madrid. Los andaluces eran incapaces de esconder su inquietud por ver la aceptación del respetable ante su último trabajo, Máximo Ruiz Ferrer. A las diez y media saltaban al escenario con un sonido de fondo que nos llevaba a cualquier parte. Para ello, Antes de que ocurriera se encargaría de romper el hielo e iniciar la noche con uno de sus temas más populares. Alonso, bailando con su guitarra, intentaba seducir al público con Si el mundo acaba y El intercambio.

Napoleón Solo Madrid

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Respetando el orden del disco fueron desgranando, uno a uno, los diez temas que conforman su álbum más enigmático. Comenzaron a sonar Matamuertos y la cruel, con un gran juego de luces, Pequeña canción del espacio y Las cinco como siempre. Tras uno de los varios parones que sufrieron, fueron interpretando Del amor perdido y Llegó el verano.

Napoleón Solo MadridEl público estaba frío, sin mostrarse muy receptivo con estas nuevas canciones, por ello la banda granadina intentó acercarnos a Máximo Ruiz Ferrer con algunos de sus peculiares personajes. Fue así como apareció entre palmas manchegas Emilia y Pepe de la mano de Jose, esta vez encargado de la voz, y con Alonso empujándole en los coros. Una atmósfera que transportaba a toda la sala a otro planeta, hacía de Sebastián una versión cósmica infiltrada en el escenario. Esta vez sería a Liverpool donde conseguirían enviarnos con una beatlemaniaca Yuliana Juliana, una de las más auxiliadas del nuevo álbum.

Llegó la parte más pobre del concierto: “Saltando hacia afuera” y “La leyenda de la persona libre” cerraban las diez canciones de Máximo con dos interpretaciones que por momentos eran molestas y chirriantes.

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Napoleón Solo MadridNecesitábamos olvidar algunos de los desafines y desaciertos de esta primera parte de concierto y por ello Ramira nos arrancó los primeros bailes de la noche, los cuáles consiguieron calentar rápidamente una sala que se mantenía con bajas temperaturas. No puedo disfrutar y Desastre Nº 1 consiguieron guiarnos a otro concierto bastante más divertido. Todo está tan cerca relajó un poco estos últimos enérgicos minutos hasta llegar a Perdiendo el tiempo,, que recuperó el frenesí para después tomar un merecido descanso.

Como si gozase de la capacidad de predecir lo que se le venía encima, Alonso se desquitó la camisa para quedarse con una camiseta más cómoda y encarar de este modo el final del bolo. Sueña conmigo fue la primera en disparar junto a una desenfrenada Lolaila Carmona, donde vivimos uno de los mejores momentos de la noche. Tras Sospecho sospecho llegaba la despedida. Con sus dos títulos más certeros para terminar el concierto decían hasta pronto, haciendo disfrutar al público y a ellos mismos de Tiene que acabar y Adiós.

Final dulce para un concierto donde vimos dos polos opuestos: Un primero dudoso, repleto de nervios e incapaz de mostrarnos la identidad de Máximo; frente a un último polo con un sonido más acertado y receptivo con el que lograron conectar de principio a fin.

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Tal vez este último disco no sea el más idóneo para subirlo al completo al escenario ya que Napoleón se sintió más solo que nunca. No obstante, recuperando veteranos temas tienen la seguridad de hacernos disfrutar de un gran concierto, tal y como vencieron en los cincuenta últimos minutos de espectáculo con sus mejores y viejas armas.

Fotografías: Manuel Colomé Pérez

1 Comentario

  1. El Máximo Ruiz Ferrer en concierto es más cañero que en el disco. No tiene nada que ver. La gente quizá estuvo fría porque ha salido hace semanas. Es normal que el público se entregue más con las canciones antiguas porque se las saben de memoria. Puedes resumir la reseña en: el disco nuevo no me gusta. A mi sin embargo me encanta.

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