Todavía recuerdo el primer disco de música que me compré. Fue en el 2011, yo tenía once años, y le pedí a mi abuela que me regalara el último disco de Amaral, Hacia lo salvaje. En aquel momento yo no tenía ninguna noción musical más allá de lo poco que escuchaba en el coche, así que reconozco que pedí ese regalo porque no se me ocurría nada mejor. Hoy, casi siete años después, puedo decir con orgullo que aquel disco me cambió la vida y me introdujo en el mundo de la música. Eso me llevó a descubrir otras bandas y a sentir por primera vez la energía de un concierto, pero también a conocer a magníficas personas que compartían mis gustos musicales y que a día de hoy forman una parte muy importante de mi vida.

Historias como la mía las hay a montones, ese es el regalo más bonito que hace la música, la gente a la que une. Por eso, no quiero que esta entrada sea un mero repaso a la trayectoria musical de Amaral, sino también una muestra de agradecimiento a Eva Amaral y Juan Aguirre (así como a tantos otros músicos) por esa gran labor social que hacen sin ni tan siquiera ser conscientes de ello. Dicho esto, aquí va mi pequeño agradecimiento en forma de artículo. Por otros 20 años más.

 

Los primeros años de Amaral (1992 – 1998)

En honor a la verdad hay que decir que Amaral no existe desde hace 20 años, sino más bien 26. Corría el año 1992 en Zaragoza cuando una joven Eva Amaral (esto parece un cuento de Disney) tocaba la batería en Bandera Blanca y cantaba en otro grupo llamado Lluvia Ácida. Mientras tanto, Juan Aguirre ya llevaba nueve años tocando la guitarra en Días de Vino y Rosas, uno de los grupos revelación en la escena musical de Zaragoza en aquella época.

Eva Amaral tocando la batería en Bandera Blanca.

Un día, Juan Aguirre fue invitado a colaborar en una canción de Lluvia Ácida, y allí fue donde surgió la conexión entre él y Eva. En los años siguientes se recorrieron numerosos bares de Zaragoza y otras partes de España tocando e incluso ganando algunos premios. Poco a poco se fueron abriendo un pequeño camino en el mundo de la música, en parte gracias al apoyo de algunos periodistas como Jesús Ordovás, que les hizo una de sus primeras entrevistas en la radio (en concreto en el programa Diario Pop de Radio 3). Así fue como finalmente se instalaron en Madrid, sin saber la cantidad de sorpresas que les iba a deparar el futuro.

Todo el mundo tiene un pasado. Eva Amaral y Juan Aguirre en 1998. (Fuente: @jmrosillo en instragram)

 

El despegue (1998 – 2001)

El primer disco, Amaral (Virgin Records, 1998), estuvo producido por el mismísimo Pancho Varona. Destacan canciones como Rosita, Un día más, Mercado negro o No sé qué hacer con mi vida, canción esta última que ha ido mutando a lo largo de las distintas giras y que incluso a día de hoy aún se mantiene en el repertorio. Sin embargo, para mí la joya oculta de ese disco siempre será No existen los milagros.

 

En el año 2000 llegó su segundo álbum de estudio, Una pequeña parte del mundo (Virgin Records). Siempre me ha gustado calificarlo como el disco más “luminoso” de Amaral en lo relativo a la música. No sé muy bien cómo definirlo, pero cada vez que escucho canciones como Volverá la suerte me invade una sensación de felicidad que no encuentro en otros discos del grupo. No obstante, también hay canciones como Siento que te extraño (una de las más reclamadas por el público) que te llevan al estado anímico opuesto; es totalmente demoledora.

En este disco también hay espacio para grandes singles como Cómo hablar (que han interpretado junto a artistas de la talla de Antonia Vega o Iván Ferreiro), pero una vez más prefiero rescatar una de esas grandes joyas ocultas que nunca han recibido el trato que se merecen: Una pequeña parte del mundo, canción que da nombre al disco y que está dedicada a la memoria del padre de Eva Amaral, fallecido unos años antes.

