El festival musical más importante de Europa, por todo lo que con ello conlleva, ya está aquí. Portugal ultima los detalles para organizar su primer festival en casa. La victoria de Salvador Sobral en Eurovisión 2017 fue un nuevo toque de atención en el resto de Europa para hacernos entender que las victorias no siempre caen en manos del espectáculo y la canción facilona (baladón para demostrar vozarrón o pop bailable más repetido que la E.S.O. de Froilán).

Las dos últimas victorias han caído en canciones realmente novedosas y alejadas del estúpido cliché de “canción eurovisiva”. “Amar pelos dois” de Salvador y “1944” de Jamala deberían dar a RTVE una palmadita en la espalda para avisarle que los tiempos están cambiando. No cabe duda de que la sorpresa, la novedad y la sensibilidad son los aspectos que más se están valorando en los últimos años. Por esta razón, elegimos trece artistas con trece canciones que podrían dejar a España en excelente posición, gracias a su peculiaridad y riesgo seguro.

Una de las voces más sencillas pero bonitas de la escena es La Bien Querida. A guitarra y voz sería capaz de derretir incluso a los países escandinavos con solo entonar el primer eres de “Fuerza mayor”. Tres minutos de imposible desatención que dejaría los semáforos del triunfo en luz verde por ser la canción más desnuda y posiblemente bonita de todo el festival en los últimos años.

Si algo se echa en falta en Eurovisión son los pogos y guitarrazos. Los Punsetes con esa gran personalidad y carisma que les caracteriza, dejarían boquiabiertos con la inamovilidad e imagen de Ariadna. Junto a ello, la velocidad y distorsiones de canciones como “¡Viva!” pondrían a Europa a poguear y a los más puristas a removerse con mala leche en sus asientos. Ambas cualidades, razones para triunfar por su innegable novedad.

“El hombre de Barro” de Hidrogenesse hubiera sido una excelente represetanción para Eurovisión. Con ese punto mamarracho, que tanto excita en el festival como ya demostraron “Dancing Lasha Tumbai”, representando a Ucrania en 2007, o “Party for everybody” de Rusia 2012, hubiera combinado a la perfección con los ritmos latinos y electrónicos reventados en la actualidad. Además, gracias a una estética de lo más ambigua y llamativa, no serían invisibles entre los vecinos europeos.

Muchos han tildado el amor de Eurovisión y el flamenco como imposible. Grandes actuaciones como la de Remedios Amaya regresaron a España con 0 puntos. Después, otros guiños han vuelto a pisar el escenario del festival sin pena ni gloria. Pero, ¿no cala el flamenco fuera de nuestras fronteras o se ha apostado posteriormente por un flamenco suavizado y rancio? Sin duda, Rosalía en temas como “De plata”, en el que demuestra su extrema sensibilidad y potencial vocal, podría erizar al mundo entero con ese quejío y presencia que sobre el escenario nos envolvería de orgasmos.

Carlos Sadness puede que sea uno de los artistas españoles más originales. Sus últimos giros le han llevado de pasar del rap -género del cual guarda pequeñísimas dosis- al pop tropical más actual. “Física moderna” juega con esa notoria influencia de Crystal Fighters con otra más suave y ligera latina urbana. Cuesta encontrar algo similar en el historial del festival y es por ello por lo que este punto de innovación podría alzarnos a las medallas.

Eurovisión, para muchos considerado el evento clave para la visibilidad y la diversidad LGBTI+, podría ser el escenario perfecto para artistas como Algora. Letras directas con mensajes claros y sexualmente fuera de lo tradicional, sin prejuicios ni florituras y envueltas de un sonido y voz de lo más características. Víctor, con temas como “Muerdealmohadas”, podría ser un buen as guardado para futuras candidaturas.

Uno de nuestros compositores estrella del panorama es Iván Ferreiro. Se desenvuelve a la perfección en cualquier melodía y velocidad de la canción, pero es en las baladas más lentas y dramáticas donde eleva el vello. A nadie extrañaría que bellezas como “Santa adrenalina” produjera la misma estupefacción que consiguió la temporada pasada Salvador Sobral. Todo esto gracias a la excelente y única interpretación que el gallego sabe regalar.

L.A. es de los artistas nacionales que más proyección debería tener a nivel mundial. Su sonido suena a ese rock de estadios que catapultó a bandas como Arctic Monkeys o Editors. Rock actualizado a las tendencias y al sonido más alternativo e independiente que se alejaría del rock que solemos ver en Eurovisión. “Leave it all behind” seria una de las decenas joyas con las que Luis Alberto podría conquistar al festival.

Ya son varias voces las que han posicionado a Soleá Morente como una buena posible representante de España en Eurovisión. Estética personal, sello representativo de la “cultura española” por esos tintes flamencos que añade a su pop y sonido totalmente novedoso en el festival el que tendría con canciones como “Baila conmigo”. Moldavia ya incorporó un tema en una línea parecida este año en la preselección de su candidatura -con no mucha suerte-, pero Soleá con España podría ser una de nuestras mejores y más revolucionarias candidatas.

Estamos en el momento más álgido, seguramente, de la música urbana en lo que llevamos de siglo. Para muchos lo urbano es el nuevo pop. Sin embargo, el festival eurovisivo no termina de sentirse cómodo con este sonido por falta de candidaturas sobresalientes. Con Nathy Peluso y obras como “Corashe” cuesta creer no finalizar en las primeras posiciones de la lista del festival. Rompedor, repleto de personalidad y con ese éxtasis en el ecuador de la canción tan representativo del maldito cliché eurovisivo.

Si hay un artista en España con un sello inconfundible es Ángel Stanich. Enigmática personalidad, ajeno a tendencias y uno de esos tipos valientes en la música. Algunos pagarían por ver la cara de los eurofans cuando una cabeza repleta de pelo saliera al escenario con canciones como “Escupe fuego” a dotar al festival de un talento totalmente fresco y original. Una de las apuestas más complicadas por su negación a la prensa, pero de predecible y tangible éxito.

Experto en lanzar a la pista de baile incluso al más parado, Joe Crepúsculo y su sonido maquinero podrían ser una de las más sobresalientes actuaciones de España en Eurovisión, como lo habría sido La Casa Azul en su momento con “La Revolución Sexual”. Que sonase alguna creación al más puro estilo “Mi fábrica de baile”, la cual podría incluso recordar a la gran favorita de este año -Netta con “Toy”-, aparecería desde sus comienzos en los puestos más altos de las casas de apuestas.

¿Muchos lo piden? ¿Por qué no entregar a España una propuesta en catalán, gallego o vasco? Si cantamos en inglés, sin ser nuestra lengua, ¿por qué no apostar por las lenguas peninsulares? Belako es uno de los grupos vascos más exitosos a nivel nacional, a pesar de algunas de sus interpretaciones en euskera. Rock electrónico sin similitudes con nada anteriormente eurovisivo podría dar un golpe en el escenario con hitazos como “Fire alarm”, el cual desapercibido no pasaría por Europa.

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