Ni el cielo amenazando tormenta, ni que la Selección Española de Fútbol jugando unos kilómetros más allá, empañó la gran velada que nos hizo pasar Carmen Boza en El Gran Café de León.

En un formato acústico y limitado, la cantautora gaditana se presentaba por primera vez en la capital leonesa junto a su compañero Toni Brunet con su primer largo La mansión de los espejos.

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Arrancó con el tema que da título al trabajo y calentando desde el primer instante esa noche de junio que más bien era fresca, enlazando tras ella con “Culpa y castigo” y “No me parezco”, siendo en este tema cuando saludó al público con un alegre “¡Buenas noches, leones!”.

Añadió igualmente que, tras un intento fallido, se encontraba por fin en esta ciudad, en la que aseguró que era “un auténtico placer” y que “se encargaría de hacernos pasar un buen rato”, sonando a continuación los primeros acordes de “El mayordomo”, descendiendo el ritmo en la sala, mientras el público guardaba un respetuoso silencio.

Con “El ejército” se cerró la primera parte del bolo, asegurando igualmente que esa noche rescataría tanto temas del LP como maquetas.

Recalcó en numerosas ocasiones que la hubiéramos preferido a ella antes que “a veintidós machos detrás de una pelota”, a lo que alguien contestó con la palabra “vozarrón”. Ella, lejos de amilanarse, y oliéndose el doble sentido (y la salvedad ortográfica) replicó con un “eso ya lo inventaron los Beatles”.

De la misma forma, con cada tema hacía una pequeña presentación (o más bien monólogo, con su desparpajo andaluz y copa de vino en mano) pudimos comprobar de primera persona  que todos sus temas se basaban en acontecimientos que todos hemos sentido alguna vez en nuestras vidas: Desengaños amorosos, amistades rotas, el primer amor… “Disparate”, “Nana noir”… son solo algunos ejemplos.

Hizo otro inciso con “Delirios”, apuntando al respecto que ese fue el primer tema con el que se dio a conocer a través de redes sociales varias, por puro placer, y que no esperaba tener la reacción en cadena de la que actualmente goza. Se sintió orgullosa de que lo hicieran suyo tantos colectivos sociales, fueran de la edad fue fueran, y lo cantó con tanto sentimiento que a más de uno se le pusieron los vellos de punta.

El ritmo volvió a subir con “Señales”, en la que los rasgueos de su guitarra acústica elevaron la intensidad, al igual que la atmósfera de la canción.

Las palmas, primero de ella y luego del público, se rindieron ante los bises “Mi do menor”, “Fieras” y, sobre todo, con “Octubre”, donde se puso punto y final a una noche especial, llena de atmósferas, recovecos, y espejos, donde la propia Carmen nos invitó a mirar desde el primer acorde.

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