Pasadas las doce, 1016 de Alfred García ya estaba disponible para que el oyente pudiera escucharlo y disfrutarlo. Sin duda, el proyecto musical del último representante español de Eurovisión era el que más expectación había despertado junto a Amaia, puesto que era una incógnita a despejar el enfoque que daría a su carrera. Las x y las y se fueron intuyendo en las últimas semanas cuando vimos algunas de sus relaciones tras salir de la academia más famosa de España. Rayden, Salvador Sobral, Albert Pla, Robie Iniesta o Sidonie fueron algunos de los artistas con los que se codeó y con los que se podía intuiar cierto feedback musical.

Tras conocer su primer single, estas expectativas aumentaron, ¿pero se cumplieron? Para ello, analizamos en una primera escucha con nuestra primera vez con 1016 el primer disco de Alfred, tras salir de Operación Triunfo.

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Abre el álbum «De la Tierra hasta Marte». Sin duda, el mejor single de todos los triunfitos de la historia de OT. El listón tampoco estaba alto y no fue complicado ascender hasta la 1ª posición. Sin embargo, hace meses nadie podría decir que un excelente tema así podría proceder de un talent musical. Continuaba «Que nos sigan las luces», su candidatura individual para Eurovisión este año. Peor resultado que el propuesto para el festival, con unos vientos cada vez más descaradamente influenciados por el sonido de Leiva. Los coros excesivos y los ¿teclados? parecen metidos a presión para disfrutar de una impostada complejidad.

Atmosférico y callejero el inicio de «Londres», una balada desnuda que permanece sin ropa hasta pasada el minuto, tan solo a piano y voz en la nocturnidad. La incorporación de instrumentación va vistiendo la canción, mientras Alfred continúa desnudando su interior con excesivas referencias de literal «inteligencia artificial». «Wonder», al más puro estilo de los dramones internacionales de artistas como Bon Iver o Sufjan Stevens, transforma su voz hasta el punto de desaparecer. Pavvla le acompaña en un original tema con toques de sutil electrónica, dónde llega a combinar pinceladas sonoras de tribus con otras urbanas.

En la senda de sus dos antecesoras, «La ciudad» continúa desnuda, intensa y oscura. Todo un «melodrama infinito» como canta en uno de sus versos. Letra directa, sensible y sin excesiva floritura literaria, por lo que le resultará fácil conmocionar a sus miles de fanáticos adolescentes y no tan jóvenes. Después de la calma viene la tormenta con el tema homónimo del disco. Una canción que bien podría corresponder a una gala de Tu cara me suena, en la que Alfred vuelve a imitar mejor que nunca a Leiva en «San Sebastian-Madrid». Peligrosas similitudes que le restan originalidad y lo podrían convertir en otro «quieroserLeiva». Sin embargo, esta no es su influencia perezosa más exagerada.

«Solo suenan los Pereza» dice en «Madrid», la cual también se llama como uno de los temas de Rubén Pozo. Y sí, la verdad que en este disco, de momento, solo suenan los Pereza, pero sin la calidad de versos de los madrileños. Alfred continúa en búsqueda y captura en estas últimas canciones. Ni rastro de él -ni de su voz-. Regresa -un poco- la voz del catalán a la canción que da nombre a su querida «Barcelona». Esta se desmarca de la voz de las anteriores, a pesar de que no aporta ninguna novedad y podemos engañar a nuestro oído haciéndole creer que esto ya ha sonado otras veces en nuestros auriculares.

Emocionará a todo seguidor de Operación Triunfo escuchar de nuevo a Almaia en la versión catalana de «City of Stars», «Et vull veure». Maravillosa combinación de ambas voces y fabuloso el riesgo de cantar en catalán. Atmosférica y preciosa se presenta una melodía perfecta para Romeos y Julietas. «Volver a empezar» se llena de pasión y fuerza desde el primer verso para ir aumentando dichas cualidades a lo largo de las estrofas para explotar en el estribillo más rockero y fuerte, hasta el momento, del disco. Sin ser el mejor, será uno de los favoritos de 1016 para sus fans.

Como diría Matías: «permíteme que insista». Leiva reaparece en «Sevilla» con un estribillo de radical cercanía a «Palomas» (del disco Pólvora). Interpretación «chulesca» para interpretar una canción rabiosa, con una letra más madura y una voz de mayor personalidad y autenticidad. «No cuentes conmigo» si cuenta con la maravillosa presencia de Carlos Sadness y sus constantes y personales referencias medioambientales. Balada repetitiva, pero no cansina, en cuya historia es muy fácil meterse, gracias a la impecable interpretación de ambos. Sorprendente resultado para llamativo dúo.

A ritmo de funk, Alfred cambia de marcha y mete la cuarta en «Lo que puedo dar», lo más movido hasta esta 13ª canción. Entre tanta balada, destaca sobresaliente y totalmente este tema que abandona el estado de yerno perfecto para colgarse una etiqueta de mayor rebeldía y «flow». «Por si te hace falta», el cual ya había enseñado dentro de la academia y recientemente en la gala contra el SIDA, vuelve a desnudarse. Emociona hasta límites exagerados gracias a ese «aullido», el cual se está posicionando como una de sus cualidades principales y más agradecidas, aunque seguramente influenciadas de su admirado Salvador Sobral.

Santi Balmes irrumpe para crear un himno con coros ostentosos en «Let me go». Éste disfruta de una progresiva y admirable evolución dónde casi hay espacio hasta para el rap. Siete minutos de original batalla de gallos que podrían recordar al histórico dúo Rocío Jurado – Mónica Naranjo, pero esta vez en versión «indie». Una balada más -por si fueran pocas-, bajo el nombre de «Himno del Prat», cierra 1016 con mayor fuerza y grandiosidad que sus anteriores. Notable cierre para dar forma a un álbum que se iniciaba como un descartes o rarezas de Pereza y que se ha defendido como un potente inicio de carrera musical.

En líneas generales, 1016 puede resultar un disco repetitivo por las continuas baladas e «imitaciones» a Leiva. Aún así, lo corrige con un final lleno de colaboraciones, que distraen la visión perezosa del oyente, y con notables canciones y originales propuestas musicales. Sin embargo, Alfred podría haber seleccionado un número menor de canciones, restando cuatro o cinco de las descaradas perezosas y otras ‘sin chicha ni limoná’, y haber confeccionado un primer disco redondo y sobresaliente. Su ambición de querer hacer un disco histórico con 16 temas (nunca visto en ningún estreno de ningún triunfito) le ha llevado a que sea un trabajo extremadamente valiente y ambicioso.

Aun así, el «quién no arriesga, no gana» no le ha dado la victoria en este caso y 1016 se ha quedado como el mejor disco de la historia de Operación Triunfo, pero uno más de la escena alternativa, el cual, sin la firma de Alfred de OT, no despertaría la atención de la audiencia. Pese a ello, su desmarque del sonido extracomercial de los triunfitos, su notorias letras con tan solo 21 años, sus referencias exquisitas y su personalidad potente y valiente asientan a Alfred como uno de los rostros musicales con más proyección de futuro innegable. ¡Que le sigan la suerte y las buenas compañías!

2 Comentarios

  1. Otro que se piensa que el rock con influencias sudamericanas lo inventó Pereza y que tacha de copias canciones por semejarse en 2 compases a otros temas, o tener un sonido base que podemos identificar en muchísimas bandas.

  2. Si te refieres con ese titular a que es el mejor disco de un artista de OT España es que no has escuchado Night and Day ni Blue Bird de Virginia Maestro.

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