El pasado lunes cinco de marzo Milky Chance colgó el cartel de sold out en la sala Razzmatazz de Barcelona. En su paso por la ciudad condal presentaron una buena parte de Blossom, su último trabajo, y deleitaron al público con algunos de los temas que les hicieron saltar a la palestra hace ya tres años.

La banda alemana comenzó la noche sacando toda la artillería pesada de su último LP, Blossom. Con un escenario rebosante de color y unos coros entusiastas nos presentaron temas como Clouds, Ego o la homónima Blossom. Cabe destacar la acogida por parte del público de temas relativamente nuevos. Tan solo han transcurrido unos meses desde el lanzamiento de este nuevo trabajo y las letras -aun en inglés- eran coreadas por una buena parte de los presentes.

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Unas introducciones muy elaboradas, construidas a partir de pregrabados, encaminaron el siguiente par de canciones. Esta estrategia de adaptación al directo de títulos como Firebird no hace más que dejar patente el creciente gusto de los chicos por los colores electrónicos. El coqueteo con este estilo de música se mantuvo presente durante toda la velada, y quizás este sea el origen de una línea evolutiva a desarrollar en sus futuros proyectos.

Una inteligente disposición del setlist puso sobre el escenario en este punto uno de los temas icónicos de la banda. Flashed Junk Mind acabó por encender de todo al público, al que con parcas palabras de bienvenida ya tenían en el bolsillo antes incluso de salir a escena. La tónica dominante de este momento en adelante y durante todo el concierto fueron las palmas y y los aullidos de la audiencia.

A continuación se presentó bajo los focos otra de las protagonistas de la noche, y una de las más aclamadas: la armónica. Este instrumento protagonizó unos solos e introducciones repletos de personalidad, como los de Peripeteia o Cold Blue Rain. Junto al riff introductorio de Down by the River, al más puro estilo guitarrero español, esta fue la apuesta instrumental más llamativa de la noche. De este último tema cabe destacar la rica paleta rítmica de la batería y la enérgica y comprometida puesta en escena de todos los miembros de la banda.

Pasado el ecuador del concierto, los contrastes entre temas bailables y más relajados dinamizaron la parte central del espectáculo. Un juego de luces aclamable tiñó de colores vibrantes temas como Sadnecessary, Alive o Bad Things. El grupo se dirigió en muy pocas ocasiones al público y aprovechó sus minutos sobre el escenario para tocar el máximo de temas posible. Tácticas como las mencionadas luces o un orden muy cuidado del setlist hicieron que los dieciocho temas que tocaron en total no se hicieran para nada pesados.

La recta final del concierto se resolvió con los elementos dominantes del show reapareciendo en tres canciones de (a priori) despedida. La batería añadió un color más a su repertorio de la noche con Fairytale, protagonizando un solo de ritmos próximos al reggae que no nos dejó indiferentes. Y como en la variedad está el gusto, la armónica volvió a tomar la batuta para ponerle un poco más de amor a Loveland. La canción que cerró el concierto teórico fue Cocoon. Antes de poder entonar dos notas, el público ya había hecho el tema suyo. Y así, entre bailes y luces multicolor el conjunto se despidió de los asistentes.

Como cabía esperar, la banda no tardó en regresar al escenario, aclamada por sus seguidores. Entonces introdujeron la cover de la noche: The Dreamer, the The Tallest Man on Earth. Se trata de un tema que acostumbran a tocar en sus directos y el público esperaba ansioso.

Había llegado el momento, y la penúltima posición de la lista fue para la canción que hizo sonar el nombre de Milky Chance por todo el mundo allá por 2014. Stolen Dance sacudió Razzmatazz de arriba a abajo sumergida en luces tecnicolor y coreada por todos los presentes. Como piezas de tetris, sus últimas notas quedaron colgando en el aire hasta fusionarse con las primeras de Sweet Sun, el último tema de la velada. Tras una ovación larguísima y un thank you so much Barcelona, la banda se retiró de manera definitiva y puso rumbo a Madrid para seguir haciendo de las suyas.

De que a Milky Chance se le quedó pequeña la sala, no cabe duda. El concierto del que aquí se narra tuvo que mudarse de Apolo a Razzmatazz por cuestiones de espacio, y aun en la segunda sala colgó el cartel de «todo vendido» con meses de antelación al bolo. La curiosidad por descubrir Blossom, su directo lleno de energía positiva y la evolución estilística a la que asistimos son sin lugar a dudas algunas de las poderosas razones que explican su éxito. ¿A qué escenarios los llevará su próxima gira? Nosotros nos imaginamos, en un futuro no muy lejano, un Palau Sant Jordi sin ningún problema. Tiempo al tiempo.

 

 

 

 

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