El reloj marcaba casi las 21.00h cuando el público empezó a agitarse. Y de qué manera. El silencio que reinaba en una La Riviera atestada de gente se transformó en un rumor ensordecedor, preludio de lo que estaba por llegar. Los feligreses de Miss Caffeina llevaban más de hora y media contemplando un escenario vacío, apurando sus cervezas y contando los segundos. Larga fue la espera de un concierto que había levantado enormes expectativas, aunque mereció la pena aguardar. Que le pregunten a cualquier adepto del quinteto madrileño si calarse de frío en la ribera del Manzanares, mientras se alargaba la cola, empañó de alguna manera un cierre de gira tan espectacular. La afonía de su voz al bajarse el telón le servirá como respuesta.

Miss Caffeina De Polvo y Flores La Riviera Alberto Jimenez

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No quisieron hacerse de rogar más de la cuenta. Las luces se apagaron y los integrantes de Miss Caffeina aparecieron en escena llevados en volandas por una ovación atronadora. Se rompía el suspense tras tanta expectación. Alberto agarró el micro envuelto en una chaqueta plateada, cual boxeador en un ring antes de atizar el primer golpe, para desgañitarse ante su público. Se adueñó del escenario desde el minuto cero para capitanear a los suyos en un viaje musical de no retorno. La banda quiso poner el broche de oro a una gira que se ha dilatado durante veintiún meses. Su segundo álbum, De polvo y flores, es ya de sobras conocido para los fieles que han acudido religiosamente a todos los conciertos ofrecidos alrededor de la geografía del país. Tan solo les quedaba por pisar Madrid, su hogar. “Es un placer acabar en casa”, anunciaba su líder haciendo un descanso entre canción y canción. “Aquí nos conocimos y ponemos punto y aparte después de dos años increíbles.”

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Su primer disco les valió para filtrarse entre los grupos revelación del momento. Eran más jóvenes, más inexpertos, pero ya irradiaban talento a raudales. Este último trabajo, confeccionado cuatro años más tarde, los ha consolidado firmemente dentro del panorama musical. Se han amarrado al éxito y no piensan soltarse. La exhibición del sábado es la prueba fehaciente de una evolución que parece no tener techo.

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Un público entusiasta coreó todas las melodías, de la primera a la última, como si las llevara tatuadas en la memoria. Y Miss Caffeina tuvo tiempo para todo. Recorrió cada uno de los temas de su última creación para deleite de la concurrencia, que vociferó enloquecida durante los primeros acordes de Gigantes y Superhéroe. Alberto se paseaba por las tablas con su descaro habitual, ora pandereta en mano, ora enfatizando el pasaje de alguna canción con una peineta desafiante. Dirigida a nadie en particular o a quién sabe Dios. La Riviera fue invadida por una incansable horda de seguidores que bailaban al compás de un conjunto que crece a pasos agigantados. Continuos vítores y aplausos casi amortiguaban el mismísimo sonido de la banda, que no quiso olvidarse de algunas composiciones de su primer LP, tales como Imposibilidad del fenómeno o Ley de Gravitación Universal.

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“Es el momento perfecto para una canción que va y viene a lo largo de la gira”, declaró el vocal del grupo a modo de presentación para N=1, tema que les valió para meterse al público en el bolsillo. Aunque ya se habían ganado al respetable desde el primer rasgueo de guitarra.

La aparición del versátil Martí Perarnau, miembro de grupo Mucho, cogió a todos los asistentes desprevenidos. Acompañó a Miss Caffeina durante el último tramo del concierto, cuyo colofón consistió en versionar un tema de Francisca Valenzuela: Buen soldado. Alberto aprovechó para cambiarse su indumentaria y así vestirse de negro, cuando todo el mundo ya daba el espectáculo por terminado después de que los músicos desparecieran entre bambalinas. “Hace poco vimos a Raphael y no hacía más que entrar y salir”, exclamó el cantante en tono de chanza.

Miss Caffeina coronó su gira con una actuación que dejó huella. Que entran y salgan tanto como lo hace Raphael, si lo desean. Se lo han ganado a pulso.

Miss Caffeina De Polvo y Flores La Riviera Alberto JimenezFotografías: Marcos Servera

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