El pasado Sábado 13 de Junio, nos dirigimos hacia el Prat del Llobregat, con motivo de los directos de Bigott y La Bien Querida. Íbamos con algo de prisa de un día agitado, con el nerviosismo de llegar tarde y con la típica sensación en esas ocasiones de que el minutero corre más rápido de lo normal. Finalmente llegamos a La Capsa a la hora y nos dirigimos hacia la entrada intentando recuperar el aliento.

Empezó La Bien Querida en un formato que no esperábamos, en acústico. Dos guitarras (la de ella y la de su pareja y compañero de grupo David Rodríguez) y un portátil que se encargaba de la percusión y los sonidos pregrabados de algunos temas. Ese formato en sí y todo el conjunto en general, hizo del concierto de La Bien Querida, un directo mucho más intimo y romántico si cabe.

Todo empezó suave y dulce, algo que nos fue genial para normalizar nuestras pulsaciones y hacernos ver donde estábamos, hasta que llegó «Bendita«, dando un giro al directo y respirándose un sonido más contundente y con más cuerpo, tanto en sonido como en la iluminación de la sala. «Arenas Movedizas» hizo entrar en juego al portátil, con la base electrónica que la compone y dando un vuelco más bailongo y movido. Pese al directo cercano y bien estudiado que ofrecían, el público se mostró frío, tranquilo y en ocasiones, las bases electrónicas en un formato tan natural como puede ser el acústico, se mostraba truncado por un sonido algo enlatado.

Nunca había visto a La Bien Querida sin el conjunto al completo y sinceramente, tenía mis dudas de como sonaría «9.6» de esta forma, pero finalmente cuando lo hizo, me atrevería a decir que sonó aún mejor que en su versión original y con un sonido más acorde a lo que transmite su letra. Hubo incluso tiempo para un guiño a nuestros queridos Los Planetas con la canción en la que ella colabora «La Veleta«.
Sin duda, La Bien Querida, sabe poner los pelos de punta cuando sube al escenario y nosotros, nos rendimos ante ella y «Morimos de Amor» una y otra vez escuchándola.

Era el turno del único y característico Bigott, acostumbrado ya a sus directos, me dio la impresión de que empezaron a tocar algo distantes e incómodos en general. Todo cambió cuando su vena «showman», se hizo latente ante el humo y los focos del escenario e hizo estallar las primeras carcajadas en la sala, eso me recordó, quien había encima del escenario y que estábamos ahí para bailar, reír y divertirnos con él.

Pese a encontrarlos más serenos y serios que nunca, los conciertos de Bigott son como asistir a un ensayo de unos colegas, sabe que está ocurriendo siempre en el público e interactúa, como si a cada uno de nosotros nos conociera de toda la vida y demostrando así, que se vuelca por cada una de esas personas que le acompañan. Cantando canciones en francés a capela o incluso se atrevió, con un tema de Phil Collins, a petición de alguien del público, porque si, por que le apetece y porque cada directo de Bigott es diferente, especial y más surreal que el anterior. Se respiraba buen ambiente en el escenario y eso se transmitió al público, que después de un par de temas, lo tenía bailando y ya en su bolsillo. La fiesta vino con su hit «Cannibal Dinner«, donde la sala estalló para quemar nuestras ultimas energías e irnos a casa con una sonrisa.
No sabemos si el bigote de Bigott será su talón de Aquiles, pero si es así, esperamos que jamás se haga con una Gillette.









