La séptima edición del Granada Sound ha servido para confirmar algo que ya estaba claro desde hace un tiempo: es un festival que ha venido para quedarse. El número de asistentes ha ido creciendo desde la primera edición hasta mantenerse en equilibrio durante los últimos tres años, congregando a algo más de 20.000 personas durante los dos días. El cartel de esta edición ha seguido en la línea de otros años, pero también ha habido espacio para nuevos sonidos más flamencos (Juanito Makandé, El Kanka) o incluso raperos (Rayden).

· Viernes 21: el pinchazo de Dorian y él éxito de Sidecars

Desde hace ya un par de años, la apuesta del festival por las bandas locales es cada vez mayor, y es un hecho que hay que agradecer. Por ello, al igual que ocurrió el año pasado con MOJØ, la banda encargada de abrir el festival fue Colectivo Da Silva, ganadora del concurso Emergentes que se celebra a lo largo del año en distintos locales granadinos.

Después les tocó el turno a Elefantes y Corizonas, que reunieron a un grupo considerable de gente teniendo en cuenta el calor que hacía. (Shuarma, el cantante de Elefantes, incluso se quitó la chaqueta blanca que siempre lleva. Menos mal, porque yo estaba sufriendo sólo de verlo).

El lado más flamenco del festival llegó a las ocho y media de la tarde de la mano de Juanito Makandé, hora a la que el público comenzó a llegar en grandes masas. Justo después vino uno de los platos fuertes de la noche, Sidecars, que con su pop-rock comercial consiguieron llenar hasta los topes el recinto, mientras de forma paralela Rufus T. Firefly llenaba también el espacio dedicado al escenario 3, marcándose un concierto inolvidable que justifica (y de qué manera) los gritos de “¡escenario principal!” que allí se escucharon. Siempre digo lo mismo: este grupo puede tener días mejores y días peores, pero siempre siempre consiguen transmitir una pasión enorme por lo que hacen, y eso es algo que el público nota y lo devuelve.

Fotos: Cris Molina (para Indiescretos)

Poco os puedo contar de Mando Diao, porque durante su concierto estuve entrevistando a Rufus T. Rirefly (de eso ya hablaremos dentro de unos días), pero me consta que dieron todo lo que se espera de un cabeza de cartel como lo eran ellos.

El siguiente turno fue para Niños Mutantes, que tras la ausencia del año pasado volvieron a tocar en el festival más multitudinario de su tierra. A pesar de ello, noté al público bastante frío y poco entusiasmado. Solamente diré que mis amigos y yo conseguimos meternos en cuarta fila un par de minutos antes del concierto con mucha facilidad, cuando lo normal es que a esas horas de la noche sea difícil moverse entre el público. Por el contrario, a Niños Mutantes no se les puede reprochar nada; cumplieron perfectamente con un concierto sin sorpresas pero impecable.

Fotos: Cris Molina (para Indiescretos)

No se puede decir lo mismo de Dorian, que desde luego no estaban en su mejor noche. Había canciones donde parecía que la música y la voz iban por caminos distintos, una sensación muy extraña. No obstante, Dorian es Dorian, y sus himnos como La tormenta de arena o A cualquier otra parte, ayudados de la escenografía, hacen que hasta en un mal concierto termines disfrutando como un niño, que al fin y al cabo es de lo que se trata.

Por último, Nancys Rubias cumplieron con su papel de grupo con letras divertidas y música bailable para entretener al personal, tarea que continuaron The Zombie Kids y We Are Not DJs para cerrar la primera noche de festival.

· Sábado 22: UPyD, la sorpresa de El Kanka y el triunfo de Viva Suecia y Carlos Sadness

La segunda jornada del Granada Sound arrancó con el concierto de Ángel Stanich. Cuando lo confirmaron hace unos meses me puse a escucharlo y la verdad es que me pareció bastante horrendo, no os voy a engañar. Sin embargo, en directo gana muchísimo, y puedo decir orgulloso que fue uno de mis favoritos. Además, justo al terminar se bajó a hablar con el público y echarse fotos, cosa que siempre es de agradecer.

A las siete y media de la tarde por fin llegó uno de los conciertos que más expectación generaban, el de Rayden. Nunca antes un rapero había pasado por el Granada Sound, y él mismo reconoció que se salía del estilo del Granada Sound cuando afirmó que le gustaba tocar en este tipo de festivales para “robarle público a otras bandas”, bandas como Viva Suecia, Dorian o El Kanka hacia las que se deshizo en elogios. “Quiero apadrinar al Kanka”, decía entre risas mientras el propio Kanka le saludaba desde el otro escenario, donde estaba haciendo la prueba de sonido. Como siempre, Rayden mostró su lado más social y comprometido haciendo una dura crítica a la xenofobia y el machismo. De hecho, presentó una nueva canción (Caza de pañuelos) donde ironizaba con el discurso que se suele emplear para justificar una violación (“Mira cómo viste, seguro que lo busca. / Pero si no se resiste, seguro que le gusta. […] / ¿Qué parte del no es la que nunca entiendes? / ¿La N o la O? ¿Qué parte del no es la que nunca entiendes?”.

