Alburquerque abrió las puertas a centenares de personas que se desplazaron hasta su ladera emblemática para ver desfilar a algunos de los grupos de pop más importantes de nuestra historia reciente. Poco más de una veintena de bandas que pasaron por el festival durante el viernes y sábado a la espera de unos poperos hambrientos de melodías pegadizas, cervezas económicas y unas vistas hacia el castillo de lo más románticas. Cualidades que junto a su historial le dan un encanto al festival extremeño a la altura de muy pocos, motivos que quizás hayan hecho que ya lleven 23 ediciones a sus espaldas.

El viernes inauguraron los conciertos “gratuitos” de la piscina en manos de Hawai Five. Tirando de un set repleto de versiones intentaron animar a una piscina aun dormida. Cariño fueron las siguientes con un estreno (y de verdad, porque fue su primer concierto juntas) con casi tantos errores como encanto. Interpretaron algunos de sus nuevos temas demostrando que en cuanto perfilen detalles estaremos ante una de las bandas de pop más divertidas y carismáticas, gracias a ese sonido poguero ñoñas que combina lo mejor de bandas como Los Punsetes, La Bien Querida o Nosoträsh. Capitán Sunrise, los más populares de la piscina, terminaron de acercar a decenas de asistentes a escuchar sus canciones mientras aprovechaban el 2×1 en bebidas.

El escenario de Las Laderas abrió a las 20 horas para inaugurarlo Sierra, protagonistas inconfundibles del festival gracias a ese hit poperazo de “A ninguna parte”, que sirvió como banda sonora del evento para dar la bienvenida a cada actuación. Los Punsetes le siguieron en un horario que no les hicieron honor a sus temazos cargados de rabia y pop, con un recinto que se fue llenando de manera paulatina.

Llegaban los dos momentos de éxtasis de la noche para muchos asistentes. La Habitación Roja, con un concierto repleto de grandes éxitos, hizo de preludio del concierto estrella del festival. Lori Meyers, con un directo espectacular tanto sonoro como visual, fueron los responsables de uno de los mejores directos del Contempopranea 2018 gracias a su imparable carrerilla de hits. Con los granadinos estamos ante, seguramente, la banda nacional que más himnos ha otorgado a la escena alternativa: “Mi realidad”, “Tokyo ya no nos quiere”, “Emborracharme”, “Luces de neón”, “¿Aha han vuelto?”, “Alta fidelidad”, “Luciérnagas y mariposas” y un sinfín más de temas que hicieron más que lógico el homenaje del festival.

Grises, con un sonido no muy favorecido, volvieron a levantar polvo en la pista gracias a sus temas con los que es imposible demostrar inamovilidad. Miranda!, unos de los regalazos de este festival desde Latinoamérica, pusieron uno de los puntos diferenciadores del festival. Los argentinos ofrecieron una orquesta verbenera de pop, incomprendida para la mayoría, pero de gran personalidad que no a todos puede agradar.

Carolina Durante, banda revelación de la temporada, ofrecieron uno de los más decepcionantes shows de la edición. Decepción a causa de la alta expectativa que sobre ellos había y por un sonido pobre que estuvo a años luz de la grandeza innegable de sus temazos. L Kan pusieron a muchos el broche final de la jornada por un comienzo de concierto que, a pesar de su buena actitud, no logró encajar en los asistentes por su excesiva parafernalia y griterío sin sentido.

Amaneció el domingo con muchos asistentes que iban directos al césped de la piscina con las pupiladas dilatadas de no sé qué cosa que debían dar en el after más popular de los festivales nacionales. Puzzles & Dragones y Nuevos Hobbies ofrecían las actuaciones de la piscina de la jornada del sábado.

Más tarde, las Laderas eran inauguradas por Artista Fiera. El Buen Hijo demostró que, a pesar de que su pop no ofrece nada nuevo que no se haya hecho antes en la escena, consigue un repertorio de canciones con letras mimadas y preciosas melodías, reuniendo lo mejor de cada casa popera. La Bien Querida, una de las más sobresalientes autoras nacionales, decepcionó con una desgana peligrosa que aburrió incluso a sus mayores incondicionales.

Tras Ana y su banda llegaba el momento cima de la noche. Izal dividió al festival como a los seguidores del Partido Popular, que ese mismo día elegían a su nuevo líder político. España en ese momento estaba seccionada entre Sorayistas y PabloCasaders, y entre los que querían ver a Izal con los brazos pinturrajeados de dedicatorias a la banda y los que aprovecharon el barullo del recinto para cenar fuera de él.

Los que en el recinto se quedaron afirmaron que los Izal habían sonado muy bien en sus dos horas de concierto. Mientras, a los que las tripas le sonaban, las pizzas, burguers o raciones de la plaza le supieron mejor que a los fans de Oasis el reciente dardo de reunión de los Gallagher.

Dorian, con un último disco incomprendido y al cual parece que se le ha dado la espalda por muchos “indies”, dieron un gran show del que tiraron de clásicos y de otros recientes de Justicia Universal. Se esperaba con ansia la colaboración con León Larregui de “Duele”, puesto que tocaban después, pero se quedó en las ganas y esperanza. Zoé, con gran retraso en estos últimos conciertos, saltó al escenario con un número de asistentes muy por debajo del merecido. Directo regular, en lo que a linealidad de giros en los temas se refiere, pero de impecable resultado sonoro con el que explican el por qué se sitúan como la banda hispana más importante del mundo.

Varry Brava empolvaron las zapatillas de los que todavía quedaban por el recinto casi tanto como la mayoría de orificios nasales de las ocho de la mañana. Fônal interpretaron antes de los djs las últimas canciones en directo, las cuales por momentos se habría agradecido un cartel que dijera NEXT.

Sin embargo, Jota Pop & Retrovisor DJ cerraron el festival por todo lo alto que le permitió la escasa media hora que los retrasos le provocaron. Simulando a los Beatles, gracias a sus liverpoolianos atuendos, cerraron con “All you need is love” esta nueva edición del festival extremeño.

El Contempopranea, cuna del pop en España como muchos lo definen, se ha quedado en la cuna de mamá y papá también por su prematura organización. Falta de baños, falta de casetas para retirar tokens, grupos sin recibir un solo euro por tocar en la piscina, seguratas que dejaban las muñecas sin respirar para evitar la retirada de las pulseras, tiempos muertos sin espectáculos entre actuaciones, bandas con cero actitud sobre el escenario y una larga clasificación de puntos negativos que dificultarán el crecimiento del festival.

Aun así, impecable el detalle de homenajear a un actor de la música, como este año a Lori Meyers. También el cariño de un pueblo volcado en atender a unos “forasteros” con ansias de cerveza y cuyos precios mantuvieron estáticos y de lo más económicos, a pesar de que podían haberlos elevado y haber doblegado beneficios.

El Contempopranea demostró su amor por el pop y la cultura musical general, siendo el único festival que en la actualidad se atrevería a poner canciones como “Los Planetas” de La Buena vida, tan alejado de las tendencias y moda de los festivaleros de 2018. Estos gestos hacen que arrastren a un público alejado de millenialls, indies de tercera o adictos a los festivales por hacerse la foto en el recinto y subirla a Instagram. Todo esto concluye en un festival con mil puntos a mejorar y cuidar para no desembocar en una cita anual con los días contado, pero con un evento cuyo origen y destino, es innegable, y son los amantes del pop.