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Tercera edición del RITMO festival, celebrado por primera vez a orillas del Embalse del Cubillas, en las instalaciones del Club Náutico de la Universidad de Granada. Un marco idílico y diferente para disfrutar de la música y un acierto por parte de la organización.

Así, rodeados de pinos, ardillas y con gente navegando en botes y piraguas de fondo, resultaba imposible no dejarse llevar por el particular estado de ánimo (compartido por el público, los músicos e incluso el staff) que flotaba en el ambiente, mucho más distendido y familiar de lo habitual en un festival de música. “Campo, qué bonito el campo”.

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RITMO se oferta como un festival distinto al resto, y lo cierto es que lo es. A la oferta de música en directo, distinguiendo entre bandas y DJs, con dos escenarios claramente diferenciados, hay que sumarle una atractiva zona recreativa acondicionada para la ocasión (DJ incluido) mediante una piscina creada a partir de muelles flotantes donde los asistentes pudieron refrescar los pies, o incluso nadar, en el caso de los más osados. Para los pequeños, montaron un castillo hinchable. También se ofertaron actividades propias del Club Náutico de la Universidad a precios reducidos, tales como paseo en barco, alquiler de canoas, piraguas, etc.

RITMO gente

La idea de mezclar públicos tan heterogéneos (“casi un choque de culturas”, señaló Ángel Stanich), como son los amantes de la música electrónica, «indies» y algunas familias con niños pequeños, también es un rango distintivo del evento, y un riesgo más o menos calculado, imagino. Si resulta acertada esta mezcolanza, dependerá de la experiencia de cada cual, pero lo cierto es que a partir de las seis de la tarde algunos asistentes del festival comenzaron a experimentar los habituales efectos secundarios de “la fiesta”. Afortunadamente para esa hora apenas si quedaba algún niño en el recinto. Es de justicia señalar que, a pesar de esto, el público se comportó mayoritariamente de manera cívica y responsable, más de lo habitual en un evento de estas características.

En lo referente a la organización del mismo, aspectos positivos y otros a mejorar, como dicta la norma. Una de cal y otra de arena. Precios razonables para las bebidas y la comida, pero colas interminables en la caseta habilitada para la venta de tickets. El sonido del escenario de los DJs se colaba (no de manera avasalladora, pero lo suficiente como para resultar molesto) en el de los grupos, que además optaron en su mayoría por formatos acústicos, lo que restó brillo a las actuaciones más intimistas. El staff del festival y del club náutico me resultó agradable en el trato y bienintencionado. Había incluso una persona encargada de recoger inmediatamente cualquier desperdicio que pudiera ensuciar el entorno, chapó.

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Otro aspecto que causó cierta controversia fue la diferencia entre el escenario habilitado para los músicos y el de los DJs. Para los pinchadiscos, un escenario enorme con juego de luces y espacio de sobra para 300 personas bailando. Para los grupos, un escenario reducido, en pendiente (¿tan difícil era poner algunas tablas que igualaran el terreno?) y seis bombillas incandescentes de las domésticas como iluminación (más decorativa que funcional). En todo caso quiero creer que todo esto obedece a un criterio estético; lo cierto es que la integración de los elementos en el escenario de los músicos era muy poco intrusiva y respetuosa con el medio, además de bonita. Pero habría que buscar un término medio entre estética y funcionalidad para la próxima.

Todas estas inconveniencias, aunque resten puntos al global de la experiencia RITMO, son fácilmente subsanables para las próximas ediciones y en ningún caso me parecieron terriblemente graves, sobre todo teniendo en cuenta el cambio en la localización del mismo y la colaboración con un nuevo “partner” (Club Náutico de la Universidad). Lo que sí me lo pareció, es que para acceder al recinto, los que no veníamos en el autobús habilitado a tal efecto, teníamos que aparcar en un descampado próximo a una gasolinera y atravesar una carretera nacional de doble sentido, sin iluminación ni pasos de peatones señalizados. Teniendo en cuenta que desde la entrada del Club Náutico hasta el recinto del festival hay una distancia de más de mil metros (que se te hacen el doble), no creo que sea una locura pensar que hubiese sido más cómodo y, sobre todo, más seguro, habilitar alguna zona de aparcamiento dentro del perímetro.

Pero vamos ya al quid de la cuestión, y lo que nos atañe a nosotros, la música en directo.

Como ya comentamos, ese ambiente especial creado por el emplazamiento, se reflejó en los músicos, en su formato, en el repertorio elegido y hasta en la manera de ejecutar el directo. Y con muy buenos resultados a nivel artístico, qué duda cabe. Por poner algún pero, quizá la excitación y la atención del público no alcanzaron los mínimos recomendables hasta la entrada en escena de los cabezas de cartel. Es lo que tienen los entornos bucólicos, todo se siente de otra manera cuando uno se aleja de la ciudad.

A pesar de que las pruebas de sonido se realizaron sobre la marcha, los horarios se respetaron, grosso modo. Debido a algunos problemas que tuvimos para encontrar el emplazamiento, llegamos tarde y no pudimos disfrutar de la actuación de los prometedores Red Passenger grupo granadino que abría el cartel. Nuestras disculpas.