Foto: Nerea Coll

Aunque ya Rayden había conseguido reunir a bastante público, El Kanka superó todas las expectativas, incluso las suyas propias. No paraba de repetir lo agradecido que estaba de ver a tanta gente, y es que, según él, ha sido el concierto más multitudinario que ha dado. Además de eso, la gente estaba totalmente entregada cantando todas y cada una de las canciones. Él mismo lo dice siempre, Amaia de Operación Triunfo le ha hecho una publicidad involuntaria que le ha ayudado (y tanto) a escalar hasta la cima, y yo (que no soy asiduo a este tipo de programas, sino más bien lo contrario) me alegro mucho de que así sea.

Justo después les tocó el turno a las estrellas de la noche, Viva Suecia, que a base de volver una y otra vez (han venido a Granada cinco veces en poco más de un año) han conseguido formar su propia legión de fans en la ciudad nazarí y se han ganado la condición de cabezas de cartel en la jornada del sábado, incluso con diez minutos más de tiempo que Crystal Fighters.

Foto: Cris Molina (para Indiescretos)

Full fue otro de esos grupos que en los carteles suele aparecer con letra mediana, pero que en el Granada Sound vieron amplificada su importancia. Con dos nuevos singles bajo el brazo (Alfombra roja y Zombis), además de sus clásicos, consiguieron meterse en el bolsillo a mucha gente que aún tenía dudas sobre su relevancia (entre ellos, yo).

Mientras tanto, en el escenario de al lado algunos fans aguardaban impacientemente al siguiente concierto. Se trataba de Carlos Sadness, que logró atraer a las masas de una forma que me sorprendió. Mientras mis amigos y yo salíamos del recinto para ir a comer (nunca me ha gustado Carlos Sadness, lo reconozco), colas bastante considerables de gente se agolpaban en la entrada para ver el concierto.

 

Fotos: Cris Molina (para Indiescretos)

Una vez que llenamos la barriga volvimos al festival, esta vez para ver a Sexy Zebras, que actuaban en el escenario 3. Lo único que puedo decir es que están loquísimos, pero su público lo está más todavía. Aparte de que me tiraran un vaso de cerveza entero por encima (son los daños colaterales de hacer pogos), me gustaría contar una anécdota bastante graciosa.

El año pasado hubo alguna mente lúcida a la que se le ocurrió gritar “¡UPyD, UPyD!” durante el concierto de Sexy Zebras, y claro, todos le seguimos a coro (ya os he dicho que el público de Sexy Zebras está como una cabra). Así que para no faltar a la tradición, este año el grito lo empecé yo (que también estoy como una cabra) y, al escucharnos, Gabi Montes anunció que se va a presentar a Presidente del Gobierno por UPyD (Unión, Pvtos y Democracia). Esto sí que es una exclusiva periodística de las buenas.

El turno de Crystal Fighters llegó a las 2:15 de la mañana, y se notó considerablemente que eran cabezas de cartel: en los tres años que llevo asistiendo al festival, nunca había visto tanto público a esa hora. Como era de esperar, no defraudaron, y el ambiente festivalero se percibió más que nunca entre montones de personas que reían y bailaban al ritmo de la música. Sin duda alguna, un broche perfecto para la séptima edición del Granada Sound que, un año más, ha inundado de cultura la ciudad al cierre del verano.

Fotos: Cris Molina (para Indiescretos)

· La parte mala del festival: los precios abusivos

No todo iban a ser cosas buenas. La crítica constructiva siempre está bien porque ayuda a mejorar, y eso es lo que pretendo desde aquí. Todo el mundo sabe que al fin y al cabo esto es un negocio y que nadie quiere perder dinero, pero lo que no puede ser es que cada botella de agua de 0,5 L cueste 3€ y cada bocadillo 6€. Cuando fui por primera vez hace tres años, el agua costaba 1,50€ y he visto cómo el precio se ha ido incrementado con cada nueva edición. Si quieren poner el alcohol o los refrescos a precios caros lo puedo entender, pero el agua y la comida son bienes necesarios e imprescindibles, y quienes nos pasamos allí las doce horas que dura el festival nos vemos obligados a dejarnos la pasta a poco que compremos.

(Foto de portada: Nerea Coll).