La puertas de Discos Bora-Bora está cerrada, pero algunas personas se agolpan en la puerta. Eva Amaral pasea sus dedos por los estantes llenos de discos distraída hasta que uno se le queda imantado en los dedos, la cara de Enrique Morente parece gritarle. Aguirre deja la funda de la guitarra en el suelo mientras recuerda que no puede irse de Granada sin pasar por el Realejo a aprender de donde viene la magia de las seis cuerdas. Están a punto de arrancar.

En el Palacio de Cordovás. Los pequeños canapés rebosantes de salmorejo manchan camisetas de Sonic Youth, boombers, pitillos y chaquetas vaqueras.Casi mancha al indio frígido de pelo precioso que se hace llamar Carlos Sadness y a su guitarrista David, camisa hortera que mira a los camareros desde el escenario como pidiéndoles que por favor le guarden unos cuantos.

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Saltan las imágenes de anoche. Se remueve el Café. Es viernes y no llega a ser las dos y en la tasca ya han tachado de la pizarra algunas tapas que se han acabado. El serranito no se ha acabado lo sé porque acaba de entrar una cuadrilla de hombres, todos con bermudas y gafas de sol, pelos largos o muy rapados que han pedido eso y cañas de Alhambra. El que parece estar en cabeza me resulta conocido. Alex Costa creador sonoro y alma matter de Fuel Fandango, viste tan bien la camiseta manchada de aceite como los trajes rojos y brillantes, El Glamour Cañí. No sé si el poder de adaptar el medio y mimetizarse de estas bestias es tan grande o es que en Granada nadie puede sentirse un extraño.

Muchas carreteras. Gafas de sol y actitud prestada para llegar al recinto. Veinte veces en bucle ese »Salvaje’ para que no decaiga el animo a pesar de la lejanía. Son las cuatro de la tarde y evidentemente lo que apetece es pasear entre naves vacías y  coches de ocasión. Parece que han querido aislarnos a todos, para no contagiar, para hacer con nosotros un experimento macabro. No pienso más, nos han prometido barra libre de cerveza y aunque queden ya solo veinte minutos, sería ofensivo dejarla marchar.

Mucho, esa superbanda con eterna etiqueta de grupo emergente,compuesta por cuatro jugadores que se lanzan a la experimentación y a la creación sin ningún tipo de arnés; abren el festival en el escenario Inside Music. Golpe de psicodelia y baile para espantar el calor. Asusta ver a Martín Perarnau con esa túnica de lana que utiliza »para meterse aún más en la atmósfera de la canción». La sacristía de «El león de tres cabezas«, los falsetes de «Nuevas Ruinas», más cercano a tomar peyote en el desierto que a bailar en un polígono de Granada.

muchoooo

Las feromonas desatadas se mezclaban con la cerveza caída en el concierto de Carmen Boza. Gafas de sol, moño y guitarra , una reminiscencia a una estrella de rock un domingo por la mañana con un toque cañí y con voz aguda ofreció un concierto más potente y eléctrico de lo esperado.

ayayayay

Ya con los pies hechos a la arena. El oído hecho a los colores. Las ganas de correr. Lo que apetece es cumbia, cumbia florida y guitarrera. Cumbia, desparrame disfrazado de rock alternativo que llega a tu sistema nervioso sin que te des cuenta. Manel no necesita falsas plumas de indio,luces atronadoras o pose. Para montar el verdadero carnaval basta una camiseta y unos vaqueros si se tiene actitud. Da igual que no entendiésemos del todo las letras en catalán lo mágico de los buenos músicos, de la conexión suprema entre los miembros es que saben transmitir exactamente lo que quieren transmitir sin importar los límites de la palabra. Por eso hay quien supo hincarse de rodillas, sin dejar de bailar, al escuchar «Sabotage«, quien participó del rito animal de «La Serotonina» y quien se atrevió a probar el agua salada del amor con «Teresa Rampeill«.

Anni B Sweet dio un concierto correcto sin grandes estragos donde brillaron más los temas de su ya mítico Oh Monster que los de su último lanzamiento, Chasing Ilussions. Sin embargo su directo nos dio un momento irrepetible cuando los integrantes de Lori Meyers se subieron al escenario a acompañarla en una canción, para que se note que estamos en Granada y que hay conexiones que elevan los colores del sonido.

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Es de noche y casi nadie se ha dado cuenta. Nos quitamos las máscaras, las gafas de sol cool, el disfraz. Buscamos a quien nos busca, con quien debemos estar, dejemos que la falsa euforia y las gentes de paso mueran por un rato. La primera vez que vi las piernas de Amaral creí que eran raíces de árbol, han pasado algunos años y ahora lo sé, son las carreteras y las cuestas de Granada y su voz el espejo roto del retrovisor del coche ardiendo que pasa por ellas, al que sostiene. Una mezcla de lecciones de supervivencia, existencia que se derrama en el grito desgarrado al cielo y a los demás del clásico No sé que hacer con mi vida, hasta el derrotismo y el propio caos aceptado en la advertencia sonora de Nocturnal. Y el descanso de sentir, y de pensar y de mirarse para dentro con los temazos de radio que gritar a coro, «El Universo sobre mi« o «Sin ti no soy nada«.

