Madrid vivía con pantalones cortos hasta el pasado jueves. El verano parecía adelantarse, pero McEnroe quiso retroceder el tiempo y también las temperaturas. Sin un rayo de luz y tras “Last Night I Dreamt that Somebody Loved Me” de The Smiths, Ricardo Lezón comenzó con la canción con la que todo su proyecto se originó. La misma que dio nombre a la banda que formaría como McEnroe, fue la primera en estrenar del setlist.

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“Los valientes”, sin duda uno de los más reconocidos de la banda, se quitó pronto los nevios, junto a otras como “Palmeras y caballos” o “La cara noroeste”. “Planetas” vio la luz tras mucho tiempo, ya que el propio Ricardo la definió como uno de esos temas que le cuesta mucho tocar. Durante todo el desarrollo de los temas, McEnroe explicó el motivo de la elección de los temas, que no era otro que recuperar aquellas viejas historias, quitarles el polvo y volverlas a convertir en historia. Fue por ello por lo que Gonzalo Eizaga, a las cuerdas toda la noche, condujo su principal arma hacia la voz, para, después de diez años, volver a cantar en un escenario “Trajes de Amianto”.

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mcenroeHubo tiempo para colaboraciones, tal y como habían prometido: al escenario del teatro se subieron Abel Hernández, con quien interpretó “Tú Nunca morirás”, Soleá Velez, con “Islandia” y Ramón Rodríguez por partida doble en “La Palma” y “Rugen las flores”. Pero tanto descenso en los termómetros de las butacas pareció trasladarse hasta la cabeza de Ricardo, al que le costó calentar la canción “Otras vidas”, tema que tuvo que repetir hasta cuatro ocasiones, por no recordar la letra. “El alce” y “Vendaval” produjeron los últimos tiritones de la noche antes de los bises.

McEnroeRetiro por cortesía y tradición y volvieron con “La veleta”, “Naoko” y “Las mareas”, tema en el que contó con todos los invitados en el escenario. Tras esta completa interpretación, se encendieron las luces, algunos se despertaron y otros se taparon con todas las capas textiles que tuvieran bajo los asientos o entre sus manos.

McEnroeEl espectáculo ofrecido por Lezón y los suyos, fue un vendaval de aire congelado. Las historias y letras de Ricardo, unas de las, indiscutiblemente, más sobresaliente del panorama actual, dejaron heladas todas las butacas del Teatro Nuevo Apolo. La magia del lugar, el dolor de su voz, y la complejidad de sus historias dieron lugar a moldear sobre hielo los cuerpos de todos los asistentes que allí se posaron.

mcenroe¿Casualidad o causalidad?, pero desde que McEnroe abriera la boca para solidificar las dos horas y pico de cancionero, Madrid vivió una bajada de temperaturas acompañada de fuertes lluvias de las que aún no se ha recuperado. Erizar el vello es bastante factible que suceda en un concierto. Un escalofrío lo tiene casi cualquiera con una buena actuación. Pero, que una voz, no especialmente perspicaz, emocione hasta el punto de congelarte y hacerte temblar durante un par de minutos seguidos…

¿Qué decir en ese y este momento que recuerdo? Si tanto me hirieron sus composiciones que hasta este final me ha dejado bajo cero.

Fotografías: Cris Molina

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