Casi tan elegante como combinar dos aspectos opuestos como el negro y el blanco, puede resultar la combinación entre dos modalidades artísticas tan dispares, pero a su vez combinables, como son los medios audiovisuales y la música. El primero, con un recorrido temporal de poco más de un siglo, y el arte de las musas, de cuyo nacimiento se podría remontar hasta el primer mordisco que Eva realizó a la manzana, se conjugan y juegan con un obligatorio e imprescindible encuentro. Algunos expertos, como el músico Julio de la Rosa, igualan la importancia de ambos medios artísticos. Otros, como la bloguera Pepa Álvarez, llegan a ascender el porcentaje hasta el 80% a favor de la música. ¿Cuánta sexualidad perdería «Ghost» si a Patrick Swayze y Demi Moore no les acompañara la melodía de “Unchained Melody”?

La alteración o manipulación, en el sentido más seductor de la palabra, que la música interpreta en los medios audiovisuales, rompe toda barrera que el ser humano pretenda levantar contra sus sentimientos. La música es el plano que más subjetividad graba en la imagen. Como el efecto Kuleshov, la joven actriz Alba Celma, compara la música con los planos que la retina percibe: “Tú pones un plano con la cara de un niño y a continuación un contra plano de un pastel y el espectador, inmediatamente, piensa que el niño tiene hambre. Si pones ese mismo plano junto a un contra plano de un funeral, el espectador saca la conclusión de que el niño está triste. Con la música sucede lo mismo: según la sonoridad que pongas, modificas la interpretación de la imagen”.

Publicidad - Revelab Studio

 

Julio de la Rosa, ganador del Goya en 2015 por la banda sonora de “La isla mínima”, conecta la música con la manipulación, ya que entiende que es un elemento fundamental para guiar al espectador en su manera de sentir. Aun así, recalca que últimamente la trama se ha impuesto a la música en las historias del cine. Pepa, directora del blog “Indiehache”, destaca en el papel de la música la dinamicidad y la posibilidad de explicar cosas que con las palabras nos quedamos cortos. Además, insiste en que una película no necesita diálogos, solo una buena banda sonora.

Estas declaraciones y el papel fundamental de la música en los medios audiovisuales, parecen ser aprobados por la mayoría de la población. En una encuesta realizada por Indiescretos el 8 de mayo, el 75% de los encuestados otorgó más de un 50% de importancia a la música frente a la imagen. El 18% de los votos prefirieron empatar ambos porcentajes, igualando el papel de ambos géneros artísticos. Para el 7% restante, prevaleció el papel de la imagen por delante de la banda sonora.

El cine y la publicidad, atraídos por la escena independiente

El cine, sobre todo español, durante los últimos años insiste en añadir a sus escenas canciones procedentes de artistas etiquetados por la prensa especializada como independientes. Uno de los casos más llamativos que se encuentran recientemente, es la película “Sólo química”. El filme, dirigido por Alfonso Albacete, cuenta con una decena de artistas entre los que destacan Miss Caffeina, Zahara, Second o The Noises, cuatro nombres muy comunes en alguno de los principales festivales musicales. Fran Gómez, voz de esta última banda, justifica esta tendencia por ser creaciones que no están tan radiadas. Por este motivo, logran que la gente se enganche a ellas y se sientan más especiales, que con una canción que han escuchado 20 veces. Recientemente, Sidonie, banda catalana y uno de los referentes de la música nacional, puso voz e instrumentación a la película de José Corbacho “Incidencias”.

The Noises Television Musica Indie Reportaje Medios Audiovisuales Oidos Sordos
Éstos no son casos esporádicos, sino que se repiten con una frecuencia más que notable. El músico Matellán, partícipe de la banda sonora de la película Seis puntos sobre Emma, responsabiliza esta tendencia por la mayor visibilidad y el momento álgido que está viviendo la escena independiente. Iván Quintana, especializado en música en medios audiovisuales, percibe esta propensión como un elemento fundamental y diferenciador de otras producciones audiovisuales. Love of Lesbian, autores de la música del spot veraniego de Estrella Damm 2013, resguardan esta postura ya que perciben en el “otro lado” una falta de imaginación y escasez de ideas estimulantes.

A pesar de este crecimiento de la música independiente en el cine, esta situación no es novedad. El calendario marcaba el año 1995 cuando “Chup, chup” de Australian Blonde se convertía en uno de los primeros himnos de la primera ola independiente de los noventa. Tras su aparición en la película “Historia de Kronen”, el tema compuesto por Francisco Nixon vio expandir su popularidad de manera descomunal. Pero de un tiempo a este y otro siglo, los temas “indies” en el cine se multiplicaron por varias cifras. “Loving Stranger” de Russian Red en “Habitación en Roma”, “Yo también” de La Casa Azul y de nombre homónimo con la película o “La tormenta de arena” de Dorian en “A tres metros sobre el cielo”, tan sólo son un trío de ejemplos de los cientos que se podrían encontrar en la última década.

La publicidad es otro soporte que no se salva de este aceleramiento. El mítico tema de A-ha “Take on me” fue versionado por la artista malagueña Anni B Sweet y empleado como banda del spot de Mc Donalds. Lo mismo ocurrió con Coque Malla, que agrandó la historia de su “No puedo vivir sin ti”, tras convertirlo en banda sonora de Ikea. Las bandas internacionales también aceptaron vender su música para campañas nacionales. Es el caso de “Heartbeats” de José González, “Shine on” de The Kooks o “Bohemian like you” de Dandy Warhols, que sirvieron para Sony, Mahou y Vodafone respectivamente.

