No se le puede criticar a Enrique Bunbury que sea un artista inmovilista, que viva de sus fórmulas pasadas y haga canciones que recuerdan a otras, con parecidos arreglos que le aseguren ir perdiendo público pero lo suficientemente lento como para seguir viviendo de esto. Desde que iniciara su carrera en solitario no ha parado de investigar, de jugar con las posibilidades que cada época le ha ido ofreciendo y así, hizo su raíz de sonidos latinos, continuó nutriéndose del rock americano y ahora nos presenta Expectativas, un trabajo que no olvida todo lo anterior pero que Bunbury defiende como un disco muy actual.

El sonido es tremendamente claro, los arreglos se presentan protagonistas conjuntamente con la voz y suena realmente intensa, lo que hace de este un trabajo muy compacto. Probablemente sea por el hecho de que las canciones se han grabado de una vez, con todos los músicos tocando juntos, lo que da una sensación de música en directo y de disco orquestal.

En sus letras Bunbury muestra humildad (“Supongo” o “Mis dominios”), a veces cierta inseguridad (“Al filo de un cuchillo”), muchas veces rabia y desesperanza (“En bandeja de plata” o “Parecemos tontos”) y en algún caso se vislumbra cierto toque humorístico, en un disco que tiene un 50% de contenido social y otro 50% de temas más personales y con varios casos en los que según se interprete podría ser una cosa u otra como “Cuna de Caín”.

Bunbury reflexiona sobre la situación política de no solo España, criticando a los líderes que actualmente gobiernan países potenciales (“Nada ocurre por casualidad, no puede un retrasado mental estar al frente de todo” en “Bandeja de Plata”) y, tras aquel “Despierta” donde pedía levantarse, ahora muestra más esperanza en Parecemos tontos. Por otra parte, también parece hablar de situaciones familiares complejas, de conflictos, de las malas pasadas que te gasta la mente y otros temas sociales como el derecho a tener opinión y no ser enseguida censurado con, digamos, poca educación.

Expectativas se presentó con los singles encadenados “Parecemos tontos” y “La actitud correcta” y un documental donde se puede ver que grabar un disco puede ser un camino de rosas pero sin olvidarse de las espinas.

Como canta en el single, yo tampoco sé lo que es, pero este disco tiene eso que es lo único que importa y que hace que este disco apetezca escucharlo varias veces y reflexionar sobre él, por lo que habrá que afirmar que estamos ante uno de los mejores discos de Bunbury en solitario.

Valoración: 3,5/5

Las Mejores: En bandeja de plata, Cuna de Caín, Parecemos tontos y La constante (lo más cerca que es capaz de estar de lo comercial).