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Tenemos que bailar un rato para superarlo. Al directo de Fuel Fandango le costó arrancar, el quiero y no puedo de la primera hora debido quizás al parón obligatorio por un problema en las cuerdas vocales de Nita que nos ha tenido sin soniquete y atmósfera todo el verano. Sin embargo como sacando de donde costaba, despejaron para regalarnos unos tres últimos temas que nos dejaron las ventanas abiertas, las flores en el balcón y sobretodo las ganas de ver a ese salvajismo florecer otra vez, más potente que nunca.

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Es tarde. Pero nadie se atreve a mencionar el sueño cuando León Benavente aparece al escenario. Su sonido es como ponerte unos hierros en los ojos para que no se cierren nunca, jamás volverás a quedarte dormido si sabes escucharlos de verdad. Agita, te enturbia te grita honestamente que la libertad es difícil, que la vida es una gran mierda si tú te derrotas, que de la decadencia sale lo mejor de cada uno y te dice si no luchas nadie va regalarte la existencia así que camina pedazo de cabrón y deja la autocomplacencia para hacerte el oscuro en las canciones y no para el día a día.

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Abraham Boba parece a ratos un profesor de filosofía a otras un predicador, un rapero el verdadero punk que te enseña que la verdadera transgresión no vendrá con crestas y camisetas rotas sino con pechos descubiertos y pasos, muchos pasos. Tras ello te queda la única sensación posible,vete a dormir o pídete una copa y corre, haz el amor con alguien en medio del barrizal asqueroso que se ha formado, total quien se quede para ver a los DJ’s creerá estar viendo una alucinación, o siéntate y escribe. Esta panda de valientes te implosiona dentro y te revuelve por fuera, y fueron de los pocos que consiguieron llegar a la esencia, a lo que querían, que los que allí estuviésemos nos convirtiéramos en una auténtica brigada, que jamás podrá volver a descansar.

Parecen que los coches tienen más resaca que nosotros. Es sábado y la carretera se vuelve a llenar, saltamos coches, barandas, quizá lleguemos está vez más temprano a la barra libre, amortizar se llama. The Magic Mor abren otra vez el desierto. Parece que los organizadores han decidido que esta sea la hora propicia para las atmósferas y la psicodelia. Su sonido se eleva creando humo, parece un sueño.Nadie baila porque estos sonidos espaciales se mezclan con la sangre no solo con la piel. Esta banda más que de Cádiz parece venir del San Francisco más ácido, un sonido que puede no llamar la atención de todos pero atrapa para siempre si se le da la oportunidad.

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En Taburete encontramos a los Hombres G, a Rocío Jurado y a Julio Iglesias pasados por el tamiz de grupos como Izal o Supersubmarina. Enganchan con un imaginario plagado de leyendas de alcohol y parrandas, de su México querido (al que por cierto no han ido) fugitivos y amantes. Envueltos de un ansia por pasárselo bien que llega sin que te des cuenta.

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Recién llegados desde la provincia de Sevilla, la banda de Quintín Vargas se apodera del escenario, Los News ponen la actitud canalla y nosotros las ganas de bailar con ellos. Quien no les conociera hasta ese fin de semana, sabe de sobra que a partir de ahora les interesa no perderles la pista, porque son una apuesta segura. Tras ellos, el hombre más esperado de la tarde del sábado les coge el relevo. Por fin, ha llegado el momento de encontrarnos con Ángel Stanich. Su mítica «Metralleta Joe» a día de hoy todavía está sonando en nuestras cabezas. Definitivamente, él es «el tipo en quien confía el carnicero cuando quiere género fresco».

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En su tercer bolo consecutivo del fin de semana, Full no nos falló. Javi Valencia y los suyos estaban dispuestos a levantar al público del Granada Sound y vaya si lo consiguieron. No faltaron hits como «Quienes somos realmente», la sensual «Alabama» o «Privée» y canciones más cañeras como «Aullando», una de sus apuestas más fuertes. Seguimos echando de menos «Tercera Guerra Mundial», pero por la fuerza que transmitieron en el escenario, se les perdona cualquier cosa.

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A la noche todo se enturbia por eso no podía creer que quien tenía enfrente (tras pasar una barrera humana de miles de personas) fueran Love Of Lesbian. Acojona ver su ascenso meteórico y ver como han pasado de la pequeña tribu al gran imperio pero eso sí sin perder la magia que hace que todos los presentes se sientan únicos envueltos en sus historias de pura literatura. Siempre han tenido alma de astronautas, de poetas, de cactus, de señora salvaje, de animal ciego, de corredor epiléptico. De hacernos creer que podemos ser todo. Cierto es que en tan grandes proporciones el sonido se pierde pero se expande si puedes compartirlo con tanta gente.

Contra el alienamiento, los ritmos  autómatas y mecánicos de Second. Canciones que convierten la cadena de montaje en pista de baile.Un huracán que habla de salir de la rutina con canciones de rutina. La voz de Sean Frutos parece la de un androide que te grita que la única manera de salir es dejándote llevar por el Sonido. Arrebataron,sin sorpresa, pero arrebataron.

25092017-img_1547The Ting Tings con su propuesta de electrónica punk y guitarras power pop hicieron temblar Granada con un ejercito de bailarines a los que no le importaba nada más que gritar las frases sueltas en inglés que se sabían de las canciones y de sentir la verdadera insurreción del sonido en sus movimientos.

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Domingo. Creemos que todo ha cambiado, pero en el bar donde descansamos siguen sonando The Smiths mientras alguien se pide una Alhambra. Nada de simbiosis, Granada no se ha adaptado a esta panda de locos. Granada es así.

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