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Desempolvando discos para al próximo Bilbao BBK Live, que se celebrará del 11 al 13 de julio, me he topado con él último álbum de Arcade Fire: WE (Sony/Columbia, 2022).

Y me he dado cuenta de algo: este trabajo defiende un mensaje de unión más potente que cualquier discurso de la ONU. Si aún no lo has escuchado, te dejo aquí el tracklist y te explico por qué.

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Rebobinemos

El sello característico de Arcade Fire es la introspección. Aunque se dejan ver a menudo por festivales, frente a un público con el lóbulo prefrontal anegado en alcohol, sus canciones exploran en realidad temas de interesante calado filosófico:

  • La identidad
  • La alienación
  • La sociedad
  • La existencia
  • Los vínculos

Su último álbum: WE

Gestado en plena pandemia, transita del pesimismo de un mundo roto e individualista a la esperanza compartida de su reconstrucción.

Este disco es una suerte de reseteo tras los juegos experimentales de Everything Now (Columbia/Rough Trades, 2017). En su viaje de vuelta a lo básico, Arcade Fire se sirve de una estructura dividida por partes que teje diversos ambientes sonoros. Indaguemos en ellos.

Age of Anxiety I y II

El disco comienza con el latido acelerado de “Age of Anxiety I”, retrato taquicárdico de una sociedad angustiada y sin rumbo.

Portada del libro Age of Anxiety Al igual que en el poema homónimo del escritor W. H. Auden, el vértigo existencialista asoma por el precipicio en cada estrofa.

It’s the age of doubt
And I doubt we’ll figure it out
Is it you or is it me?
The age of anxiety

Fight the fever with TV
In the age where nobody sleeps
And the pills do nothing for me
In the age of anxiety

Frases truncadas, voces dementes en bucle y contradicciones no resueltas desembocan en la segunda parte de la canción.

Entonces, los niveles de ansiedad se rebajan para dar paso a la depresión camuflada tras la rutina. Plastificamos nuestro alma con coches caros, teléfonos nuevos y televisiones siempre encendidas mientras un coro inquisitivo clama al cielo.

El concepto iterado de “rabbit hole” describe la ineludibilidad de nuestro destino y varias pinceladas mitológicas ilustran un escenario desesperanzador:

  • El vuelo de Ícaro, alentado por su padre.
  • Un apocalipsis manifiesto en plena Arcadia.
  • La mismísima Acrópolis en llamas.

Prelude

El sonido de este track no está claro. ¿Un tambor de guerra? ¿Una bomba? ¿Un edificio derrumbándose? ¿Una bengala pidiendo auxilio? Tu interpretación es bienvenida en comentarios.

explosión

En cualquier caso, este puente parece el detonante de la batalla que está por librar la humanidad en los siguientes minutos del disco.

End of the Empire I-III y IV

Las tres primeras partes, aglutinadas en un solo track, son el “todo está perdido” del álbum. La miseria está servida y suena así:

  1. Primero, un piano lacrimoso evoca todo lo que un día fuimos (y ya no): paisajes, canciones y vínculos.
  2. A continuación, se incorporan los metales para llenar de solemnidad el entierro de la nación.
  3. Por último, una percusión marcial sepulta definitivamente toda esperanza.

La parte IV es un tema-bisagra entre la observación estática de la catástrofe y la toma de cartas en el asunto. Cierra el ciclo de la melancolía con una clara intención que podríamos traducir como “bajarse de la vida” (literalmente ‘unsubscribe’, como si fuera una newsletter).

Incluso fantasea con lo que ocurriría si fuésemos engullidos por el agujero negro Sagitario A*. Curiosidad: este fenómeno cósmico podría ser el mismo que inspiró a Muse en la siguiente canción.

The Lightning I y II

¡Chan, chan! Llegó el punto de giro de esta historia. La primera parte continúa en el territorio de la hostilidad, bajo un cielo envenenado de falso patriotismo y fariseos.

Entonces, un rasgueo enérgico de guitarra atraviesa como un rayo de optimismo, cubriendo a la humanidad de esperanza. La era del individualismo se tambalea al mencionarse por primera vez la primera persona del plural: WE.

We can make it if you don’t quit on me
I won’t quit on you
Don’t quit on me

La segunda parte es para mí el hit del álbum. En ella, ‘The Lightning’ (no confundir con ‘el Fulgor’ de Nacho Vegas), parece una metáfora de los “momentos de la verdad” de la vida. Aquellos que te hacen clic.

Unconditional I y II

De la savia del mundo reconstruido, nacerán brotes verdes. Nuevas generaciones como el niño al que aconseja la banda en esta canción, con unos coros mucho más alegres y juguetones. Algunos mensajes clave:

  • Está bien estar triste.
  • Errar es humano.
  • Nadie es perfecto.
  • Y demás frases de Tumblr.

La segunda parte, liderada vocalmente por Régine Chassagne, ofrece una visión muy optimista del futuro de la humanidad. El ‘nosotros’ no atiende a razas ni religiones; lo une todo bajo un arcoiris de amor.

I’ll be yours
You can be mine
Love unites
Breaking as the light divides
Into the color of your eyes

Por cierto, ¿la imagen de los dos últimos versos no os recuerda mucho a algo? Pista:

dark side of the moon

WE

La última canción, titular del disco, comienza con el anuncio de ‘próxima parada’ de un tren. Dejando atrás la euforia constructivista, este tema habla desde la serenidad de quien sabe dónde va y cuál es el camino para llegar ahí: el sostén social.

El disco funde a negro soltando lastre y remarcando (por si cabían dudas) que el viaje de la vida merece la pena.

When everything ends
Can we do it again?

En resumen

WE es un álbum con dos marcadas partes: el aislamiento y la reconexión. En formato vinilo, de hecho, cada cara corresponde a una de ellas.

vinilo WE

El mensaje del disco no se estanca en la pesadez de la pandemia, sino que avanza hacia la promesa de un mundo mejor, solo posible mediante la unión de las personas.

Las divisiones por actos gustan mucho a artistas con marcado sesgo conceptual o que se encuentran en una fase más simbólica. Por ejemplo, La Ley Innata de Extremoduro (Warner Music, 2008) o El mal querer de Rosalía (Sony, 2018).

No solo la música se ha adueñado de esta división por partes, original de la literatura. También está de moda en el medio audiovisual, como acusan las películas de Wes Anderson o la oscarizada Everything Everywhere All At Once (Kwan y Scheinert, 2022).

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