Se apagaban las luces y se encendía el público con aplausos y gritos de guerra. Mallorca llevaba tiempo esperando la vuelta a la isla de Supersubmarina y se demostró dispuesta a darlo todo desde la primera canción de un concierto que duraría casi dos horas para despedir la gira de Viento de Cara el pasado viernes, 10 de abril en la sala Es Gremi.
De forma sorprendente puntual, empezaban a sonar los primeros acordes de Samurái para arrancar la noche. Ana también llegaría, una mítica que llevaba tiempo guardada y reservada para ocasiones especiales como ésta. Después, los coros de Hogueras harían vibrar la sala. Ésta era la hora de recordar el pasado, los inicios y sacar a brillar canciones de anteriores trabajos como Electroviral y Santacruz. Chino ya nos advirtió a los allí presentes que tendríamos la suerte de “pillar todo lo de discos primeros y todo lo de los festivales”.
Y es que la banda ha estado dando brincos entre festivales, el último el SanSan, en Gandía, y conciertos, con llenos absolutos en Zaragoza, Ciudad Real, Valladolid y en La Rivera de Madrid, estos últimos meses. Este frenético trote por nuestro territorio hacía mella en el vocalista, que advertía de su resfriado, pero aun así, al igual que Juanca, Pope y Jaime, se demostraron imparables.
El repertorio de Supersubmarina suena en directo mucho más rotundo y guerrero que en el disco. Entre sudor, micrófonos por el suelo y púas de guitarra en cubatas por accidente, transcurrieron las casi dos horas de concierto, alternando estallidos de energía pura con temas como Tecnicolor, botes de locura con Inestable y manos alzadas y ojos cerrados con De las dudas infinitas, para dejar penetrar cada nota.
Jose Chino se declaraba ilusionado por volver a la isla y aprovechó alguna ocasión para demostrar un enorme y sincero agradecimiento al público y sobre todo a la sala Es Gremi por creer en ellos cuando eran “la mitad de la mitad de lo que somos hoy”. Algunos fans habituales también recordaban entre amigos el paso de la banda por ese mismo escenario un año atrás, cuando ni siquiera contaban con el material de ahora y “tuvieron que actuar con instrumentos prestados”. “Mira dónde han llegado”, comentaban echando una mirada atrás en el tiempo con una cerveza en mano. Todo el concierto transcurrió con un bonito aire melancólico que dejaba notar que el fin de algo se acercaba.
La sala no alcanzó el llenazo esta vez, probablemente llegase sólo a la mitad de su capacidad, pero no hacía falta mucho más para sentir el arrope. Lejos de sentirse vacía, el calor del público, entre el que la banda contaba con amigos y caras conocidas, llenaba esos espacios que creaban la atmósfera íntima, de colegas, de disfrute, de pasión, de cercanía, de los de siempre, de Supersubmarina.
Las antiguas Kevin McAlister, Niebla, In Granada, Puta vida y En mis venas sonaron fruto del reclamo del público. Estirando el tiempo, añadieron también las que no podían faltar del último disco: Viento de Cara, El mañana y Algo que sirva como luz.
Y llegaba la última, Cientocero. “¡Hasta siempre!”. Ahora sí había acabado el concierto, y con él una gira Viento de cara que deja un balance muy positivo para la banda. Los asistentes siguieron contemplando por unos momentos el escenario vacío y digiriendo el agridulce sabor del concierto de despedida. Se quedaron esperando un poco más, y seguiremos esperando ansiosos su vuelta a la carga.
La gira acaba aquí, pero el ritmo no para. Por lo pronto, podremos seguir disfrutando del directo de los jienenses el 2 de mayo en el I like Festival de Córdoba o el Festival de los Sentidos en Albacete los días, 12, 13 y 14 de junio.
Fotos: Biel Covas
















