Un buen concierto de rock siempre pone las pilas. Y si se trata de la banda madrileña Havalina, aún más. Esta vez, nos sumergimos en un paisaje denso y envolvente en el que encontramos momentos oscuros, pero también luminosidad.

La cita era en El Gran Café, lugar asiduo ya de la noche de León y, la banda madrileña, coincidiendo con el vigésimo quinto aniversario del local, nos citó para presentar su más reciente trabajo, Islas de Cemento (Origami Records, 2015) publicado en el mes de febrero.

Havalina Islas de Cemento León Gran Café Concierto

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Tal y como apuntó Manuel Cabezalí, vocalista de la banda, todas las canciones del último disco están inspiradas en la novela Manual para conductores borrachos, escrita por J.J. Cabezalí, hermano de Manuel.

Arrancaron pues con la sublime “La voz de él” en la que ya desde el principio, su introducción musical va atrapando poco a poco hasta que entra la parte vocal. Fue un pequeño anticipo de lo que iba a ocurrir esa noche; una explosión de sonidos oscuros pero también bailables.

A este tema le siguió el que da título a su disco más reciente, “Islas de cemento”. Con “Cristales rotos sobre el asfalto mojado” y, sobre todo con “Imperfección”, se conocieron los momentos más álgidos de la noche, siendo este último tema largamente coreado por el público, entregado ya en su totalidad.

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Los medios tiempos llegaron con “Compañía felina”, en la que todos los asistentes deseamos por un instante ser gato; mientras el vocalista se marcaba unos falsetes y unos ronroneos, tal vez haciendo alusión al animal doméstico al que hace referencia la canción.

Llegó asimismo el turno de crecer, o al menos, de asumir finalmente que ya no eres un niño. Efectivamente, “Ya va siendo hora” es el tema que sonaba a continuación, y en el que Manuel aclaró al principio del mismo su significado, este es, que toca hacerse mayor.

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A partir de este momento, entramos en un paisaje más oscuro, pero también intimista, y en la que las influencias de la banda madrileña se hacen más patentes que nunca, valga como ejemplo el primer single extraído de su último trabajo, “¿Dónde?” y en la que los instrumentos y la voz están más afilados que nunca. El público se dejó la garganta igualmente, y lejos de mostrar arrogancia, no hubo un tema en el que Cabezalí no diera las gracias, acompañado por una gran sonrisa.

Era evidente que se estaban sintiendo como en casa, y tal vez por este motivo, decidieron hacernos la primicia de “Ulmo”, que también forma parte de su último disco; y que enlazaron a la perfección con “Las hojas secas”, “Viaje al sol” y “Desierto”; en las que la sala se vino literalmente abajo y entregándose por completo.

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Tras estos cañonazos, llegó el momento de agradecer a la gente de El Gran Café y la Taberna Belfast su apoyo incondicional, junto, por supuesto, a todos los que nos hallábamos allí reunidos.

Bajaron el ritmo momentáneamente con “Lluvia en el cementerio de coches”, en la que hizo irrupción un instrumento nuevo y, al parecer, de fabricación casera. Sólo se apreciaba su sonido si se permanecía en silencio, constando este objeto de una pequeña cesta de mimbre a la que habían engarzado numerosas llaves de todos los tamaños y cuyo sonido evocaba, efectivamente, las gotas de agua al caer.

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Tras este tema, la banda brindó con tres cervezas depositadas al efecto, bajando del escenario por un momento y volver inmediatamente después con los bises, que fueron tres; dos propios y el otro, una versión de “En remolinos” de la banda argentina Soda Stereo. Todos los asistentes pudimos estar seguros de que Gustavo Cerati estaría orgulloso de semejante cover si pudiera volver a la vida.

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Para finalizar, “Cementerio de coches” puso el broche de oro a una velada inolvidable y cargada de rock and roll del de los viejos tiempos, del mismo del que bebe Havalina, pero eso sí: Actualizándolo a las inquietudes y el público del siglo XXI.

Fotografías: Alejandra Fernández López

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