Estas apariciones publicitarias y cinéfilas, hacen de ellas uno de los más efectivos métodos de promoción para los más desconocidos artistas. Matellán recalca que es un método totalmente legítimo, que te ofrece una visibilidad que de otra manera sería mucho más complicada. Pepa con plena seguridad en las palabras que salen de su boca, afirma: “que se lo pregunten a Dorian, que gracias a “A tres metros sobre el cielo” están llenando salas”. Julio de la Rosa, que también vio versionado su tema “La cama” en “Tengo ganas de ti”, afirmó: “una película la ve mucha más gente de la que escucha un disco, por tanto es algo que suele suceder”.

La incoherencia de los medios se refleja en el enfrentamiento de clases culturales

Socialmente algunos se empeñan en separar la música en dos culturas diferentes. Esta separación fue asentada hace unos años por un estudio, llevado a cabo por Virgil Griffith, sobre la población más joven estadounidense. Tras estudiar las calificaciones en los exámenes y sus gustos musicales, Virgil llegó a la conclusión de que quienes consumían artistas como Beethoven, Radiohead o Sufjan Stevens eran más inteligentes que quienes se ponían en sus auriculares Beyoncé, Lil Wayne o Kelly Clarkson. Respetando este estudio, en la cultura baja se podrían enmarcar la mayoría de los géneros latinos, en especial el reggaetón, el pop más comercial, el hip hop o la música con fines más comerciales. Mientras, en la otra cara de la moneda se encontrarían géneros como la música clásica, el rock o el “indie”.

Sorpresivamente, esta separación de culturas coincide con dos elecciones musicales totalmente diferentes. El cine y la publicidad incorporan en sus melodías canciones correspondientes a esta cultura denominada como alta. Sin embargo, en España la televisión, el medio de comunicación más global y popular, tiende a incorporar a su parrilla televisiva estilos que corresponden a esta cultura más pobre. Revisando las principales cadenas de televisión, aparecen actuaciones, casi siempre en playback, de artistas como Ylenia, Kiko Rivera o Manuel Carrasco. En comparación, en los shows y competiciones musicales, como La Voz o en su momento Operación Triunfo, la mayoría de la música ofrecida venía de cantantes correspondientes al pop como Lady Gaga, Bruno Mars o Shakira. Otro fosforito en esta incoherencia son las canciones que exportan desde los realitys. Gran Hermano o Mujeres, Hombres y Viceversa, venden programa tras programa intérpretes de la talla de Juan Magán, David Bisbal o Henry Méndez.

Ante esta situación, Pepa recrimina que la televisión se está quedando vieja: “El target de programas está orientado a gente que suele ser ama de casa, gente mayor y que no utiliza las redes sociales. Por ello, la música que le ofrecen y consumen es radio fórmula, porque es a lo que tienen acceso”. Santi Balmes, voz de Love of Lesbian, recibe esta incoherencia como una evidencia y una dinámica inamovible. Mientras, Julio de la Rosa “entiende” que los mass media tienen que vender a millones de espectadores, por lo que incorporan música con una mayor aceptación social.

Love of Lesbian Television Musica Indie Reportaje Medios Audiovisuales Oidos Sordos

La escasa música en televisión danza en playback al ritmo de lo comercial

Buceando por la parrilla televisiva española resulta prácticamente imposible ver y escuchar actuaciones en directo o programas de temática musical. “Habría que plantearse que si no hay programas de música es porque no hay público para ellos. No sé si en vez de un documental repetido 50 veces, o el mismo capítulo de una serie 150, compensa más que invertir en estos programas”. Con estas palabras critica Matellán el atraso cultural de nuestro país.

Alba añade que otro de los problemas reside en el concepto de incapacidad e inseguridad que se tiene, por lo que se termina disfrazando y falseando el producto. Julio también juzga la desaparición de la música en la televisión: “es mucho más fácil meter a cuatro chavales haciendo de marionetas, que montar todo lo que implica un concierto en directo para tocar una sola canción”.

Culturalmente, esta situación afecta tanto a la sociedad como a los artistas. La televisión pública tiene la obligación de dar visibilidad a todo tipo de programación y se reserva la parrilla musical para las madrugadas. Esto da como resultado el empobrecimiento de este medio de comunicación y convierte a los televidentes en meras marionetas que danzan al ritmo de realitys, enfrentamientos televisivos y música bajo el triste y único objetivo que el comercial.

Con la racional metáfora, “si yo nunca voto a este partido, ¿por qué siempre sale ganador?” estalla Matellán ante el consumo de la música en nuestro país. También es un notable colectivo de ciudadanos, el que no se siente representado culturalmente en el medio de comunicación más popular. “Si no compramos la música de determinados artistas, ¿por qué no abandonan nuestros malditos televisores?”, critican severamente aficionados que se oponen a la que perciben como una obligada imposición artística. Aunque las cifras celebran que en el 75% de los encuestados la música se imponga a la imagen, la manipulación artística pisa el freno en la televisión. Pero, ¿por qué no ceder ante el arte para que adultere los sentimientos de la sociedad? Al fin y al cabo, el arte tan sólo es la manera de manipular más elegante.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here