Las ganas del Mallorca Live Festival se agrandaban al ritmo de los pasos con los que se iba acercando la fecha. En la isla es sólo desde hace un par de años que se puede disfrutar de un festival de música al uso y de la visita de artistas de gran calibre gracias a la pasión y dedicación de promotores y salas que confían en las posibilidades de esta roqueta para ofrecer un rico escenario musical – al que se suma una gran lista de talentosos nombres locales-. En capital, Condal y costa afloran los festivales como el verde en primavera per,o en Mallorca, citas de esta talla emocionan y movilizan a un público poco acostumbrado a oportunidades así en casa. ¿O no?
Aunque el sábado se levantaron los ánimos y las cifras de asistentes, el primer día del festival el recinto se sentía muy, muy vacío, aunque llenar 92.000m2 no es tarea fácil ni para un cartel como éste. Ya el Solar Fest, que también tiene lugar en Son Fusteret, se ha visto obligado, de alguna manera, a reducir sus aspiraciones y aunque seguirá siendo un festival internacional piensan “redimensionar el tamaño y la ambición del festival a corto plazo y vamos a reducir el tamaño del recinto, el presupuesto global, el número de artistas y de escenarios”, comunicaban oficialmente hace poco.
Por el enorme recinto se repartían tres escenarios dedicados cada uno a un estilo de música diferente que, aunque por momentos se mezclaba la música de unos y otros, acogieron grandes actuaciones de artistas que nos emocionaron y sorprendieron.
El cartel potente y justo del Mallorca Live Festival
Por el stage de música del mundo pasaron el viernes los alegres, valga la redundancia, y poéticos Super cumbia y la liga de la alegría para “despegar de las pestañas las legañas de costumbres” con notas folclóricas tradicionales, disfraces y buen rollo. Más tarde vendrían la letras de crítica social de la La gran Orquesta Republicana y el retumbar de los timbales de Pachamama Percussió, danzando entre el público. Por el mismo escenario pasarían Óscar y Zatu de SFDK, uno de los platos fuertes de la noche que concentró a casi todo el público del festival por unas horas a través de La puñalá inicial y las toallas voladoras a ritmo de rap.

Tanto es así que Delorean tuvo que retrasar su salida al escenario porque bajo los pies del stage indie no había más de 10 personas. Pero la psicodelia y las melodías dance pop de los vascos empezaron a inundar el recinto y a atraer a las masas casi hipnotizadas. O al menos nosotros lo estábamos con la presentación de su último single Muzik, Crystal o la mítica Deli, que guardaron para el final. “Y yo pensando que eran Dorian”, “¡Pero si son los de esta canción!”, comentaron un par tras el estribillo de ésta. Seguidores o no, Delorean trasladaba al espacio a todo el que se acercaba.

Antes de los de Zarautz, Satellites invadieron el escenario con un “hippie-punk” muy potente, un sonido de garaje desordenado cuyas guitarras dejaban atrás a la voz de Jordi pero que hicieron vibrar a los que allí estábamos. Aunque el auténtico espectáculo vino con Cápsula, sorpresa grata para muchos que no sabían muy bien qué podían esperar. Tras repasar su álbum Santa Rosa recién estrenado, finalizaron el espectáculo con el Suffragate City de David Bowie y la conexión público-escenario llevó al guitarrista a acabar la canción entre las melenas rockeras y los adrenalínicos “Hey Man!” de quienes honraban a grito pelado a Ziggy Stardust.
Paralelamente, la carpa de música electrónica tardó en arrancar pero pocos se pudieron resistir al synth de Cycle y los pantalones vinilo de La China. El sábado, también muchos esperaban en la zona electrónica a la veterana de gafas anaranjadas y pelo rubio platino inglés, Laura Jones, que compartió su melódico deep house junto al tecno experimental de Dj BUTCH y a, por supuesto, el dúo alemán Booka Shade, que quemaron zapatilla de bailar y bailar, como el año pasado en el festival de Glastonbury, aunque por un inesperado cambio de horario algunos se perdieran parte de su sesión.

Vemos nombres equilibrados y repartidos, pero saltamos al cabeza o, más bien, cabezón de cartel: Morcheeba. Con Skye Edwards de vuelta y dando paso a algo nuevo, los reyes británicos del trip-hop fusionaron su esencia rock, jazz y funk a través de la elegancia de las vocales aterciopeladas de Sky, con Blood Like Lemonade y Head Up High a las espaldas. Tras un largo histórico de recorrido, para muchos, significó un sueño hecho realidad poder verlos sobre el escenario. Y para nosotros, volver a verlos va ser un sueño a partir de ahora. Tras su paso por la isla, seguirán recorriendo los escenarios de Europa.

