El pasado sábado 20 de febrero el mítico Teatro Nuevo Apolo de Madrid acogía a Glen Hansard, el torbellino irlandés, que en una noche llena de magia, cuerdas y guitarras agujereadas trasladó al público a un lugar más allá de la simple actuación, rozando por más de dos horas la excelencia.

Habría sido de esperar que con un concierto de estas características, con un sold out colgado desde hacía varios días, la madrileña plaza de Tirso de Molina estaría abarrotada de colas para entrar. No solo no fue así, sino que para cuando Mark Geary salió al escenario para caldear el ambiente como telonero, la sala, llena, lo recibió con un ambiente de expectación casi palpable.

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Para el momento en el que Geary cedió el escenario a Hansard, la noche ya apuntaba a algo más que a un concierto usual. Hubo un momento de silencio total, donde un Glen medio a oscuras y acompañado solo de violines interpretó la primera canción de su nuevo álbum ‘Grace Beneath the Pines’, mientras sus compañeros iban apareciendo poco a poco.

Glen Hansard Madrid

Siguió con calma, como si no quisiera apresurarse mientras tocaba canciones de su nuevo disco como ‘Winning Streak’ o ‘My Little Ruin’. Casi parecía que estuviera presentando un nuevo amigo a viejos conocidos y quisiera asegurarse de que entendieran la complejidad que lo había fascinado a él cuando lo conoció por primera vez. Y así, casi sin pretenderlo con calma y sosiego, creó una atmósfera de serenidad y sintonía con el público, que mantendría toda la noche.

Para cuando sonaron los primeros acordes y Hansard comenzó su ‘When you’re mind is made up’, era como si un hechizo hubiera caído sobre la audiencia, que al escuchar el primer paso atrás de la noche comenzó a caldearse. Sin embargo volvió a bajar el tono con ‘Birds of Sorrow’ y estremeció a los congregados allí esa noche con el Oscar, ‘Falling slowly’.

Fue una noche llena de interacción con el público, algo que cuesta realizar de una forma tan magistral como lo consigue Glen Hansard. Entre coros aprendidos, covers de Nick Drake (‘Northern Sky’) y Van Morrison (‘Astral Weeks’) y anécdotas de Bob Dylan llegamos a ‘Come Away To The Water’ y a meternos en su cabeza con cosas olvidadas de una vida cualquiera en una acera de la gran manzana.

Glen Hansard Madrid

Y entre sonidos de cuerda y rock siguió la noche a más puro estilo irlandés. Convirtió por unos minutos el Nuevo Apolo en un pub que nada envidiaría a los más exclusivos bares de Dublín con ‘McComack’s Wall’ y siguió elevando el ritmo con ‘High hope’, ‘Wedding Ring’ y ‘This Gift’. Llegados a este punto, fue el momento de las peticiones donde no faltaron gritos pidiendo ‘Say It to Me Now’, que tocó y cantó con ellos, sus cómplices The Frames, desde el anfiteatro, rodeado de un público que no podía estar más entregado a lo que estaba pasando y ‘Gold’, como remate a su incursión entre el público.

Regresó al escenario, donde se unió a su telonero Mark Geary en un alarde de camaradería y generosidad para cantar juntos ‘It Beats Me’ para luego elevar, si es posible, el ‘Drive all Night’ de Sprinsteen a la categoría de sublime, finalizando con un ‘Her mercy’ que quizá por ser la última canción de la noche, supo a poco.

Fue una noche de sorpresas, emociones y sobre todo, de buena música. La complicidad que consigue crear Hansard con su público hace que, por una vez, un concierto no sea solo un lugar para ir a ver un espectáculo, que también, sino que se convierta en un espacio donde primen la cercanía, la serenidad y las ganas de disfrutar de algo que pasa pocas veces en la vida: vibrar en sintonía con miles de desconocidos a tu alrededor como si fueran una sola.

Texto: Ana Fúnez Díaz

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