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Dos años después de la publicación de Donde nace el infarto, y después de una gira truncada y mutada a raíz de la pandemia, Pablo Sánchez vuelve con Cinema (El Último Pasillo, 2022), el segundo álbum de Ciudad Jara y su obra más personal y atrevida hasta la fecha. La calidad letrística y musical a la que ya nos tiene acostumbrados impregna de nuevo una obra que, además, viene acompañada de sendos videoclips dignos de visualización que hacen honor al título del disco.

Hoy pude volver a hablar con Pablo Sánchez para destripar y conocer un poco más en profundidad este nuevo trabajo con el que volverán a rodar por toda España a partir de abril. Y, al igual que en aquella primera entrevista, charlamos largo y tendido sobre el significado de las letras, que tanto juego dan siempre. Pasen y lean.

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Aunque Cinema se trata del segundo disco de Ciudad Jara, he visto que lo consideras como si fuese el primero. ¿A qué se debe esto?

Bueno, sí, es como una manera de decir que por fin estoy haciéndolo sin ningún tipo de atadura, sobre todo compositivamente. Porque, aunque no quisiera, el primer disco de Ciudad Jara tenía algo aún que sugería a La Raíz, porque eran mis raíces, de donde yo venía, y estaba atado a ese tipo de composición. Pero ahora por fin me he atrevido a hacer otras cosas; quizás por eso decimos que es el primero de Ciudad Jara, porque es el primero que es mío del todo, más auténtico. 

¿O sea que el anterior disco fue como una especie de transición desde La Raíz hacia Ciudad Jara?

Sí, totalmente.

¿Y de dónde surge toda esta idea de darle el título de Cinema y relacionar toda la estilística que envuelve al disco con el cine?

Mi familia tenía un cine en el pueblo de Redován que era el único que había en toda la comarca de la Vega Baja. Yo no lo llegué a conocer porque, cuando tenía cuatro años, el cine se quemó, pero cada vez que iba al pueblo desde Gandía dormíamos en la casa del cine. Entonces siempre he tenido una especie de relación romántica con él, y era una manera de hacerle un homenaje, simplemente. No es que el disco tenga mucho que ver con el cine, ni siquiera con ese, pero como título me gustaba. Y bueno, también las canciones para mí son como una especie de guion de la película completa, que es el disco al final.

En la canción «Foto con melena» mencionas ese cine y un montón de recuerdos tuyos que, si no me equivoco, sirven como un pequeño homenaje a tu madre, ¿no es así?

Sí, es una canción dedicada a mi madre. Era como un deber que tenía desde hace mucho tiempo, escribir una canción para ella. En el anterior disco hice una canción para mi hija y ahora he hecho una para mi madre. Soy una persona muy familiar, me gusta mucho estar aquí, cerca de mis padres. Mi madre ha sido profesora de literatura, es una persona muy envuelta en la cultura que me ha enseñado mucho y es un pilar en mi vida, a todos los niveles, no solo emocionalmente sino también artísticamente. 

Esta canción fue una de las que menos me gustaron la primera vez que escuché el disco, pero ahora es una de las que más me llegan. Por la musicalidad que tiene y la letra, escucharla es como mirar una foto antigua de estas que ya amarillean, me parece muy visual.

Sí, sí, pues así es. Es una foto real que está en mi casa y es así, vetusta.

En tu evolución desde La Raíz hasta este segundo álbum de Ciudad Jara se observa una clara despolitización de las letras. Ahora ponen voz a historias más personales, que paradójicamente son las más transversales. ¿Ese cambio ha surgido de forma natural o ha sido premeditado?

Natural totalmente. De hecho, en el último disco de La Raíz ya hice un par de canciones («El mercurio» y «De piedra tu cuerpo») que tenían un toque muy personal. Al final las adaptabas a La Raíz, pero podría haberlas hecho perfectamente con Ciudad Jara. Quiero decir que desde hace tiempo yo ya iba componiendo canciones más personales, y realmente es lo que me nace ahora. Ya no me sale componer como componía cuando tenía 25 años, es normal, es una evolución natural. Así que sí, estoy despolitizado totalmente, por lo menos a nivel musical.

