Incluso cuando ves carteles de Taburete promocionando su próximo concierto en Ciudad de México, a uno se le aparece una sonrisa en la cara sin miedo a parecer más patriota que un discurso de Albert Rivera al ver como la música española cruza fronteras y consigue conquistar -de manera más pacífica que hace siglos- a los americanos. México es uno de esos rincones dónde los grupos españoles se rifan por pisar el suelo de algunos de sus principales escenarios. En las últimas semanas grupos como Love of Lesbian, Dorian o Carlos Sadness han pisado sus escenarios con un puñado de boletos vendidos y varios sold outs respaldando sus canciones.

La semana pasada, por partida doble, Nacho Vegas repletó un Teatro Metropolitán con cerca de casi 3 mil asistentes. Lo primero que llama la atención es ver cómo consigue unas cifras insuperables en España. El asturiano, con problemas evidentes para llenar salas de ese calibre en su lugar de origen, logró derribar barreras ante un público que se mostró mucho más agradecido al otro lado del Atlántico.

Muchos atribuyen a Bunbury el éxito innegable de Vegas en México, tras su álbum conjunto El tiempo de las cerezas en 2006. El asturiano supo recoger la gran influencia de Enrique en América y gracias a él se sitúa entre los artistas españoles más prestigiosos en la tierra de los tacos.

Nacho, experto en otro tipo de tacos bañados de elegancia debido a su ausencia de pelos en la lengua, se presentó en un teatro con un cancionero de lo más extenso para escuchar en directo Violética, su último álbum. En su set incluyó temas de su larga carrera, dónde no faltaron algunos como “La Plaza de la Soledá”, “Morir o matar”, “Ideología”, “La pena o la nada”, “Cómo hacer crac” o “La gran broma final”, entre otras.

Como acostumbra a hacer, Nacho volvió a sacar esa capa de súper héroe de las ideologías más izquierdosas y progresistas. Con un puñado de mujeres sobre el escenario de la Asociación Feminista Pan y Rosas, apoyó la lucha por los derechos de colectivos femeninos y trans. “Si tocan a una, no organizamos miles” gritaban. Apoyaban también a los emigrantes que de todo el mundo están llegando a México en busca de oportunidades: “Ningún ser humano es ilegal”, defendían. Toda esta lucha fue respaldada por unas imágenes que mostraban la violencia machista sufrida con el drama sonoro “Crímenes contados”.

Sin duda, este fue el momento más emocionante de todo el concierto en el que Nacho volvió a subirse las mangas para apoyar a aquellos grupos que defiende vaya donde vaya, haciendo uso de su ausencia de populismo y extrema sensibilidad y sentimiento social racional.

Puede que por escenas como estas muchos mexicanos, cuya media de edad podría superar los 40, se vea envuelto en unas historias extremadamente políticas que, a pesar de su mayoría estar basadas en historias sociales de España, podrían ser de uso universal. Finalmente, la crisis social en valores de emigración, machismo, homofobia y machismo que juzga Vegas, son problemas que aun con distintos vocablos se ven escritos en todos los países y traducidos con la misma fortaleza.

Sin embargo, Nacho Vegas nos arañó a aquellos que emigramos al recordar los motivos por los que detestaríamos volver a esas ciudades vampiras que reinan en las noches españolas. También, nos dio algunos motivos por los que empañar los cristales visionarios para echar de menos las raíces y sacar del armario ese patriotismo que nula vez existe. Ante todo, defendamos a Vegas y utilicemos el fosforito para subrayar su nombre como ejemplo de buen español y ciudadano del mundo.