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Iván Ferreiro rompió el primer hielo del Barclaycard Center. El gallego fue el encargado de estrenar el fin de año musical del Palacio madrileño. Tras él Coque Malla, M-Clan, Quique González y Leiva se encargarán de cerrar una semana de excelente gusto musical.

Ferreiro llegaba para presentar Casa, su último álbum. Una casa de grandes proporciones, casi 150 metros cuadrados que equivalen a minutos y a una treintena de temas, entre las cuales se incluyeron todas las habitaciones de su último trabajo.

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“Dioses de la distorsión” fue la encargada de inaugurar el concierto más grande que ha dado hasta el día de hoy Iván Ferreiro. El ex Piratas centró toda la atención de su show en Casa, aunque hubo canciones de todas sus etapas a excepción de Picnic extraterrestre, que continúa siendo el gran acomplejado de toda su discografía. Val Miñor – Madrid, tuvo una gran representación con temas como “El Bosón de Higgs”, “Pájaro azul” o “Cómo conocí a vuestra madre”.

Canciones para el tiempo y la distancia, su obra más sobresaliente, volvió a ser la protagonista secundaria de la noche. “El viaje de Chihiro”, “SPNB” o “Espectáculo” una de las que debería ser imprescindible en cualquier set, volvieron a ver la luz tras desquitarse el polvo.

Con el objetivo fijado en la primera parte del concierto en Casa, destacaron temas como “Casa, ahora vivo aquí” y “El pensamiento circular”, los dos adelantos del disco. Sin embargo, otros más desconocidos dieron un giro al sonido de Iván evolucionando con cortes como “Dies Israe”, “Los restos del amor”, la cual interpretó junto a Martí Perarnaú de Mucho, o “El viaje a Dondenosabidusientan”.

Como viene siendo habitual en sus espectáculos, Ferreiro dejó para el final del show composiciones de Los Piratas como “Años 80”, “Promesas que no valen nada” o “El equilibrio es imposible” para el final del concierto. “El dormilón” y la preciosista pareja de “Diecinueve” de Maga y “Turnedo” zanjaron la noche más grande de Iván.

Una vez más, el Palacio pecó de un sonido muy deficiente, el cual no se sabe si mejoró a lo largo de la noche, o si el oído de los asistentes se acostumbraron a semejante sonido. No obstante, a pesar de las casi dos horas y media de concierto, ni sobró tiempo, ni mucho menos canciones. Sin embargo, si faltó emoción, esa que su literatura rebosa pero que en esta ocasión se esfumó de su interpretación.

Fotografías: Manuel Colomé