El pasado sábado 23 de enero la mítica sala La Riviera de Madrid prestaba su escenario a Nacho Vegas para presentar Canciones Populistas, su último EP. Las casi dos mil personas que hicieron posible el sold out del espectáculo pudieron disfrutar de un show con alta carga de crítica social y algún que otro toque del existencialismo siempre presente en el compositor asturiano.

Pasadas las ocho de la tarde se abrían las puertas de la sala para acoger a los más puntuales, que se aseguraban un buen sitio para asistir de principio a fin al espectáculo ofrecido por Fee Reega, artista invitada. Con un colofón final de declaraciones fatuas y guitarras con complejo de violonchelo la cantante alemana se despedía de una pista cada vez más llena de oídos impacientes por recibir a Nacho Vegas, el reclamo de la noche.

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Tras la casi más de media hora necesaria para disolver la cola a las orillas del Manzanares entraba a escena el nutrido coro Al Altu la Lleva, cuya docena de integrantes se fundía perfectamente con la imagen promocional de Canciones Populistas, una multitud manifestándose entre pancartas e instrumentos. ¿Casualidad o coincidencia? A ellos se sumaba la banda que acompaña habitualmente a Nacho y el propio músico, que ukelele en mano hacía del primer tema de la velada toda una declaración de intenciones: «Canción para la PAH».

Tras el buenas noches de rigor Vegas se pasaba a la guitarra y Abraham Boba (teclados) al acordeón para cantarle a la «Ciudad Vampira» de Resituación, ayudados por un público que gritaba ¡Matar Vampiros! con un énfasis que asustaría a más de un gijonés… perdón, a más de un habitante de esta orbe completa y absolutamente imaginaria. Entre un Puxa Asturies y otro la mecha de la crítica social siguió corriendo como la pólvora por su último LP para acabar estallando, efectivamente, con «Polvorado» y «Runrún». Los versos de esta última nos quieren en soledad, nos tendrán en común introducían una canción que recordaba el espacio ocupado en los periódicos por los pactos entre Pedro Sánchez y las tortugas Ninja, mientras sigue muriendo gente intentando cruzar de forma precaria el Mediterráneo.

Y como este concierto no dejaba de ser una presentación de Canciones Populistas tocaba volver al EP. Edu Baos (guitarra) tomaba con maestría el relevo del ukelele para dejar a Nacho Vegas libre a la interpretación escénica de «Ámenme, soy un liberal».

 Llegaba así el tiempo para los nostálgicos, que tuvieron la oportunidad de cantar a coro «Taberneros», una melodía tradicional de Llanes inspirada por un grupo de pandereteras, y una versión dedicada a la Fundación Robo de «Déjame vivir con alegría», canción original de Vainica Doble.

Entonces un revuelo entre los espectadores advertía la presencia de Fee Reega en la pista. La cantante saltaba de entre la multitud al escenario para responder a todas las dudas acerca de la ingobernabilidad del Estado Español con una parrafada en alemán e interpretar la canción a la que da vida en el EP: «Mi novio es bobo». En varias ocasiones la intérprete, poseída por una alegría poco común en estados de sobriedad, olvidó la letra (apuntada en su brazo izquierdo) y Nacho Vegas tuvo que salir al paso para salvar una actuación a la que acabaría describiendo irónicamente como una de las mejores jamás vistas en La Riviera.

Con el torbellino teutón ya fuera del escenario el concierto se volvía a encauzar por el camino de lo reivindicativo gracias a «La vida manca» y Nacho presentaba al Coro Internacional Antifascista Al Altu la Lleva, las guapuras que lo acompañaban a los micros esa noche. El display de fondo cambiaba la imagen de Canciones Populistas por su ya habitual guitarra de Guthrie rotulada con el texto this machine kills fascists. Comenzaba así una segunda fase en el concierto, encabezada por «Nuevos planes, idénticas estrategias».

Seguidamente tocaba el turno de presentación del equipo de sonido y la banda, y Nacho le pasaba la pelota a Luis Rodríguez (bajo) obligándolo a improvisar un solo antes de adentrarse en el primer single de Resituación, «Actores poco memorables».

El legendario acordeón de Abraham Boba anunciaba entonces «Gang Bang», un tema en el que contrastan el éxtasis interpretativo de los músicos con la perenne serenidad de Nacho Vegas en el escenario. Antes de la primera despedida, con (como no podía ser de otra forma) «La gran broma final» hubo tiempo para la suspensión coral que tanto le gusta al público en un imprescindible de estos conciertos: «Cómo hacer crack».

Tras unos premeditados momentos de espera el músico asturiano volvía sólo al escenario. Cantaba a capella en comunión con algunos integrantes del público mirai Maruxina, mirai como vengo, unos versos pertenecientes a la triste canción de la cuenca minera llamada «En el pozo de María Luisa». La atmósfera ya estaba preparada para interpretar, acompañado solamente por su acústica, «Luz de agosto en Gijón». A mitad de canción se fueron uniendo el resto de los músicos, y con este escalado consiguieron crear un momento verdaderamente único que traía lo emotivo a un concierto, hasta el momento, bastante social.

Antes de la despedida definitiva de la noche no podía faltar el buque insignia de Canciones Populistas: «Vinu, cantares y amor». El concierto se cerraba entonces por todo lo alto, como había empezado. Megáfono en mano Nacho Vegas y su cortejo interpretaban un ya clásico «El hombre que casi conoció a Michi Panero» y daban por concluido un rivierazo con contenido, de los que dejan un runrún de planteamientos y ponen en tela de juicio los que otros no se atreven a enjuiciar abiertamente.

Nota: Por enfermedad de nuestro fotógrafo, quien no pudo acudir al concierto,  no disponemos de fotografías que acompañen esta crónica. Disculpen las molestias.

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