La música en el recinto Guillermo Amor no dejó de sonar en los tres días que duró el festival, ya que en ningún momento existió la posibilidad de degustar el silencio. Más de 70 artistas distribuidos en cuatro escenarios y una trilogía de días hicieron de la música la mejor excusa para viajar hasta Benidorm el último fin de semana de julio.

Viernes: de la aberración de Los Nastys al edén de León Benavente

La banda de Stanich fue la primera en inaugurar el festival en uno de los principales escenarios. Varias actuaciones después, llegó una de las más sobresalientes de esta edición: León Benavente, con su último disco, ascendió hasta el edén la primera jornada. Otros como Belako, Was o Monarchy consiguieron enganchar y disfrutar con su rock electrónico. Dos de las grandes decepciones de la jornada recayeron en Belle and Sebastian, quién para algunos fue uno de esos conciertos en los que podrían haber salido fuera del recinto para cenar y ahorrarse los tres tokens (7.5 euros) que te podría costar una cena de lo más rica en calorías y más pobre en contenido.

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Una aberración denominó una asistente el concierto de Los Nastys, quiénes en el escenario Wiko demostraron como algunas sustancias deberían ser autocontroladas antes de pisar las tablas. Sin poder tenerse en pie y con esa parte al aire, que si lo hace cuando alegres están, se despedían en dudoso estado y forma.

Sábado: Suede y Planetas compartieron gustos y disgustos

Uno de los conciertos más “pogueros” y divertidos que se recordarán esta edición fue el de los gallegos Novedades Carminha. Más tarde levantaron el mismo polvo los jóvenes Bengala en el escenario Jagermusic. Niños Mutantes celebraron su veinte aniversario. Este extenso recorrido fue el que les regaló una de las más notables actuaciones del sábado. Arriba recibió la colaboración de Sean y Jorge, voces de Second y La Habitación Roja, que también actuaron en aquella jornada.

Dos bandas míticas como Los Planetas y Suede dejaron el escenario Budweiser con un lleno hasta los asientos laterales. Los granadinos, una de los principales conjuntos de este festival y país, gustaron y degustaron a partes iguales, debido a un primer y extenso tramo de concierto de lo más relajado.

Tras estas dos actuaciones legendarias, Peaches ofreció una de las grandes sorpresas para muchos lowers. Con dos “conchitas” sobre el escenario, demostró una descarada presencia en el escenario en la que no faltaron ni disfraces, ni bailarines, ni desenfreno. Nadie podría decir que a pesar de los disfraces, fue un “coñazo” de concierto.

Domingo: cierre de festival con sobresaliente recital

El domingo muchos habían tenido que retirarse pero se perdieron, sin duda, el mejor día del festival. Xoel López tuvo la complicada tarea de abrir el escenario Budweiser y aun así lo completó, no sólo por aforo sino por una gran actuación que, como acostumbrado tiene, no defraudó. Vetusta Morla ofreció su último concierto de la gira y tanto los asistentes como la banda lo percibieron. Los madrileños ingresaron en el bolsillo la que podríamos decir que fue LA actuación del festival.

Otros dos de los más generosos conciertos fueron el de Carlos Sadness y Miss Caffeina. Llenazos, karaokes y muchas melodías alegres contagiaron a un público que, a pesar de ser la última jornada, les gratificó un alucinante seguimiento. Tras éstos, The Kooks realizaron uno de los conciertos más pobres y menos enérgicos de todo el festival. La banda londinense era una de las más esperadas de toda la edición, pero defraudaron incluso a su público más fiel.

Las Ruinas abrieron con grandes canciones el escenario que más tarde cerraría Trajano con gran personalidad pero deficiente sonido. Ochoymedio DJs, quiénes procedieron tras Javiera Mena, zanjaron con hitazo tras hitazo esta edición del festival de Benidorm.

Las carteras de los asistentes violadas por los tockens

Hace unos años hicieron bien en retirar el cost del Low en su denominación, de no hacerlo hubieran estafado a todo el jurado. Para muchos los precios fueron abusivos. Pagar medio token por un vaso (1.25€) y que al devolverlo tan solo te dieran 1€, no es nada más que una prueba más de los precios tan descarados que encontramos dentro del recinto. Si pasaron por el recinto más de 75 mil asistentes, como advierten cifras de la organización, y todos y cada uno de ellos realizaran al menos una consumición y devolvieran su vaso, el festival ingresaría por la cara 18750€. Esta cantidad seguramente fuese mínima, ya que muchos de estos asistentes desempolvarían de sus carteras alguna que otra más bebida y vaso. Con este mínimo detalle ya tendría para pagar como mínimo a los 23 djs y bandas que por el escenario Jagermusic pasaron.

El precio de la bebida, como en cualquier otro festival, fue caro, pero el desperdicio pasó por la comida. ¿Desde cuándo media pizza es una porción con una base más fina que las piernas de cualquier músico del festival? Pues sí, esa “media pizza” equivalen 2 token: 5 euros la porción. Un perrito caliente de pequeñas dimensiones 2.5 token el más barato o un bocadillo de ternera tres. Cenar en el Low te salía más caro que el menú de una boda.

Respecto a la organización, pocas colas vimos durante todo el festival y un gran número de baños disponibles por cada punto del recinto, lo que hizo que pudiéramos perdonar, que no olvidar, algunos abusos económicos.

No obstante, pocos sold out se pueden recordar en lo que a eventos de estas categorías se refieren. Este premio si lo alcanzó el Low Festival con una nueva y octava edición en la que, a pesar de algunos de los contras comentados, hubo un sinfín de pros que ofrecieron una buena puntuación al festival. En definitiva, lograr encajar a la perfección las piezas de un recinto tan cuidado, con un cartel extenso y de tal renombre no debe ser tan fácil, pero el Low, una vez más, lo conquistó.

Esta crónica no contiene ninguna fotografía debido a la negativa por parte de la organización del festival a facilitar a Indiescretos un PhotoPass. Por dicho motivo, nuestro medio no pudo desempeñar su labor fotográfica y transmitiros en imágenes lo acontecido en Benidorm.

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