Como curiosidad, la figura de su padre también apareció en discos posteriores en canciones como Te necesito o En el río. Más tarde, en 2011, Eva escribió también una canción desgarradora dedicada a su madre: Olvido. (Pero tú eres lo último que veo / antes de vencerme el sueño. / Siempre estás conmigo en una dimensión lejos del olvido).

 

Los años del boom (2002 – 2007)

Dos millones. Esa es la cifra de discos que Amaral consiguieron vender con su tercer álbum, Estrella de mar (Virgin Records, 2002). Basta con pronunciar los títulos de algunas canciones (Sin ti no soy nada, Moriría por vos, Salir corriendo, Toda la noche en la calle…) para que inmediatamente se vengan a la memoria colectiva todos esos estribillos pegadizos que tanto han sido explotados por la radiofórmula. Quizás esa repetición cansina sea precisamente la que me hace tener cierto desapego por este disco, lo cual no quita que en él también podamos encontrar -una vez más- joyas ocultas. Aunque en este caso hablar de joya quizás es poco; esto es más bien el Oro de Moscú: En sólo un segundo, una hipnotizante canción de ocho minutos que no deja indiferente a nadie.

 

La expansión continuó con Pájaros en la cabeza (EMI Music, 2005), que fue el disco más vendido en España ese año. Aquí los hits también se suceden unos a otros: El universo sobre mí¸ Marta, Sebas, Guille y los demás (‘Son mis amigos’ para la mayoría de la gente), Días de verano

Sin embargo, sería una pena pasar por alto de canciones tan enormes como Esta madrugada, escrita en memoria de los atentados del 11-M, o No soy como tú, interpretada junto al ya difunto Enrique Morente, una de las mejores voces que ha dado el flamenco.

 

El inicio de un cambio (2008 – 2013)

El año 2007 fue muy convulso para la banda, ya que Eva y Juan estuvieron a punto de disolver ese proyecto musical en el que llevaban diez años inmersos debido a un cúmulo de factores personales que carecen de interés periodístico y musical, pero que pusieron en jaque la continuidad de Amaral. Por suerte, eso no llegó a suceder, sino que más bien causó todo lo contrario: volvieron con Gato negro · Dragón rojo (2008, EMI Music), un doble CD con 19 canciones que traza un puente entre el sonido pop-rock que venían haciendo hasta entonces (representado en canciones como Kamikaze o El blues de la generación perdida) y un nuevo sonido menos comercial y más experimental (en canciones como Concorde, De carne y hueso o Alerta) que les ha alejado un poco de la radiofórmula y les ha adentrado en un nuevo circuito donde, a mi parecer, la música ha ganado en importancia y en calidad.

Sería difícil quedarse con tan sólo una canción de este disco, pero como no hay más remedio, me decanto por la melancolía que transmite Rock & Roll.

 

El culmen de Amaral llegó con Hacia lo salvaje (2011, Discos Antártida), que para mí es sin ninguna duda su mejor trabajo. La renovación se aprecia en primer lugar en las letras; a diferencia de los discos anteriores, no hay ni una sola canción de amor o desamor (entiéndase “amor” como el primer concepto que a todo el mundo se le viene a la cabeza, aunque la palabra signifique mucho más que eso), y podemos observar nuevos temas: las drogas (Si las calles pudieran hablar), la vida contemplada desde una etapa de madurez (Cuando suba la marea), el odio hacia una persona en concreto (Esperando un resplandor), el recuerdo constante de la madre de Eva (Olvido), una historia personal ligada a un paisaje evocador (las playas de Riazor), el hartazgo por la clase política (Como un martillo en la pared) o la decisión de transitar por un lugar difícil e inexplorado (Hacia lo salvaje), que es al fin y al cabo lo que hicieron con este disco.

