La música puede resultar, en contadas ocasiones, un buen negocio para los intérpretes que la ejecutan, pero este oficio supone que quienes lo desempeñan tengan que buscar continuamente fórmulas para reinventarse y seguir manteniéndose frescos en la industria.

Enrique Bunbury es uno de esos artistas que más que músicos actúan como «artesanos de canciones». Cada disco suena distinto al anterior y su trabajo denota un cariño especial en todos los aspectos del mismo. Los artesanos de la canción cuidan el más mínimo detalle porque respetan a su público de la manera que merecen y, sin duda alguna, aseguran la máxima calidad en todas sus producciones.

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Posible (2020), su última referencia, supone una profunda mirada al interior del zaragozano. Aunque Bunbury no es un novato en publicar discos con abisales toques intimistas, véase Las consecuencias (2010), su último trabajo de estudio es la mayor introspección que nos ha ofrecido en todos los años de su carrera.

La necesidad de reflexionar sobre uno mismo y sobre la situación que rodea a la propia conciencia individual es el principal hilo conductor de este nuevo disco. En las letras Bunbury nos habla de amor, del «escuadrón de la moral» que nos ahoga, del «estado permanente de emergencia» que inunda nuestra sociedad, del deseo de «vivir tan al margen como pueda» o de los peligros de «la vida en Instagram».

Distintas ediciones en las que se ha publicado "Posible"
Distintas ediciones en las que se ha publicado «Posible».

El culmen de Posible llega con la última canción: Los términos de mi rendición. En ella, Bunbury se confiesa y se muestra abierto y claro sobre los pensamientos que surcan su cabeza en su situación actual. Con líneas tan potentes y directas como «ahora que uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose», «hoy escribo con el desorden de la urgencia», «realizando un esfuerzo total para un modesto resultado» o «si sigo aquí tumbado en el parque me da la impresión de que no me pierdo ya nada», el cantante se sincera y exhibe su desazón interior destapando la letal desidia que tras numerosos años de carrera puede haber invadido su música.

En cuanto al aspecto puramente musical, la gran mayoría de canciones de Posible se ven dominadas por una instrumentación de carácter minimalista, decisión tomada para que el mensaje de las letras pueda llegar a la audiencia como un auténtico crochet de derecha y que se funde de forma sobresaliente con la atmósfera personal e íntima que Bunbury quiere transmitir con este disco. También es notable la evolución que ha sufrido el músico ya que se integran instrumentos con un corte muy sintético, tales como sintetizadores, secuenciadores y diversos efectos digitales, con los que se ha producido una apreciable experimentación con tintes de música electrónica.

La nueva referencia del aragonés errante es, sin duda, un autorregalo. Grabado por y para él, para tratar de calmar las incertidumbres de su propio futuro personal. El elevado nivel de introspección que recoge Posible puede resultar altamente abrumador para un oyente ocasional que, tras una primera escucha algo superficial, no llegue a entender la complejidad de las letras del mismo. Por ello, es un disco que tras escuchar y reescuchar multitud de veces, llegamos a poder descifrar todo el mensaje que custodia y nos permite conseguir salir, al igual que el propio Enrique Bunbury, reforzados de la catarsis.

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