Vino la música por vigésima vez a las calles de Aranda. Vino del bueno, del de denominación de orígen. Y la música, este año, también. Un cartel dedicado a la música en español, una celebración de cumpleaños memorable, un récord en número de disfrutantes y una convivencia envidiable por cualquier otro evento de este calibre cierran una edición del Sonorama Ribera para el recuerdo.

El festival arandino fue este año cuna y a la vez trono de artistas. Ya lo advertía Javier Ajenjo, organizador del evento, en los primeros días: los futuros cabeza de cartel iban a tener su lugar en el Sonorama. Y cumplió con su palabra. Si no, que se lo pregunten a Rufus T. Firefly o Shinova, que desfilaron fuera de programación más de dos y más de tres veces por los distintos escenarios del festival. Exposición y reconocimiento para ellos, admiración y felicidad para los de aquí abajo. Más acostumbrados al cetro de la fama se sentaban en el trono del escenario Ribera del Duero, bajo la atenta mirada de un Dionisio de decoración onírica, nombres del calibre de Loquillo, Amaral, Leiva, Fangoria o Lori Meyers, sorpresas aparte. Ellos fueron, seguramente, los culpables del mayor aforo registrado por el Sonorama hasta hoy: 25.000 personas al día.

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Aranda de Duero se despertaba de la siesta el pasado miércoles con un Parque General Gutiérrez abarrotado ya de tiendas de campaña 2». La ampliación de la zona de acampada y la creación del nuevo escenario Desperados despistó a más de uno, pero para cuando Amaro Ferreiro, Luis Brea y el Miedo y Rufus T. Firefly habían quemado motores, una multitud nunca vista hasta la fecha en el camping movía la cadera con Varry Brava. Y a dormir, los que puedan, que el jueves se madruga.

La mañana del jueves saludaba a los primeros resacosos y a los que aún seguían llegando a instalarse. El paseo al pueblo para los primeros cachis de Ribercola y cerveza mereció la pena a los que, después de disfrutar de Morgan o Kuve, descubrieron la que sería la primera de una larga lista de sorpresas en esta edición: Mikel Erentxun y Arizona Baby en la mítica Plaza del Trigo. Por las calles empedradas de Aranda podíamos encontrar hasta tres generaciones distintas, unidas por las 100 gaviotas de Duncan Dhu y el espíritu festivo que empezaba a invadir ya la localidad.

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Los que ya tenían la bendita pulsera pudieron empezar la tarde con las actuaciones del asturiano Nacho Vegas, Polock o Annie B. Sweet, pero los recién llegados tuvieron que sufrir unas colas que a punto estuvieron de dejar fuera a más de uno para el plato fuerte de la noche: el concierto 20 años de Sonorama, en el que no faltaron nombres esenciales del panorama español de ayer y de hoy. Niños Mutantes, la Habitación Roja, Izal, León Benavente, Lichis, El Columpio Asesino o Dorian son solo algunos de los que honraron con gracia temas propios y ajenos.

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La banda capitaneada por Charlie Bautista dirigió con batuta un concierto que nos recordó mucho a aquella Plaza del Trigo en 2015, donde un puñado de artistas de postín se reunieron para rugir por el proyecto solidario Leaozinho. La banda emocionó a todo el púbilco con un sentido LN Granada que mandaba fuerzas a sus compañeros de Supersubmarina y el concierto se cerró con dos imprescindibles del Sonorama: Xoel López e Iván Ferreiro cantando mano a mano Turnedo y todos artistas unidos interpretando Que no, de Deluxe.

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Tras bajarnos de la nube nos acostumbrarnos al paso de la noche con Loquillo y para entonces lo de Nocturnal ya estaba chupado con Amaral, que sorprendió por su potencia en directo y una puesta en escena visualmente preciosa. A Eva la veríamos de nuevo más tarde a los mandos del DJ Set. Dorian sigue igual que hace diez años y un día, y dos apagones de luz durante su actuación quizás quisieron animarlos a pasar página de ese día tan largo. La apuesta más marciana y arriesgada de la noche fue el Langui, que terminó justo a tiempo para que el cada vez más númeroso y entregado público de Dinero les rindiese pleitesía a lomos de la madrugada.

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El viernes, con sus duchas heladas mañaneras y su barra de camping abarrotada acogió a la mayoría de los que se desplazaban a Aranda de Duero desde diversos puntos de España. Las plazas de la Sal y del Rollo fueron hogar para muchos demasiado cansados como para encontrar acceso a la abarrotada plaza del Trigo, que acogió a León Benavente como artista sorpresa entre sus balcones. Los locales han tomado mayor protagonismo este año, y en uno de ellos, Le Club, tuvieron lugar los showcases de los más que patrocinados en este festival Shinova y Rufus T. Firefly. Los afortunados que lograron acceder al bar gozaron de una cercanía inusual con los artistas, causa quizás de la implicación que estos mismos mostraron con su directo.

