En la puerta de la sala un tipo alto, canoso y de ojos azules apura un trago antes subir al escenario. En las horas previas deambulaba por las calles de la ciudad, ajeno a la circunstancia de que por la noche había concierto, su concierto. Entra decidido y pide su vieja guitarra; todo está listo para comenzar.

La noche del sábado Rafa Pons fue recibido en Santander con los brazos abiertos, con un cálido aplauso de sus fieles seguidores del norte. Comienza la velada con Las Demás, tema perteneciente a su nuevo trabajo “Disimula” (El Niño de la Hipoteca Records, 2015), publicado el pasado mes de febrero. El artista barcelonés se presenta con la naturalidad que le caracteriza y continúa con El último pedazo del pastel, uno de los mejores temas de su anterior trabajo “Persona, Animal o Cosa” (La Produktiva Records, 2011).

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Se le nota fresco y animado, defendiendo sus temas acompañado únicamente de su guitarra acústica, fiel compañera de batallas. Durante el concierto se irán intercalando temas de su nuevo disco como Libertad, En ti o la maravillosa Amores Binarios con otros tantos de sus anteriores trabajos como Nieve en la ventana, Olvídate de mi o Algo de tiempo. La noche se desarrolla entre algún pequeño incidente con la iluminación y la complicidad del artista con el público.

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Llega el momento de presentar su libro A cuento de nada (Frida Ediciones), con una nueva edición recién publicada. Silencio en la sala; suenan los acordes de uno de los mejores temas que Rafa ha compuesto; Supongo quema por dentro con ese estribillo de voz rasgada, casi rota. Le seguirá otro tema emblemático como es Julia Roberts. Tampoco faltaron temas como Estupenda o La fiesta en paz.

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El último tramo del concierto es apoteósico. Suena La Mosso (“No soy ninguna autoridad para hablar del amor pero sí tengo una canción que habla del amor a la autoridad” apunta antes de comenzar) seguida de Mala Puta, con toda la sala bailando su ya famosa coreografía. Para poner el broche, Rafa desenchufa la guitarra, baja del escenario, y nos deleita con una íntima versión de Un poco idiota.

Los focos se apagan y Rafa atiende uno por uno a sus seguidores; en una horas volverá un tipo más (un «famoso anónimo» como se autodenomina) que pasea por las calles de una ciudad. Así de grandiosa es la música, así de bonita es la profesión que escogió hace unos años, cuando decidió cambiar la toga por la guitarra, la sala de vistas por la tarima de los garitos.

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Fotografía: Roberto Muñoz

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