En cuanto a la música, podemos ver cómo muchas canciones se desligan de la clásica estructura estrofa-estribillo y en general se alejan de la radiofórmula, como ya he dicho antes. Un claro ejemplo es Hoy es el principio del final, que para mí es una de las mejores canciones en la trayectoria de Amaral. Lo aúna todo: una gran letra, una calidad musical increíble y la voz de Eva en su estado más energético y sobrecogedor.

(Aunque para vozarrón el que muestra en Rogaciano el huapanguero, canción de Chavela Vargas que incluyeron en la edición latinoamericana del disco junto a Héroes, de David Bowie).

 

El círculo se cierra (2014 – 2018)

Tras casi tres años de gira, en octubre de 2014 llegó el séptimo álbum de estudio de Amaral, Nocturnal (Discos Antártida). Si antes decía que en Hacia lo salvaje se había dejado atrás el tema del amor, en este disco se retoma pero para mostrarlo en todas sus otras formas, esas que no estamos acostumbrados a ver en las películas. Quizás este sea el disco de Amaral que tiene las letras más abstractas, lo cual no quita que también algunas de ellas sean comprensibles a la primera escucha, como sucede con Unas veces se gana y otras se pierde (el mismo título dice el tema de la canción) o La ciudad maldita, canción dedicada a la memoria del tío-abuelo de Eva Amaral, fusilado durante la Guerra Civil Española.

Con respecto a la sonoridad del disco, el cambio es bestial. Si bien decía antes que Una pequeña parte del mundo es el disco más luminoso de Amaral, este sin duda alguna es el más oscuro (en lo referido a la música). Por primera vez notamos una importantísima presencia del bajo, así como de los teclados, que juegan un papel protagonista, y de la batería, que durante los conciertos de esta gira ha estado situada en la parte delantera del escenario. Y todo esto sin olvidar las guitarras de Juan Aguirre, que han ganado en fuerza y en electricidad y han empezado a mostrar algunos efectos como el delay, responsables en buena parte de ese nuevo “sonido Amaral”.

La banda al completo en un concierto de la gira Nocturnal.

Esta gira nos ha dejado momentos únicos como el concierto que ofrecieron el 5 de enero de 2017 junto a la Banda Sinfónica Municipal de Madrid, aunque en realidad cada concierto ha sido un momento único, y todo ello en parte gracias a la puesta en escena. Hablar de Nocturnal sin hablar de la escenografía de esta gira sería como ir a Pisa y no echarte la foto sujetando la torre: es inevitable.

Hace dos años Eva y Juan estuvieron en Discos Bora Bora (Granada) ofreciendo un acústico gratuito. Al terminar, me acerqué y les dije que tenían que grabar sí o sí un DVD, porque sería una pena dejar caer en el olvido la inmensidad del manto estrellado que les ha acompañado en todos sus conciertos (bueno, a ver, no se lo dije así de bien, pero ya me entendéis). No era la primera vez que alguien se lo pedía, y ellos sabían que ya era casi una obligación. Así que hoy, dos años después, por fin podemos disfrutar de Superluna: directo desde el Planeta Tierra, grabado en el fin de gira que hicieron en el WiZink Center de Madrid en 2017.

El Palacio de los Deportes de Madrid lleno en el fin de gira de Amaral (28.10.2017)

El círculo se cierra. Han pasado algo más de 20 años desde que Amaral publicara aquel primer álbum hasta este concierto grabado en directo ante 15.000 personas. Veinte años en los que el dúo formado por Eva Amaral y Juan Aguirre ha dejado una importantísima huella en la historia del pop español, y todo ello sin olvidar el hecho más importante: siempre lo han hecho desde la humildad, desde la libertad de creación y desde la pasión que transmiten por su trabajo.

¿A qué lugar le llamas cielo?”, se preguntaban en su canción No soy como tú. Lo que no sabían es que tenían el cielo justamente encima de sus cabezas… Ahora, más que nunca, la Superluna brilla en el firmamento. 🌚🌑 💫🌟☄️

 

Por si alguien le interesa, he creado una playlist en Spotify con las joyas ocultas de Amaral. Que no caigan en el olvido.

Imagen de cabecera: FotoRock