The Lazy Lies - Portada álbum debut

Si sabes que algo funciona, ¿por qué desaprovecharlo? Puede que esta sea la premisa de los barceloneses The Lazy Lies, que se presentan en el mundo musical con un álbum debut epónimo, The Lazy Lies (Right Here Right Now, 2016). A lo largo de diez temas, The Lazy Lies nos recuerdan que cualquier tiempo pasado no tiene por qué ser mejor, sino que para que suene actual, basta con darle una vuelta de tuerca, refrescarlo y convertirlo en cortes de media de tres minutos desenfadados en ocasiones pero nunca rozando la trivialidad. Y es que The Lazy Lies demuestran que no hacen falta más de 180 segundos para darle formato musical a pequeñas historias con principio y – a veces fin – firmadas por Roger Gascon (voz, guitarra, piano y producción, excepto «The Number One», con coautoría) y que, además, te acompañan amablemente cual melodía pegadiza apropiada para cualquier momento del día gracias a la suave modulación de la voz de la cantante principal y también actriz Montse Bernad. Completan el elenco LazyLiero Xavi Mir (guitarra), Dedé Camprubí (bajo) y Josep Mateo (percusión), todos con amplia carrera musical.

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El álbum abre con «(Things Will Eventually) Backfire», que instrumentalmente no solo nos traslada a los ritmos beetlelianos sino que también es, como en otros temas, perfecta reminiscencia de los patrones que hallamos en los temas de los primeros álbumes de The Basics, banda australiana prácticamente desconocida más allá de las Antípodas por más que su cantante y baterista, Wally De Backer «Gotye», sea el ganador de tres Grammys. Al igual que The Lazy Lies, en sus inicios, The Basics recuperaon el sonido sixties pero con letras basadas en el amor. La diferencia entre unos y otros es, además de la voz femenina de Montse Bernad, que se traduce también en un estilo único y personal, unas letras que, en el caso de los barceloneses, van más allá de los architrillados «I love you», «I miss you», «Oh, come back to me».

El primer single de The Lazy Lies, «Who’s That Sally?», acompañado de vídeo musical, es un homenaje, en palabras del mismo Roger Gascon, a esa desconocida Sally que aparece en canciones de «gent[e] com[o] Bob Dylan, The Who, Oasis, Stone Roses, Paul McCartney, Little Richard, The Police».

«The Number One», más calmada que las anteriores, nos deja quizás con las ganas de añadirle un coro-eco, aunque su punto «Ticket to Ride» con ralentí la hace de lo más memorable. Recuperamos el ritmo con «Beautiful Morning», con la que se nos dibuja una sonrisa con su inicio pianístico tan «Like A Fool» de la dulce a morir B.S.O. de Begin Again con las voces de K. Knightley y Adam Levine y con la que perfectamente nos trasladamos a un mundo de peli de Super-8 grabada durante un picnic donde no se respira otra cosa que optimismo y luces de color. A su vez, «Stop Pretending» tiene ese punto en que sentimos la necesidad de unirnos a unos coros femeninos estilo Motown pero nos encontramos un tema sin más pretensión vocal que nos recuerda a Júlia Baron de los también barceloneses The October Twilight, dulzura vocal que se repite dos temas más adelante en «Great Desire». No por ello la primera deja de ser un himno reivindicativo con fuerza propia. No podemos ocultar que tenemos especial preferencia por la elocución alargada de Montse Bernad en «The Dancefloor», tan novedosa en el álbum y que contrasta notablemente en el intervalo a duo con Roger Gascón. Los riffs de guitarra de base melódica, los dúos y las palmas con papel relevante en «The Number One» se recuperan en «Feel The City Alive». No nos engañemos, no obstante, con el buen rollo transmitido por la música contrastan con el «Can you see you’re losing your mind?/Can you see you’re dead inside?»). Cierran el álbum «Dangerous Game» e «Into My Bed», tema en que la voz de Montse Bernad pasa de lo dulce a lo sensual como el que no quiere la cosa.

El álbum debut de The Lazy Lies nos demuestra que los sesenta fueron muy sesenta y mucho sesenta, pero que cincuenta años no son nada si hablamos de la creación musical en The Lazy Lies, álbum que más allá de copiar o complacerse en el pasado, revive el pop-rock sesentero con un aire fresco y desenfadado sin excederse en los arreglos ni en la estética pero tampoco quedándose en la burda copia de sus más que claras influencias.

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