Madrid. Febrero. 2020. Antes de la pandemia.

Las autoridades policiales han recibido ya muchos reportes. Parece imposible, pero la insistencia en las llamadas telefónicas obliga a una pequeña patrulla a personarse en las inmediaciones del Manzanares. Nunca antes Madrid había recibido un aviso por avistamiento de tiburón, hasta que hoy las líneas telefónicas de la centralita han colapsado por este mismo motivo.

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Dos jóvenes agentes se bajan del coche y avanzan hacia el río. Lo que en principio creían que se trataba de una simple broma pesada se torna de un tono mucho más serio cuando un torrente de gente que corre despavorida casi los arroyan. Ambos se miran extrañados y recorren el camino con paso dubitativo.

Los vecinos siguen huyendo, pero sus gritos suenan cada vez más lejos. Los dos policías divisan ya el agua y siguen caminando hasta llegar a la ribera. Uno de ellos ha conseguido desenfundar su arma reglamentaria y apunta hacia delante con firmeza. El otro está tan impresionado con lo que acaba de ver que tiene el cuerpo paralizado, solo advierte la sensación de su corazón bombeando fuerte dentro de su pecho, mientras que su vista va nublándose poco a poco.

Todo parece cierto. Allí, a aguas del río Manzanares, un enorme tiburón blanco se encuentra varado. Su mandíbula deja ver tres mil dientes amenazantes que brillan bajo el sol de la ciudad y se abre lentamente cuando los dos sujetos se encuentran frente a ella.

A pesar de la situación, no se asustan. No entienden por qué, pero saben que no es una amenaza. El tiburón, con la mandíbula totalmente abierta, enseña con aire solemne qué es lo que aprisiona en su interior. Entonces lo entienden. Sacan de allí un pequeño disco de acetato como si fuera una ceremonia.

Tiburona ha llegado a la ciudad.

Bajo este nombre se reúnen Laura del Amo (guitarra y voz), Super Carmen (batería y voz) y Rita Dolores (bajo y coros). Estos nombres son conocidos en la escena, pues han pasado por la formación de otros grupos como Juanita Banana, sin embargo, en este nuevo proyecto el broche de oro lo pone Guille Gosalbo a la farfisa.

Su primera referencia ha sido producida íntegramente en los Hollers Analog Studio de Málaga y supone una bocanada de aire fresco respecto al sonido de las producciones que han ido saliendo a lo largo del año.

Tiburona abre su EP homónimo con Hijas de las grutas, que sirve como presentación y deja claro la sonoridad del grupo y cuáles son sus intenciones. Resulta el tema más primitivo: solo necesita un riff pegadizo y un marcado ritmo surf en la batería para hacer que nos enamoremos ciegamente tras la primera escucha y sigamos queriendo hacer girar el tocadiscos.

El siguiente tema, Carrusel, llega como una locomotora sin frenos. La vorágine comienza con una farfisa totalmente arrolladora y que arremete potente, para teñir toda la canción de un fuzz bastante cañero y oscuro. La melodía tétrica arropa una voz dulce y siniestra a partes iguales que tampoco se queda atrás.

El nombre de la siguiente canción es también Tiburona y responde a una versión y reinterpretación instrumental del leitmotiv de la película de Spielberg. En este claro homenaje a la cinta destacan las guitarras en limpio y los punteos en la onda del clásico Dick Dale.

Después de haber rendido tributo a Amity Island se puede escuchar La diosa, que cierra el EP. El juego de acoples de su introducción configura la atmósfera perfecta para un tema que emana espíritu Tiki por todos sus poros. La guitarra distorsionada legitima la actitud macarra que afianza la gran presencia de la farfisa de Guille Gosalbo y acompaña una letra dedicada a alguna antigua deidad de las islas más perdidas del Pacífico. Además, el juego de aislamiento de farfisa y bajo que acontece durante las estrofas termina de crear el ambiente antes indicado.

Tiburona ha entrado por la puerta grande. Actualmente se agradece más que nunca un grupo que se diferencie y tenga personalidad, aspectos que les sobran a estas chicas. El power-trío suena compacto y potente, características que comulgan a la perfección con el estilo fluctuante de rock and roll, garage y surf que confeccionan en su obra.

Cuando acaba el EP, el sentimiento general es que estas cuatro canciones se quedan cortas y, sin duda alguna, dejan un buen sabor de boca más que notable. Solo esperamos ver pronto como se desenvuelve Tiburona en una producción de mayor duración. De momento solo nos queda atesorar la referencia en nuestra colección de discos y rezar para que la bestia vuelva a atacar pronto.

 

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