Y, ya que estamos hablando de letras, me gustaría preguntarte por «Cuzco», una canción cuya letra está inspirada en el Ayaymama, que no es la canción de Rigoberta Bandini, sino una antigua leyenda peruana. ¿Cómo llegó a tus oídos esta historia y por qué decidiste hacerle una canción?

Estuve en Cuzco hace unos seis años con mi pareja y nos contaron esta historia en un tour que hicimos por allí. Me pareció súper bonita. Cuando llegó la epidemia del coronavirus —que fue cuando la compuse—, me acordé de esta historia porque yo acababa de tener una hija y llegó el virus, y en la historia del Ayaymama pasa algo así. Llega una epidemia a Cuzco y la madre se lleva a sus hijos a la selva para que no se contagien. Entonces me acordé de esta historia y me pareció bonito hacer ese paralelismo.

¿Cómo llevas lo de compatibilizar el trabajo de músico con la paternidad?

Nosotros los músicos tenemos suerte porque trabajamos el fin de semana y entre semana estamos en casa, así que puedo disfrutar mucho de ella. Y en la pandemia disfruté mucho también, porque claro, no podíamos ir a ningún lado. Entonces de momento lo he compatibilizado bien y no me he perdido mucho de la crianza de mi hija. Ahora, cuando empiece otra vez a rodar, ya veremos. Pero bueno, Ciudad Jara es un grupo que tampoco se va a poner a hacer ochenta conciertos, no estamos en esas edades ni con esa energía. En el grupo hay más gente que tiene hijos y todos queremos disfrutar de ambas cosas, así que yo creo que vamos a poder llevarlo bien.

En «Si tú me pidieras» hay una frase en la que dices: «No hay peor vicio que el de no besar los pasos de Alicia». ¿Se trata de una pequeña referencia a Silvio Rodríguez por aquello de «ojalá que la tierra no te bese los pasos» o es simple casualidad?

No, no, es casualidad absoluta [risas]. La canción habla de Alicia en el País de las Maravillas, pero realmente es una alegoría; aunque le esté cantando ella, es una manera de cantarle a mi “yo” joven, al niño que era yo. Tengo ganas de volver a sentir esas cosas a veces, ese desenfado, el atrevimiento, las aventuras…

¿De qué habla «Adiós»? Es una canción de esas que te transmite mucho pero no llegas a saber muy por qué, porque no entiendes la letra…

Ya, es una canción un poco compleja. Por un lado, hablo de la extraidealización que a veces hace la gente de sus ídolos. Yo, como cantante, a veces siento muchísima presión y siento que estoy en deuda con ese seguidor que te pide cosas. Hago un paralelismo con un dios eventual de una fe religiosa, con la responsabilidad que también sentiría hacia la gente que tiene fe ciega en él, y yo como un dios musical para alguna gente que me extraidealiza. Ninguno de los dos sabría cómo actuar: ni yo para salvar al fan, ni un dios para salvar a la humanidad.

Para terminar, te quería preguntar: si aquel cine que salió ardiendo pudiese volver a abrir sus puertas solamente por un día, ¿qué película te gustaría ver en él?

[Pensativo] Pues no sé, seguramente alguna que haya visto con mi padre de pequeño, como La parada de los monstruos. Es una película muy freak, siempre me la ponía mi padre y tengo ese recuerdo ligado a él. Y, por decirte alguna otra, también elegiría El maquinista de la general.

Muchas gracias por la entrevista y mucha suerte con la salida del nuevo disco. Ha sido un placer, como siempre.

Gracias a ti.

Entrevista hecha por Néstor Hernández Alonso para Indiescretos.

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