El segundo grupo en entrar en escena fueron los también granadinos ÉTER, grupo pop con reminiscencias 60’s y psicodélicas. Melodías etéreas y agradables muy en sintonía con el espíritu del festival, pero que quizá no gozaron del sonido idóneo, la verdad sea dicha. Ofrecieron un bonito tributo a Los Pekenikes tocando “Hilo de Seda”.

ÉTER grupo completo

ÉTER CANTANTE

Después llegaría el turno de Fiebre, un proyecto que podría englobarse dentro de la “Sevilla Kosmische” (término acuñado aquí y ahora), que tiene en Fiera/Pony Bravo y Tannhäuser sus puntas de lanza. De momento me resulta más excitante la idea y lo que propone Fiebre, que el resultado final, pero no hay tantos grupos haciendo algo realmente creativo y original (y totalmente “free”) como para no esperar con interés el desarrollo de este grupo. Su mezcla de instrumentales hipnóticos y “droneros” junto a la declamación de Marta Mapache les dan un halo especial, aunque no siempre el resultado sea redondo. Disparidad de opiniones entre el público. Algún espectador dijo “¿Metapoesía?”.

FIEBRE 1

FIEBRE batería

El dúo gaditano Holögrama descargó su atractivo proyecto a mitad de camino entre el rock psicodélico y la electrónica experimental. Quizá sea una de esas propuestas que se aprecia mejor con auriculares y en una habitación a oscuras, pero sí que consiguieron trasladar al directo esa cualidad hipnótica y “espacial” de su música.

holograma cantante 2Holograma 3

El primer momento realmente especial del festival fue el set de Helena Goch, que se presentó delante del público con la única compañía de una guitarra colgada al hombro, como cientos de miles antes que ella en la historia. Lo normal hubiera sido el bostezo y las miradas al reloj, pero lo cierto es que algunos elegidos sólo necesitan eso para conmoverte. Si después de tantos años de gente subiéndose a un escenario sólo con su guitarra y sus canciones, alguien consigue tocarte de nuevo, eso quiere decir algo, y no es nada fácil que suceda. Su folk, frágil y elegante, encajaba como un guante con el entorno, conformando una postal preciosa. Mucha magia, sí señora. Brujería, casi. Julio de la Rosa la acompañó en el escenario para una canción, y el dueto fue fantástico.

HELENA GOCH

Julio de La Rosa y Helena Goch

 

Los sevillanos Hi Corea! resultaron un contrapunto interesante y agradable, situados como estaban entre los sets más acústicos. Sus canciones tienen gancho y personalidad, pero eché en falta algo más de profundidad y pegada en su sonido, probablemente tuvo que ver con el formato elegido para la ocasión, sin bajo ni batería.

Hi Corea

El protagonista de otro de los momentos cumbre del festival, Julio de la Rosa, también se presentó en el escenario con la única compañía de una guitarra. Una guitarra y un “looper”, con los que (a lo Matt Elliott) construyó un pequeño y brillante show. Tiene tal repertorio de buenas canciones que toque lo que toque siempre acierta. “Caprichosa” de su época como El Hombre Burbuja, “Gigante”, “Maldiciones Comunes”… Aunque sin duda lo que perdurará en nuestra memoria fue el instante en el que se desenchufó, y con la única ayuda del sonido sordo del rasgueo en una guitarra eléctrica sin amplificar y los coros del público, nos regaló un instante de verdadera comunión con la audiencia gracias a su canción “Entresemana”. Un acto de generosidad que se ve pocas veces, menos aún en artistas de su talla. Bravo.

Julio de La Rosa

Julio de La Rosa 1

Julio de la rosa 4

Antonio Luque apareció poco después junto a su bajista, Javier Vega. Después de la prueba de sonido bromeó con alguno de los asistentes, bebió alguna cerveza y contempló el bello paisaje. Todo pintaba magnífico, y si no llega a ser por los problemas que tuvieron con el amplificador del bajo, lo hubiera sido. Socarrón, saludó al público con un “¡Hola, bolcheviques!”, y de manera apropiada abrió el set con “El lejano oeste”. El formato acústico (o semiacústico) tiene la particularidad de dejar al desnudo las composiciones, y en el caso de Sr. Chinarro, eso es una ventaja. No descubrimos nada nuevo, pero tampoco está de más recordar lo buenas que son sus canciones, las del último disco incluidas.

Sr Chinarro 2

Sr. Chinarro 1

 

Cerrando el día, prácticamente sin luz, Angel Stanich y Víctor L. Pescador hicieron acto de presencia. Colocaron una tabla de madera debajo de las botas de Stanich, a modo de percusión, y funcionó. Tocaron a oscuras (en serio, no se veía absolutamente nada) y no me pareció que desafinaran ni una vez. Los grupos/artistas podrían dividirse entre los que mejoran en directo y los que decepcionan. Angel Stanich está en la primera categoría, definitivamente. Enérgico y chamánico.

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Ángel Stanich 1

Así terminó, de manera inmejorable, esta tercera edición del festival RITMO, aunque con algunos puntos a mejorar, una experiencia notable, interesante y diferente.

Fotografías: Beatriz Rocamora

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