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Hace unas semanas, el jueves 20 a las 20:30 quisimos esperar a una Santa en el Hotel Barceló de Valencia. Así tal cual, el Live The Roof de Zahara estaba a punto de empezar y mientras tanto en el ático del hotel, concretamente en la terraza 270 Rooftop Bar, sólo unos cuantos privilegiados esperábamos que ella misma, Zahara, nos iluminara con la luz propia que le caracteriza.

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A penas unos rayos de sol en la terraza, se hicieron las 21:00 y apareció, amaneció ella, de blanco radiante, pura y Santa, así, Zahara.

Se presentó sin tapujos, ¡Hola, soy Zahara!, como si se tratara de una persona que no conociésemos; y casi fue así, una Zahara que en los festivales nunca vemos, cercana, amiga, más que habladora, muy agradable, y bella, bella como siempre.

Nos cautivó a cada uno de los presentes, nos confesó que Valencia le gusta y su público también, pero ante todo nos invitó a pasar con ella una velada entrañable de la que cada uno de los presentes saldríamos un poco más enamorados de ella.

El emplazamiento era imposible que fuera mejor, muy buena compañía y Zahara en acústico. Gana en las distancias cortas, ellas, su voz, su garra y sus temas. El concierto lo dividió en dos, según ella la primera parte era más royo, no compartimos opinión, todos estábamos boquiabiertos, no nos quedamos con las ganas, porque exprimimos cada una de las partes del mismo. Con las ganas, Merezco, Lucha de Gigantes, Olor a mandarinas, una retahíla de canciones muy suyas nos acercaron a una renovada Zahara que también nos deleitaria con sus nuevos temas, La Gracia o Caída Libre, según ella canciones de su nueva época en la que sus temas ya no son «cortavenas».

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Tampoco teníamos esa impresión, siempre ha sido muy inutensa y así lo demostró en el Live The Roof, salió a bailar con el público, implicado, al igual que ella; tuvimos la oportunidad de verla pasearse con su guitarra, bailar de forma alocada y reirse, mucho, de ella misma, con nosotros, todo un deleite de cercanía y sensibilidad.

Es bien cierto que en los festivales es misión imposible encontrarse con la persona que el otro día nos contaba secretos en las terraza del hotel, pero Zahara tiene esencia, fuerza, ímpetu, y deja salir de ella el amor que siente por la música, se le ve disfrutar tan de cerca que incluso llegas a imaginarte una noche de fiesta con ella, y fue un verdadero placer encontrarnos ante esa Zahara, pura y Santa.

Fotografías: Live The Roof

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