Desde Indiescretos hemos querido lanzar una nueva sección para amenizar un poco el confinamiento que se titula «Canciones confinadas». Quienes somos amantes de la música sabemos perfectamente lo que es sentir un pequeño pinchazo en la barriga al escuchar ciertas canciones. Es una extraña sensación, algo que no se puede contar.

A mí, por ejemplo, hay muchas veces que al escuchar alguna canción se me vienen a la cabeza imágenes, o me imagino historias ficticias relacionadas con la letra, o me evocan algún recuerdo de mi infancia… Son, en definitiva, canciones que por un motivo u otro tienen mucha importancia para mí, y siempre que las escucho pienso lo mismo: «ojalá el resto de la gente viese esta canción con los mismos ojos con los que yo la veo».

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Precisamente ese es el objetivo de esta sección. Queremos hablaros de lo que sentimos al escuchar algunas de esas canciones que tanto nos inspiran. Los sentimientos no se pueden traspasar, pero sí se pueden compartir y contagiar, y queremos que «Canciones confinadas» sea una ventana para poner en común emociones y hacer que nunca volváis a escuchar un tema de la misma forma en que lo escuchabais antes.

Seguramente no hayáis oído antes muchas de las canciones que aquí vamos a comentar, pero eso lo de menos. La intención es que al llegar al final de la entrada hayamos conseguido contagiaros parte de nuestra pasión y que tengáis mucha curiosidad y ganas de escucharla.

Vamos con el primer asalto.

«En el río» es una de esas joyitas de Amaral que están invisibilizadas por los grandes éxitos, y es una pena. Además, ellos casi nunca la tocan en directo porque para Eva Amaral es demoledora. De hecho, hace poco la rescataron 15 años después para tocarla en un acústico, y al terminar de cantarla no puedo evitar ponerse a llorar.

No es para menos: la canción habla de una doble pérdida que para ella debió de suponer mucho. En primer lugar, la muerte de su padre, que llegó cuando ella era muy joven aún; y en segundo lugar, la desaparición del río en el que pasó su infancia y al que van ligados muchos recuerdos, con la figura de su padre presente en muchos de ellos.

La canción comienza con un cuarteto de cuerda sonando a un ritmo frenético. Cuando lo escucho, a mi mente siempre se vienen imágenes como si fuese un videoclip: un montón planos que se suceden a gran velocidad (al ritmo de la música) de libélulas y otros insectos voladores huyendo despavoridos del río.

La música tiene una estructura que en narrativa se llama in extrema res: empieza por el final y a continuación, una vez que nos han presentado la escena, todo se calma y aparece un plano del río enfocado desde arriba. Se va acercando poco o poco, y podemos ver que hay dos personas pescando en la orilla: son Eva y su padre.

Anoche soñé que mi padre estaba vivo
y pescábamos juntos en el río.
Como aquella vez a mediados del verano
que de niños nos bañamos en el río. 

Sin embargo, la parte bonita de la historia termina pronto. Vuelve a dar un salto en el tiempo, esta vez hacia delante, y nos pone de cara a la realidad: ya no habrá más recuerdos ni más historias de niños que vayan con sus padres a bañarse allí, porque el río ya no está. Ha muerto, y con él se ha llevado los recuerdos de la infancia.

Él, que fue testigo generación tras generación,
no verá a mis hijos.
En el río, las libélulas volaron al exilio.
En el río, de su cauce ha quedado sólo un hilo.
Y ese hilo grita: «Asesinos».

La rabia contenida con la que pronuncia la palabra ‘asesinos’ es motivo suficiente para que la canción ya valga la pena. También hay que hacer mención especial una vez más al increíble trabajo de la sección de cuerda, que casi pasa desapercibido, pero que está de trasfondo imitando el sonido del vuelo de un insecto cuando suena la frase de «las libélulas volaron al exilio». Cada expresión, cada instrumento, están cuidados al detalle.

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La siguiente estrofa es muy triste y dura: Eva se reencuentra con su padre en sueños. Allí está él, alegre y sonriente, pero no puede oírla por más que le grite. Lo ha perdido para siempre.

Anoche soñé que nadando río abajo yo llegaba hasta el mar.
Te vi al pasar, sonriendo en una orilla.
Te llamaba, pero no me oías.

Y a continuación vuelve a remarcar con amargura esa doble pérdida. La pérdida de su padre parece ligada a la destrucción del río, como si tras su muerte ya no tuviera sentido seguir transportando agua de un sitio a otro. Como si en realidad padre y río fuesen una sola unidad.

Él, que fue testigo generación tras generación,
él se fue contigo.

Pero sin duda alguna, el factor determinante que me ha hecho elegir esta canción es la parte que viene ahora. Tras repetir la introducción, la música para en seco y se ve de nuevo un plano del río desde las alturas. Pero esta vez, el cielo ya está anaranjado, y Eva y su padre recogen sus cosas para irse. La impresionante imagen visual que crean los dos siguientes versos me sobrecogen cada vez que los escucho. Son de una belleza descriptiva enorme.

Cuando el Sol se hunde y cede el cielo al crepúsculo,
el atardecer cede el río a las luciérnagas.

Fuente: www.civitatis.com
Fuente: www.rplanet.it

Nos colocan en situación: el Sol ya se ha puesto y todo se ha oscurecido. Solo la luz que emiten las luciérnagas nos permite vislumbrar algo. De repente, algo ocurre: unos violines que parecen sacados de una película Disney irrumpen en la escena cargando de tensión el ambiente mientras miles de ojos surgen de entre las sombras de los árboles para contemplar lo que ocurre. Todo está llegando a su fin.

👀 👀 👀 👀 👀 👀 👀
Miles de brillantes ojos lo observaban todo
y ahora estas tan solo… ¿Dónde han ido?
Te han dejado abandonado y malherido.
No quiero mirar, me avergüenzo de lo que han hecho contigo
En el río, las libélulas volaron al exilio.
Hoy el río grita: «Asesinos. ¡Asesinos!». 

El desenlace de la canción no puede ser más contundente.

Tengo que decir que me he emocionado un montón escribiendo este texto. No quiero ni imaginar lo que debe sentir Eva Amaral al cantar esta canción, pero creo que acabo de entender por qué casi nunca la tocan en directo. Ojalá os emocione el 10% de lo que me emociona a mí. Aquí os la dejo para que la disfrutéis.

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