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El problema de las colas a la entrada del recinto persistió durante la segunda noche dado la gran afluencia de público, algo que la organización ya se ha comprometido a solucionar para la siguiente edición. Al menos este año había un escenario sobre sus cabezas, el pórtico entrada Heineken, que amenizaba la espera con distintos djs.

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Otro escenario singular era la Carpa Circo Meetin Arts, que atrajo a más de uno a su interior por su estética circense. Sexy Zebras abrió la tarde para los escenarios principales en una jornada en las que muchos saltaron de escenario a escenario, sin encontrar descanso. La calidez de Iván Ferreiro nos hizo sentir como en Casa y fue llenando el recinto con espectadores que ya guardaban primeras filas para unos festivos Sidonie y, sobretodo, Leiva.

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Este último fue uno de los conciertos más atestados de gente, en el que se agradecieron las pantallas gigantes distribuidas por el area. Tras un nostálgico repaso por el Pereza de nuestra juventud y el concierto de uno de nuestros gallegos favoritos, Xoel López, comenzó la verdadera fiesta para muchos. Fangoria, con un falso directo que duele casi más que su caché, dio espectáculo repasando himnos conocidos por todos. La casa azul recogió el testigo pop y cerró la noche para la gran mayoría de asistentes que quedaban en pie. Los que echaban de menos algo más internacional pudieron disfrutar de un homenaje al disco de oro de Radiohead, OK Computer.

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En invierno y en verano, el buen dormir es en sábado. Y como el clima de Aranda es desértico de día y criogénico de noche, eso es lo que sucedió. Los madrugadores fueron pocos y lo fueron poco, pero aun así las calles del pueblo ya establan repletas para una de las sorpresas más anunciadas del festival: Izal regresó cuatro años después a la plaza que los catapultó a donde se encuentran hoy en día, bastante más repleta que en 2013. El escenario Santa Catalina fue una de las apuestas del festival por llevar la música a todos los rincones de Aranda. A él se subieron, con alguna dificultad técnica, Rufus T. FireflySecond y la segunda apuesta bizarra del Sonorama: Paco Clavel.

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Despúes del cachi más baile obligatorio en la Plaza del Rollo, Viva Suecia y Delafé estrenaron la última gran noche. Mientras unos cenaban en la zona Market, fruto de la ampliación y redistribución del recinto, y otros esuchaban a unos Lori Meyers algo deshinchados, los rumores acerca de qué sería la Tarta de cumpleaños no hacían más que acrecentarse. Ilegales apagó las luces al tiempo que se desplegaba un telón blanco cubriendo todo el escenario principal. En este improvisado cine se proyectaron emotivas fotografías de los últimos veinte años de Sonorama, sus carteles y un agradecido mensaje de Supersubmarina.

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A continuación, aparecieron tras aquella gigantesca sábana Los Planetas, que dieron un concierto adornado por fuegos artificiales con todo el sabor de los veinte años que se celebraban. Muchos espectadores decidieron marcharse al comprobar que la sorpresa no traería a Vetusta Morla al escenario. Además, las pantallas gigantes permanecieron en negro, sin compartir el concierto con las filas traseras, lo que hizo abandonar el recinto a muchas más personas aún, creando algún que otro tapón en la salida. La noche se cerró con la última de las sorpresas: Monarchy.

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El domingo fue día de retirada para muchos, que no quisieron irse a casa sin volver a disfrutar por última vez del ritmo en las calles de Aranda. Depedro, Nixon y Correos caldearon el ambiente para otra de las sorpresas más esperadas del festival: el homenaje a Supersubmarina. Sidonie fueron los encargados de conducir un show que reunió a artistas de la talla de La Habitación Roja e Izal, rememorando algunos de los temas más conocidos de la banda jienense. ¿A que no adivináis quién más andaba por alli? Has acertado, Shinova y Rufus. Si te lo perdiste lo puedes escuchar en Radio 3.

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Los que no tenían que hacer aún las maletas pudieron disfrutar sin prisas de los distintos djs repartidos por el pueblo hasta la noche. En el camping, mucho más vacío, tuvieron lugar los conciertos de Rusos Blancos, Tachenko y Nunatak, acumulando un pequeño retraso en horarios que se arrastró toda la noche. Hasta 8.000 personas esperaban impacientes por la aparición bajo los focos de una banda que hizo disfrutar como niños a todos los asistentes: Camela. Con una ristra de himnos insertados en la memoria de todos cerraron el festival con un aforo jamás imaginado en el camping.

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Esta es la historia del 20 cumpleaños del Sonorama. Una edición de sorpresas, de entradas agotadas, de apoyo a artistas emergentes, de homenaje y de recuerdo. De gastronomía, de amistad. De vino, trigo, lechazo, sal, música, charcos y amor. ¡Nos vemos el año que viene, sonorámicos!

Fotografías: Cris Molina
@sunsetandmusic

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