Antes de ellos, apareció el binomio canario-andaluz Fuel Fandango, combinación que casa tan bien como el matrimonio entre las letras en inglés y castellano que revive en su reciente Aurora, con el carácter flamenco de Nita, claro. Siempre son puro arte y carácter. A la vez, por el centro neurálgico de la música internacional se movían Bebe y Fyahbwoy & Forward Ever Band, que estarán girando por toda España y que ya agotaron entradas en su anterior visita a la isla.

Mallorca Live Festival: Más allá de la música
El Mallorca Live Festival quiere consagrarse como un evento multidisciplinar. Las puertas se abrían el viernes aún con la luz del día para apreciar cómo se ponían manos a la obra auténticos maestros del street art con la creación de piezas exclusivas en la zona Urban art. Necko exprimiendo lo cotidiano con formas simbólicas y un lenguaje crudo y urbano; Belin con su enorme Refugee, una obra hiperrealista en madera con pintura de spray que maridaba la cara de la tristeza y desesperación con una sonrisa color verde esperanza o el geométrico y multicolor Okudart, cuyo arte decora calles en India, Mali, Mozambique, Estados Unidos, Japón, Chile, Brasil y Sudáfrica. Todo un espectáculo en directo en forma de concierto de artes visuales.
Los artistas dieron forma a sus creaciones durante los dos días y los procesos y posterior exposición-también por la noche con buena iluminación- atraían la atención del público. Aunque resultaba imposible resistirse a todo aquel arte, la zona de Urban art se convirtió en –la única- parada y punto de encuentro de los muchos que echaban en falta alguna zona de recreo más. Si bien es cierto que resultó el plan de tarde perfecto para las muchas familias que se acercaron al recinto de Son Fusteret– ya expusieron su intención de poder abarcar y ajustarse a un amplio abanico de edades-, sumado a una modesta zona chill-out que se quedaba pequeña para lo grande del recinto, quienes esperaban entre concierto y concierto y cerveza y cerveza declaraban aburrirse. También entre las barras y los food trucks de comidas del mundo -con “bocadillo de salchicha gourmet” a.k.a perrito caliente -decidían algunos descansar los pies ahogando penas en comida y alcohol. Y digo algunos porque los excesivos precios, a ojos de muchos, de las paradas gastronómicas fueron gran motivo de descontento.
La política no escrita del uso único de la entrada también causó malentendidos entre quienes salieron y quisieron volver a entrar y se toparon con la compra de una nueva entrada como única solución por parte de una organización un tanto descoordinada y desinformada aunque amable y resolutiva. Tampoco resultó de buen agrado el incumplimiento de la promesa de 16 horas de música al comunicar vía Facebook y taquilla que el último día, por cuestiones ajenas al festival, pondría su fin una hora y media antes de lo planeado. Aunque el primer día, en colaboración con la sala La Red y de la mano de Dj Sr Anderson y Notodoesindie Djs, la organización se encargó de hacer seguir la fiesta tras el festival.
Entre conciertos, estuvimos charlando con algunos de los allí presentes, que temían por la amenaza de lluvias -¿traumatizados por el Arenal Sound? Los mallorquines conocen bien la bipolaridad climática de la isla- y confiaban en que explotar el factor temporada de verano para afianzar el festival sumaría muchos puntos. Dos días, tres escenarios, un cartelazo y una isla resumen el festival, pero este último factor poco lo explota el Mallorca Live Festival. Tal vez nos hemos acostumbrado al dúo festival y vacaciones, con playa, camping y ruta de vinos Ribera. Muchos destinos crean festivales como añadido, sin ser la apuesta musical la razón de ser. Aunque apetece más un concierto bajo el Lorenzo veraniego, la música es arte sin entender de estaciones y la confianza en esta premisa debería refrescarse en la mente de muchos para alejarse de los intereses extramusicales.
Estos fueron los flops del Mallorca Live Festival, algunos alejados del alcance de la mano y otros de manual de primerizo que se apuntarán en la libreta de “ a mejorar”. Pero es que, a veces, la vencida va a la tercera y esta primera edición de un festival ambicioso y de gran magnitud en Baleares se demuestra con ganas de aprender, mejorar, con un enorme potencial y soñador aunque con los pies en suelo, sabedor de sus posibilidades. El año que viene volveremos. Y será más y mejor. Confiando plenamente en su potencial, como dicen por la isla, poc a poc i amb bona lletra. De momento, ¡gracias por aportar tanto!

Fotografías: Ricardo Sainza para Indiescretos








