La primera escucha de un álbum siempre resulta especial y más para aquellos románticos que seguimos desmenuzando los discos de cabo a rabo. Compartir la electricidad recibida puede ser prejuiciosa, desconcertante o mágica tal vez. Aun así, había una obligación en la que la parada no me permitía ceder el paso. Hablo de las primeras sensaciones recibidas al escuchar por primera vez, excepto los adelantos, el nuevo trabajo de Leiva.

monstruos leiva

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Le damos al play y va progresando el volumen y el sonido hasta llegar al ahogamiento de unas lágrimas en el fuego. Despega “El último incendio”. Despega dejando atrás ese Aviones que le posicionó en otra liga de nuestro cancionero. Y sigue alzando el vuelo, luchando por tocar el cielo. Va evolucionando hasta unos gloriosos coros amparados por Ovidi, de Los Zigarros, y su hermano Juancho, con los cuales alcanzan cualquier resurrección. Bendita la percusión, que suena con una fuerza descomunal a lo largo del tema.

Estalla el segundo tema y con él se reconoce la “Guerra Mundial”, tema publicado con anterioridad hace cinco semanas. Sin duda, el tema más diferente y agradecido de todos sus avances. Entre su diferenciación nos encontramos toques que nos recuerdan a la banda cósmica Mucho y la cual nos encaja a la perfección en la voz de Martí Perarnau.

El primer single rompe con la tendencia de aparecer en el segundo escalón, ya que esta vez se retrasa hasta el tercer lugar de este elepé. Con casi 1 millón y medio de visualizaciones en Youtube se posiciona su videoclip en solo dos meses. Con éste estamos ante uno de los temas más reconocibles de Leiva, gracias a esos coros y a ese sonido tan de película del oeste que continúa la transición de “Terriblemente cruel”. “Sinceridio” a su vez disfruta de esas melodías y estribillos que popularizaron hace décadas artistas como Jose Luis Perales, Raphael o Nino Bravo.

Comentaba Lei que “Breaking bad” era una de las canciones donde más se notaba la presencia de Raya y ¡vaya que si se nota! Desde el principio y hasta el final Carlos, productor del disco, personaliza con sus cuerdas versos como “Ábreme los ojos, lánzame a las vías” mascando en nuestras retinas trágicas imágenes que sonorizar.

Recuperamos con “Dejándose caer” esas películas que transcurren por las cadenas de las comunidades autónomas para viajar, una vez más, al oeste. Estribillo muy común en el repertorio del madrileño el que recibe este tema. Este corte disfruta de la repetición de una solitaria frase, a ritmo lento y alargándolo hasta la falta de aire. Destaca la quinta marcha que algo más tarde introduce en el ritmo de uno de sus versos.

“La lluvia en los zapatos” nos salpica a su etapa más Pereza. Si hay alguna canción que nos recuerda a ese rock de barrio y chulesco del de Alameda sin duda es esta. Un tema que se cuela entre nuestras quinielas para servir de segundo single de Monstruos, debido a su facilidad y amabilidad de escucha.

Los Secretos, Nacha Pop y esos héroes del pop de nuestros ochenta nos entran en la cabeza desde la primera milésima de “Hoy tus ojos”. Todo parece haber sido un espejismo, puesto que rompe el estribillo y nuestros héroes se nublan. Aun así, de nada sería extrañar que Antonio Vega la hubiera versionado o Álvaro Urquijo se animase próximamente. Termina el tema, pero en mi cabeza sigo escuchando a Urquijo y Vega entonando: “Vámonos a los tejados con los gatos amor. Hoy tus ojos, mañana el mundo, algún día los dos”.

Los “Monstruos” se cuelan. Con acústica y voz, prácticamente, comienza. Presume de una letra tan infantil y protectora que nos traslada a lo que podría ser una nana rockera. Cantemos a nuestros descendientes eso de: “Que todos esos monstruos debajo de la cama se cuelan en tus sueños tan rápido. Impúlsate en mis hombros, apóyate en mi espalda, perdona si no prende la llama”.

El último desfile de los previos lanzamientos fue “Electricidad”. De nuevo la escucho, y me deja durante unos segundos estático sin la suficiente capacidad para reaccionar. Disculpad mi osadía al afirmar que estamos ante una de las canciones más sobresalientes de toda su trayectoria. La que parece una de esas baladas tranquilas cobra una fuerza en el estribillo que DESTROZA, con todas las letras, con mayúsculas. Con lo tranquilitos que veníamos de estar con «Monstruos»… No sé si Leiva será consciente de la cría que acaba de lanzar al mundo, pero el parto convencido estoy que tuvo que ser de lo más doloroso. De lo más satisfactorio.

“Medicina”, es lo que requiere nuestra cabeza para sobreponerse de lo que acaba de escuchar. Perdido estoy entre la conexión de ambos temas, pero es que sigo sin encontrarme, sigo electrocutado. Los escasos segundos en los que voy recuperándome mi cabeza renueva a Pereza, como ya habíamos comentado con «La lluvia en los zapatos». En otra escucha será…

Con el susurro de “1, 2, 3”, empiezo a soltarme los primeros rasguños de la corriente. Comenzamos “San Sebastián – Madrid”; lento, sin prisa, haciendo el viaje por carreteras convencionales. De noche, con nuestro acompañante mirando de reojo para evitar dar la cabezadita y nosotros con miedo de exaltar nuestra relajación… Para evitar la tragedia, pasados los dos minutos y medios se nos pone en sobre aviso con una tensión sonora que divide la repetición de los estribillos.

Con el piano por bandera, como acostumbrados nos tiene en todos sus cierres de discos, “Palermo no es Hollywood”, desenlaza el viaje de Monstruos. Esta canción fue terminada durante su última gira por Argentina. Por ello, homenajea y recuerda a ilustres figuras de allá como Andrés Calmaro, Fito Paez, Pappo y Charly García.

Leiva

Y Monstruos dice que nos echa de menos al terminar tras 47 minutos y 12 canciones. Acaba y me pregunto por su juicio, ese que tan complicado se presenta con una única escucha. Es una continuación del Leiva de siempre, de Diciembre y de Pólvora. ¿Progresiva o regresiva? Las escuchas lo dirán.

Los temas evolucionan –algunos-, otros continúan estancados, quizás algo agotados. Pero alguien dijo que el agotamiento te da cierto estado de gracia. Ese estado lo guarda este trabajo, igual que la personalidad del madrileño. Además esconde uno de los detalles más importantes de cualquier artista: facilita el reconocimiento de su propia identidad a partir de escasos segundos de canción.

Sea como sea, Leiva se hace mayor, sus temas se relajan sin perder fuerza y sus letras continúan sobresaliendo como hace tiempo lleva haciendo. Cuando las canciones te penetran desde el primer momento, terminan agotándote con extremada brevedad. Leiva no ha conseguido engancharme: ¡enhorabuena! Monstruos, lo estás haciendo muy bien.

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